Cuando una hoja cae, algo pasa volando…

Os recomiendo los poemas de Magdalena Salamanca Gallego y en particular el primero ”Cuando una hoja cae, algo pasa volando.” ¿Cómo cae una hoja de un árbol? La física de la caída de una hoja de papel fue estudiada por Yoshihiro Tanabe y Kunihiko Kaneko en “Behavior of a Falling Paper,” Physical Review Letters 73: 1372–1375 (1994) [versión gratis], que descubrieron cinco posibles comportamientos, dos de ellos caóticos. El artículo ha sido muy citado y presenta un modelo muy sencillo que merece la pena utilizar como ilustración en un curso de dinámica no lineal y caos. Este artículo también nos ilustra uno de los grandes defectos/problemas de los investigadores modernos. No leen. No estudian el pasado. Tanabe y Kaneko omitieron entre sus referencias muchos estudios previos sobre el mismo tema, como los de Maxwell en 1854 y los de Kelvin y Kirchhoff en los 1870s. Lo bueno de la ciencia es que siempre alguien se da cuenta (L. Mahadevan, H. Aref, y S. W. Jones, “Comment on “Behavior of a Falling Paper”,” Phys. Rev. Lett. 75: 1420–1420 (1995)). Lo malo de la ciencia es que no siempre se publican este tipo de comentarios. ¿A qué viene todo esto? Acabo de leer el artículo Pedram Razavi, “On the Motion of Falling Leaves,” ArXiv, Submitted on 11 Jul 2010. Razavi se cura en salud y no comete el mismo error que Tanabe y Kaneko. Presenta referencias sobre la caída de los cuerpos que se remontan a Newton. Su objetivo es verificar los modelos teóricos anteriores utilizando experimentos. Y sus experimentos confirman muy bien la teoría presentada por Tanabe y Kaneko. Así que si usáis su artículo en un curso de dinámica no lineal, no olvidéis presentar también los resultados experimentales que lo confirman obtenidos por Razavi. También podríais pedirle a vuestros alumnos que repitieran los experimentos (grabados con webcam y analizados por ordenador pueden ser un proyecto fin de carrera o una tesina realmente reconfortantes).

Hoy en día los profesores universitarios estamos demasiado obsesionados con publicar y nos olvidamos de que nuestra labor requiere jugar y divertirse, que nuestra labor como formadores de futuros investigadores requiere que logremos que nuestros alumnos jueguen y se diviertan. Los buenos investigadores son como niños.

Como nos dice Jose Luis Castillo, “La verdadera divulgación… ¿aún lejos?,” Amazings.es, 31 de Julio, 2010: “Un científico o científica tiene incentivos para desarrollar su carrera. Lograr proyectos de investigación, formar jóvenes investigadores, lograr financiación, conseguir admisión de patentes… Y, por supuesto, publicar. Nada es ciencia hasta que no esté publicado. Y no en cualquier sitio, sino en revistas al efecto, no dirigidas a la población general sino a aquellos que trabajan en el mismo campo. Revistas con un filtro previo; en las que otros científicos leen, corrigen, juzgan y finalmente admiten el trabajo de sus compañeros y compañeras de profesión (lo que se llama revisión por pares o peer-review). [... Los científicos] no reciben ningún mérito por divulgar a la población general. A pesar de que no es fácil traducir una investigación a lenguaje asequible, hacerla llegar a través de un medio adecuado, convertirlo en un hábito… Además, muchos investigadores no creen que sea necesario, o ni siquiera se han planteado la necesidad de hacerlo, o directamente piensan que no es posible. [... Se] precisa rediseñar los méritos que un científico pueda adquirir, de modo que sea normal pensar cómo contar a la gente (claro, breve, sencillo) lo escrito en artículo para una revista.” El comentario de Sergio L. Palacios también merece la pena: “La investigación está premiada, incentivada mediante la publicación de resultados en revistas que se caracterizan por su factor de impacto. A mayor factor de impacto, mayor prestigio para la publicación y para sus autores. Si, además, el investigador trabaja en la universidad entonces puede acceder con esos méritos a los consabidos “sexenios” o tramos de investigación que se conceden por períodos de seis años permitiéndole incrementar (eso sí, de forma bastante modesta) sus ingresos. [...] Yo creo que si en la universidad, que es donde yo trabajo, se crearan unos “sexenios” de divulgación (o similar) la cosa podría tender a invertir la tendencia. Al poder hacer méritos y que éstos sean remunerados equivalentemente a los méritos de investigación, los científicos podrían decidirse a descender de su poltrona hasta el nivel de la sociedad que, al fin y al cabo, es la que paga nuestros trabajos y tiene derecho a exigir que les comuniquemos debidamente los resultados obtenidos.

Really amazing!

2 Comentarios

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tu anciana abuela

http://www.ijdb.ehu.es/arechaga.htm

http://www.javierleiva.info/entrevis...s-espanolas

http://www.javierleiva.info/entrevis...s-espanolas

Aprovecho, aunque no venga muy a cuento, para enviar ese enlace. Juan Aréchaga. Editor de una revista científica española, http://www.ijdb.ehu.es/web/, introducida en las bibliotecas de muchas universidades extranjeras, se queja en una entrevista del papanatismo de científicos y políticos españoles.

De los primeros porque, curiosamente, muchas universidades españolas no tienen cabida en sus bibliotecas para esta revista, y de los segundos porque tuvieron el cuajo de dar el Príncipe de Asturias a Science y Nature, olvidándose de la buena literatura científica española.

Antonio Alfonso FausAntonio Alfonso Faus

Yo tambien quiero decir algo. Como científico, sobretodo al cabo de muchos años, me he dado cuenta de la importancia de la divulgación, y el derecho que tiene la sociedad en general a tenerla, y llevo varios años intentando hacerlo. Mientras que es cierto que lo he conseguido en algunos casos, sin embargo observo que sólo he tenido, digamos, un 10% de éxito. En la mayoria de las ocasiones he constatado un desinterés bastante generalizado en los medios de comunicación españoles, cuando se trata de científicos españoles. En particular se puede constatar que muchos de nuestros programas divulgativos están basados en trabajos de científicos de otros paises. El ejemplo lo tenemos claro en las entrevistas: programas muy populares de divulgacón ofrecen una información que me parece verdaderamente muy bien hecha, y muy interesante. Pero la selección de participantes, científicos españoles, es nula o casi nula. Se observa también el caso de los premios oficiales, en general, donde una vez más se ve el sesgo a la hora de elegir a los premiados: La mayoría de las veces no son españoles. Puede que alguien piense que así se nos “impulsa”, “estimula”, pero yo creo que más bien nos produce frustración.

La verdad es que, a mi me parece, que es más dificil que nuestros medios de comunicación más populares se interesen por un tema o trabajo hecho por investigadores españoles, que lo que nos cuesta el que revistas como Nature o Science nos publiquen algo. Aunque estas revistas tienen una tendencia muy fuerte a dar preferencia a trabajos realizados por científicos muy conocidos a nivel internacional. Y a veces estos trabajos no son precisamente de mucha calidad.

Con todos mis respetos, creo que la pelota está sobretodo en nuestros profesionales de la información.

Antonio Alfonso-Faus

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