Reseña: “Bacterias, bichos y otros amigos” de David G. Jara

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“Una obra que habla de microbios pero no como un fin en sí mismo, sino como estrategia que nos permita acercarnos a muchos de los descubrimientos que la ciencia nos está desvelando. [En] ocho capítulos que abarcan muchas de las importantes funciones en las que están implicados los microbios, pero manteniendo cada uno de ellos su propia identidad”.

Con mucho sentido de humor, ironía y una pluma fresca, David G. Jara (@Davidgjara) vuelve a sorprendernos y embaucarnos con su segundo libro “Bacterias, bichos y otros amigos. Descubre a nuestros aliados microscópicos”, Ariel (2016) [291 pp.], incluso mejor que “El encantador de saltamontes” (reseña en este blog). Me ha gustado mucho y me lo ha pasado muy bien con las notas de tinte autobiográfico, las anécdotas y las curiosidades que decoran este libro de ciencia, que rebosa ciencia de la buena.

Sin lugar a dudas, David González Jara va camino de convertirse en uno de los grandes divulgadores contemporáneos en español.

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Tras el prólogo, el libro tiene ocho capítulos, una bibliografía recomendada y algunas notas. Todos los capítulos se inician con una ilustración de J. Mauricio Restrepo y está decorado con buenas ilustraciones, aunque de pequeño tamaño, de Elena González Sánchez. La edición está muy cuidada, lo que se agradece muchísimo.

El capítulo 1, “Nuestras amigas las bacterias” [pp. 13-40], se inicia con “No sé lo que nos está pasando, y tampoco si se trata de un proceso evolutivo normal que sufren todas las sociedades ricas, aburridas y despreocupadas. [La] tendencia, innata o adquirida, a focalizar morbosamente la atención sobre los aspectos más negativos condiciona de forma definitiva la manera que tenemos de ver este maravilloso mundo, y esa percepción radicalmente sesgada nos hace ser tremendamente injustos. [De] modo que quedarnos exclusivamente con la idea de que las bacterias son unos organismos perniciosos enemigos de nuestra especie no es solamente algo injusto sino tremendamente irreal”.

Este capítulo nos habla de la biorremediación, el uso de “microorganismos limpiadores [que] se encuentran viviendo y proliferado en el medio contaminado”. Como “la bacteria Magnetospirillum magneticum [que] posee el mismo poder que el gran Magneto pero, a diferencia de este villano imaginario, el microbio no utiliza su don para luchar contra los humanos sino para ayudarlos, para colaborar con ellos en la recogida de una especial y peligrosa «basura» llamada teluro [que] se utiliza como material para elaborar paneles fotovoltaicos, discos ópticos (CD y DVD), …”

Dibujo20160423 Helicobacter pylori microbewiki kenyon edu

También nos habla de la bacteria Helicobacter pylori, cuya historia “constituye un buen ejemplo de lo difícil que es otorgar el diploma de microorganismo bueno o microorganismo malo a cualquier bacteria”. H. pylori “posee la habilidad para sintetizar un compuesto de característico y desagradable olor, el amoníaco, que neutraliza la acidez”. Pero en “el tejido que recubre el estómago desencadena la inflamación” que puede acabar en “cáncer de estómago. Esta observación llevó directamente a los investigadores a conseguir en el año 2005 el Premio Nobel de Medicina, y a la bacteria que descubrieron en nuestras tripas a formar parte del amplio catálogo de sustancias carcinógenas”.

Finaliza el primer capítulo con “LUCA, soy tu madre”, que “del mismo modo que a Luke Skywalker no le quedó más remedio que reconocer como padre a su peor enemigo, nosotros no tenemos otra opción que asumir que una simplona bacteria ancestral fue nuestra madre”. Que David G. Jara aprovecha para hablarnos de las mitocondrias y de El amante parásito (Rickettsia prowazekii).

“El maravilloso mundo de las heces” [pp. 41-76], el capítulo 2, se inicia con una confesión: “Reconozco que en todo lo referente al arte contemporáneo soy más que un auténtico inculto, un cateto de categoría superior.” Por supuesto, dado el título, acaba hablando de “Transplantes de… ¡caca!” y de bacterias como Clostridium botulinum y Clostridium difficile. “¡Cuánto daño han causado las películas americanas! [Ni] el virus del Ébola tiene la cara del feo de los hermanos Calatrava, ni las bacterias beneficiosas de nuestra flora intestinal el rostro de Charlize Theron. ¿De qué manera nuestro organismo es capaz de diferenciar la bacteria buena de la bacteria mala?”

Dibujo20160423 Diarrhoea Lactobacillus reuteri reduces nature com

“En un reciente estudio [se] observó que los ratones a los que se suministraron grandes cantidades de una bacteria naturalmente presente en el yogur, Lactobacillus reuteri, se transformaban en superratones con unos testículos un 5% más grandes y pesados que los de sus compañeros [y] mayor fertilidad”. No es la razón por la que “la moda de los alimentos funcionales ha llegado a todas las casas”, pero no hay que olvidar que “esta moda no constituye algo para nada novedoso en el reino animal”. Por supuesto, David se refiere a “la cecotrofita” de los conejos que “ingieren su propia dosis de probióticos y prebióticos cada mañana, [como] ¡hermosas y redondas caquitas!”

El capítulo 3, “Domesticando microorganismos” [pp. 77-112], nos cuenta una curiosa historia sobre ratas de Gambia para localizar explosivos y diagnosticar enfermedades, que nos lleva al uso de Bacillus subtilis para detectar una enfermedad humana. Tras ella la historia de amor en las profundidades entre el calamar hawaiano y la bacteria Vibrio fischeri. Porque el libro de David está repleto de historias curiosas. “MicroRobocop”, “Bacterias fantasma” y “Granjas de bacterias” son los títulos de las historias sobre bacterias domesticadas que nos presenta. “La domesticación de los microorganismos abre a nuestra especie un nuevo mundo lleno de posibilidades”.

“Con las manos en la masa” [pp. 113-148], el capítulo 4, nos habla de levaduras y comienza con la moda de lo natural: “El vino, la cerveza o el pan son alimentos que algunas personas no dudan en catalogar como productos naturales no procesados; sin embargo, todos proceden de una materia prima original que es transformada, o ¡procesada!, por la acción de la química que manejan los microorganismos”. En especial, la levadura Saccharomyces cerevisiae, “que pertenece al reino de los hongos”.

“¡Estas bacterias son la leche!” discute la intolerancia a la lactosa y “Aditivos bacterianos” los antioxidantes E300 y E392, el conservante E260, el acidulante E330 y el estabilizante E574, es decir, la vitamina C, el extracto de romero, el vinagre, el ácido cítrico y el ácido glucónico. Finaliza rotundo: “Es muy probable que todos los argumentos que se han expuesto no lograsen modificar ni un ápice la postura de muchos quimiofóbicos que continuarán viendo en la química al enemigo de lo natural, cuando, lo queramos o no, todo en este universo no deja de ser química”.

Dibujo20160423 Penicillium chrysogenum also known as Penicillium notatum wikipedia commons

El capítulo 5, “La guerra de los mundos” [pp. 149-178], nos presenta “la primera vez que los mutantes fueron utilizados dentro del contexto de una guerra; y no estamos hablando de Magneto, Lobezno ni de ninguno de los X-Men, ¡pedazo de friqui!, sino de cepas de Penicillium notatum que, mediante la energética acción de los rayos X, [se] transforman en hongos mutantes, capaces de producir ingentes cantidades de penicilina”. La producción de antibióticos es la protagonista de “Superbacterias”, “El arte de la guerra… contra las bacterias” y “Bacterias versus gusanos”; esta última sección nos habla del Premio Nobel de Medicina en 2015 a William Campbell.

“La nueva revolución industrial” [pp. 179-208], el capítulo 6, se inicia con la bacteria Gluconacetobacter xylinum “capaz de sintetizar grandes cantidades de celulosa. [La] celulosa que fabrican las bacterias, aun siendo químicamente idéntica, presenta importantes diferencias con la celulosa vegetal [que] la postulan como fantástica materia prima para múltiples y diferentes fines industriales”. Porque las bacterias son obreros cualificados y nos ayudan a fabricar sustancias como la talidomida mediante la síntesis de Reichstein. Y sustancias como las epotilonas, “con enorme actividad antifúngica”, y la toxina botulínica, “más familiar bajo el seudónimo de botox”.

Dibujo20160423 Wolbachia Wikipedia commons

El capítulo 7, “Nuestras aliadas las bacterias” [pp. 209-238], recuerda que “si de lo que se trata es de buscar entre todos los seres vivos de este planeta un bando aliado en el que abunden organismos que nos presten sus servicios ese es, sin duda, el reino de las bacterias”. Los “insecticidas a base de bacterias” nos habla de las δ-endotoxinas o proteínas Cry, “las bacterias que no amaban a los varones” de la bacteria Wolbachia, “las bacterias y la investigación criminal” de la técnica llamada reacción en cadena de la polimerasa o PCR que ha revolucionado la biología (y las series de televisión como CSI de la CBS).

“El futuro y las bacterias” [pp. 239-265], el octavo y último capítulo, nos aclara que “tratar de prever cómo evolucionará el futuro de nuestra sociedad no deja de ser una tarea más propia de adivinos [que] de científicos. No obstante, en este último capítulo voy a tratar de esbozar someramente algunas de las posibles vías futuras en las que pueden verse inmersas nuestras amigas las bacterias”. El bacteriófago λ protagoniza “Espías microscópicos”, la geotecnología microbina “Profesiones con futuro” y las vacunas contra el cáncer “Deseos para el futuro”.

Tras una extensa “Bibliografía recomendada” [pp. 267-287], finaliza el libro con unas breves “Notas” [pp. 289-291]. Un libro fresco, divertido, que se disfruta desde la primera página. David Jara nos acerca con mucho humor y cierta ironía muchos descubrimientos recientes sobre los microbios. Un libro para deleitarse aprendiendo. Si te atreves, hoy que es el Día del Libro, qué los disfrutes, ¡no te arrepentirás!

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¿Porque las bacterias no han evolucionado hacia formas de vida más complejas en 4000 millones de años de evolución? Nick Lane en su impresionante libro “La cuestión vital” llega a conclusiones increíbles planteando esta y otras cuestiones fundamentales. Según las hipótesis más modernas sobre el origen de la vida existe una enorme barrera de energía (energía por gen) entre la energía necesaria para hacer funcionar una bacteria y hacer funcionar una célula eucariota. Esto impide que las bacterias puedan aumentar su volumen y el tamaño de su genoma. Sin embargo, hace unos 2000 millones de años ocurrió un suceso extraordinario: una bacteria se introdujo dentro de un arqueo (célula procariota sin núcleo ni casi orgánulos) y consiguió iniciar una relación de endosimbiosis. Entonces se produjo un intercambio de genes (intrones) entre los dos, la mayoría de los genes de la bacteria migraron al arqueo. Muchos restos de genes quedaron en el citosol, alrededor de ellos se formó de forma natural una membrana lipídica: el núcleo celular. La bacteria formaría las mitocondrias (los centros de energía de la célula) que junto con el aumento del tamaño del genoma rompió la “barrera de energía”: el “milagro” de la vida compleja había surgido de forma natural. Si esto es cierto, somos descendientes no de 1 sino de 2 bacterias (bacteria+arqueo). Lamentablemente esto tiene implicaciones casi fatales para los buscadores de vida extraterrestre: cualquier forma de vida extraterrestre es probablemente bacteriana ya que las endosimbiosis entre bacterias son muy muy raras. Los primeros organismos complejos eran parecidos a las esponjas filtradoras y eran casi inmortales: la linea germinal estaba repartida por todo el organismo y podía dividirse indefinidamente, sin embargo, cuando aperecieron nuevos tejidos la selección natural favoreció (para reducir la varianza de mutaciones mitocondriales) fabricar un gameto grande con muchas mitocondrias y uno pequeño que no ceda mitocondrias. Además favoreció el secuestro de la linea germinal dentro un “cuerpo mortal”: el envejecimiento y la muerte de nuestro cuerpo es el precio que hay que pagar por ser organismos complejos. Otro problema es la degradación de nuestros genes mitocondriales: estos están sometidos a una tasa de mutaciones debido a la oxidación cientos de veces superior a la de los genes nucleares, estas mutaciones causan enfermedades genéticas mortales (las mitocondrias de los óvulos están “apagadas” por esta razón). Esta degradación junto a la del cromosoma Y de los hombres podría extinguir nuestra especie como ya ha pasado en muchas otras… ¿podrá la ciencia evitarlo en un futuro? Una vez más el conocimiento de unos pocos podrá salvar a millones de personas ignorantes. ¿Alguien sigue pensando que no hay que invertir en ciencia?

PlanskyPlansky

La selección natural cooperativa ya no sería tan selectiva, el darwinismo ya probo la competencia de los organismos por sobrevivir, las bacterias no envejecen pero mueren y el pasaje de colonias de eukariotas a medusas pluricelulares cooperando nadie lo sabe explicar. Pero hay una máquina de Turing en la vida y los genes responden a algoritmos evolutivos codificando. Entonces la vida fue fabricada con teleología.

PlanakyPlanaky

y aunque bacterias hidrotermales no sabemos, no hay cnidarios en Europa, ni en Ganimedes, ni en Encelado ni en Titán. Resultará en búsqueda infructuosa, pero podríamos mandar retroviridae y esperar millones de años a ver que pasa y como todo evoluciona en ambiente hostil.

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