Lecturas para un “descanso” hospitalario

Me regalaron “El Ocho” de Katherine Neville, 1988, best-seller al estilo del “Código da Vinci,” pero enmarcado en el terror de Robespierre de 1792 y en el “terror” de la crisis del petróleo de 1973, usando como excusa un supuesto Ajedrez de Montglane de “corte” similar al famoso Grial. Una informática de éxito y una novicia guian la historia en la que aparecen gran número de personajes históricos. La novela se lee fácil. Ideal para el verano.

Sin embargo, recuerda mucho a un guión de Hollywood, con personajes históricos “interpretados” por actores “americanos,” nada creíbles desde un punto de vista riguroso. Conversaciones que hoy en día nos parecen “normales,” pero que difícilmente se pudieran dar a finales antes del s. XIX. La novela es ideal para un guión de cine y como lectura de avión transoceánico o de internamiento hospitalario. Por cierto, como es costumbre en las novelas anglosajonas, y muy poco habitual en las españolas, aparecen personajes científicos famosos, como Einstein, Newton, Euler, Fibonacci, … y músicos como J. S. Bach.

Para partidas de ajedrez me quedo con las de Charles L. Dogdson [uno entre muchos].

También he leído algo un poco más “disfrutón,” la segunda edición del libro de Francisco Mora, “El reloj de la sabiduría. Tiempos y espacios en el cerebro humano.” Gran divulgador, con numerosos libros sobre ”su” tema: el cerebro y la neurocomputación. La idea es sencilla, la mente es un resultado emergente de la dinámica temporal de la compleja red de neuronas de nuestro cerebro. Mora se refiere al concepto de dinámica como “reloj” rehuyendo palabros más técnicos. El nuevo capítulo añadido es poca aportación para una segunda edición y se podría haber aprovechado mejor la ocasión. Por ejemplo, hay tantas faltas ortográficas y sintácticas que da la sensación que Mora ha escrito el libro en inglés y alguien lo ha traducido (lo que realmente “da pena”). Mora no parece científico, con comentarios como leer 10 elevado a 12 como 100.000 millones (número de neuronas), cuando es un billón, o 10 elevado a 15 como un millón de billones (aclarando, un trillón), por el número de sinapsis.

Como es costumbre en muchos libros de Alianza Editorial escritos por autores españoles, las figuras brillan por su ausencia. La mayor parte del libro habla de áreas del cerebro mencionando sus números de denominación, debiendo uno recurrir a Internet para ver dónde se encuentran exactamente.

Las ideas sobre espiritualidad, religión y cerebro, sin mencionar nunca la palabra “alma,” que expone el autor son bastante discutibles, aunque estoy de acuerdo con él en que no hay nada más que la propia maquinaria neuronal.

La pena, que un autor que reclama la unión de ciencia y humanismo, al menos en neurociencias, tenga que pasar de nuevo por la Educación Básica a la hora de escribir un libro (que a veces parece un blog en lugar de un libro).

Finalmente, he de mencionar que he leído prensa diaria y ciertas revistas de divulgación científica para mantener la mente “despierta” durante “mi retiro”.

1 Comentario

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JoseJose

Hola.
Le recuerdo que los americanos denominan la cifra 100.000.000.000 (100 mil millones) como un billón.

Únalo al hecho de que el libro ha sido traducido del inglés al español y puede que de ahí haya surgido el error.

Saludos

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