Las computadoras de Harvard (o el harén “astronómico” de Pickering)

Interesante artículo el de Sue Nelson, “The Harvard computers,” Nature 455, 36-37 ( 4 September 2008 ), sobre la época en la que las computadoras no eran máquinas sino mujeres. La foto, tomada en el Observatorio Harvard en Cambridge, Massachusetts, cerca de 1890, muestra 8 mujeres vistiendo trajes de estilo victoriano que están calculando, son “computadoras humanas” (término usado desde principios de los 1700s), miembros del así llamado “harén de Pickering”. Estas mujeres están analizando fotografías del firmamento, catalogando estrellas.

Desde que se acoplaron cámaras fotográficas a los telescopios fue necesario el uso de personas que catalogaran y clasificaran la infinidad de datos que se obtenían. Un trabajo repetitivo que requería medir el brillo, la posición y el color de cada estrella en la placa fotográfica. Desde los 1880s hasta los 1940s, el Observatorio Harvard amasó medio millón de placas de cristal fotográfico, unas 300 toneladas de material que contenían la foto de unos 10 millones de estrellas. Un equipo de mujeres se encargaba de analizar estas fotografías, muchas veces por un sueldo ínfimo (los computadores eran mujeres porque el salario de éstas era más bajo que el salario de los hombres) y sin formación científica alguna (salvo raras excepciones). Bueno, seamos rigurosos, William Elkin, director del Yale Observatory, en 1901 afirmó que “prefería contratar mujeres como computadoras, no sólo porque aceptaban un salario más bajo, también eran más adecuadas para el trabajo rutinario ya que tenían más paciencia.”

Edward Pickering, director del Harvard College Observatory desde 1877 hasta 1919, utilizó a muchas mujeres muy inteligentes en su trabajo de computadoras que condujeron a importantes descubrimientos científicos. Por ejemplo, Williamina Fleming, que en 1881, con 24 años, entró a formar parte de la plantilla de Harvard, desarrolló junto con Pickering un sistema de clasificación de los tipos estelares basado en la intensidad de sus líneas espectrales del hidrógeno aún en uso, que fue clave en la identificación de las estrellas enanas blancas. Se estima que Fleming examinó unas 200.000 placas fotográficas durante toda su vida.

Annie Jump Cannon, también miembro del harén de Pickering, capaz de medir el color y clasificar hasta 300 estrellas por hora, con un récord de 300.000 en toda su vida, fue quien desarrolló la clasificación de las estrellas en tipos O, B, A, F, G, K, y M, que aún se utiliza. Henrietta Swan Leavitt, investigadora en el grupo de Pickering, estudió las estrellas de brillo variable (ceféidas) y descubrió la relación entre sus periodos y su brillo intrínseco, clave para medir distancias astronómicas y fundamental para el descubrimiento de la expansión del universo por Edwin Hubble.

Los computadores digitales sustituyeron a las computadoras humanas. Es curioso, pero en 2006, la Planetary Society y la University of California, Berkeley, lanzaron el proyecto Stardust@Home (web). Retomando “viejos tiempos”, voluntarios sin formación científica previa fueron entrenados mediante tutoriales online para escanear fotos de aerogel en sus pantallas de ordenador y encontrar posibles rastros de polvo interestelar (no existe programa de ordenador que lo haga también como la vista de una persona). En la primera fase del proyecto 23.000 voluntarios buscaron cerca de 40 millones de imágenes. Sin su ayuda, el equipo investigador hubiera necesitado más de 20 años de trabajo. El proyecto Stardust inspiró al proyecto Galaxy Zoo en 2007, que usa voluntarios para clasificar galaxias espirales y elípticas a partir de imágenes del Sloan Digital Sky Survey. En 6 meses los voluntarios identificaron más de 500 galaxias solapadas (sólo se conocían 20 casos). Las imágenes son espectaculares.

Si te interesa formar parte de estos proyectos, aún estás a tiempo, serás uno de los herederos del harén de Pickering.


2 Comentarios

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Vicenta Serrano GilVicenta Serrano Gil

¿No cesaremos de sorprendernos sobre la historia de la mujer en la Ciencia? Esta información me ha parecido fascinante por lo sorprendente y también por comprobar que nos interrogamos escasamente sobre el fondo de las cosas, y en particular, en lo que atañe a los avances científicos sobre quienes sustentan el esfuerzo. Como estas preguntas no se hacen, las mujeres no aparecen.
Hemos de acompañar el avance de la ciencia con pasos reflexivos y justos, también en el reconocimiento de sus artífices, hombres y mujeres.
¿Podrían publicar más imágenes o esta misma con mayor resolución?
Gracias y un saludo
Vicenta Serrano Gil

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