Reseña: “Comer cerezas con los ojos cerrados” de Pere Estupinyà

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“Yo concibo la ciencia como nuestro verdadero sexto sentido, un sentido creado por la cultura que permite al cerebro interpretar información externa llegada a través de experimentos. [Una] especie de órgano sensorial externo y colectivo que permite ampliar nuestra visión de la realidad, superar nuestras limitaciones de espacio y de tiempo y descubrir mundos que nunca percibiríamos con el resto de nuestros limitados sentidos. [Me] encantaría que [este libro] te incitara a abrir de verdad tu mente a la ciencia; que te impregnaras no sólo de sus conocimientos, sino también de su manera de pensar”.

Quizás sea el sex appeal de Pere, que tiende a robar cerebros de mujeres, pero destaca en su nuevo libro la gran cantidad de ciencia realizada por mujeres que presenta. O quizás se trata de la visión comercial del autor que busca atraer con ello al público femenino. Pero pocos libros de divulgación científica están tan decorados de nombres de mujer como el nuevo libro de Pere Estupinyà, “El ladrón de cerebros. Comer cerezas con los ojos cerrados”, Debate (2016), [333 pp.]. Un libro que me ha gustado mucho, por muchas cosas, pero sobre todo porque he aprendido mucha ciencia.

La ciencia es una aventura y “Comer cerezas…” es un libro de aventuras. Pere, el “ladrón de cerebros”, cual Robin Hood, le roba conocimiento a los científicos para el disfrute de todos nosotros. Si disfruté mucho con “El ladrón de cerebros. Compartiendo el conocimiento científico de las mentes más brillantes”, Debate (2010) y con “S=EX². La ciencia del sexo”, Debate (2013) [reseña LCMF], he de confesar que también he disfrutado mucho con este nuevo libro. Te lo recomiendo de forma encarecida. Si te atreves a seguir los pasos de Pere en sus aventuras seguro que no te arrepentirás. Y aprenderás mucha ciencia. ¡Adelante, a qué esperas!

Por cierto, Pere nació en Tortosa, provincia de Tarragona, luego su nombre (Pedro en español) se pronuncia “Pere”, en lugar de “Pera”, como se suele pronunciar en el catalán del resto de Cataluña. Aún así, mucho amigos catalanes de Pere le llaman “Pera” y sé que a él no le molesta. Yo debo ser de los pocos que le llaman “Pere” a sabiendas que lo pronuncio en catalán tortosino.

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El libro, tras la “Introducción. El sentido científico” [pp. 13-15], contiene siete partes, cada una formada por varios capítulos breves, totalizando 42 píldoras entre 5 y 12 páginas, un epílogo y unas notas bibliográficas. Gracias a la división en píldoras el libro se lee muy fácil y es el compañero ideal para este verano.

La primera parte, “Nuestro lugar en el universo” [pp. 17-51], es la que menos me ha gustado de todo el libro. Si prefieres prescindir de ella, adelante. Le falta el espíritu aventurero del resto del libro. No parece escrita por el “ladrón de cerebros”. Contiene cuatro píldoras. La primera “Las estrellas en la palma de la mano” [pp. 19-26], que tiene un inicio curioso: “Observa tu mano con atención. ¿De dónde proceden la carne, las uñas, la piel, los nervios o los huesos? Qué pregunta más obvia: de la comida”. Pero tras el inicio acaba con “¿Por qué brillan las estrellas?”. No sé, no me gusta, y la errata “radicación” por “radiación” me hace pensar que se escribió rápido por alguna razón.

La segunda píldora es “¿Estamos solos en el universo?” [pp. 27-31], con curiosidades como que “Tesla escribió: «He sido el primero en escuchar el saludo de un planeta a otro», y dedicó gran parte de su inagotable energía científica a crear un mecanismo de comunicación con los habitantes de Marte. [Sí]; el optimismo es una característica connatural de la ciencia. [A] mí me fascina porque estoy convencido de que, de una manera u otra, llegaré a presenciar el descubrimiento de vida extraterrestre”.

“El origen y la evolución de la vida” [pp. 32-45], la tercera píldora, decorado con una anécdota de la visita de Pere a Galápagos en marzo de 2015, da paso a la cuarta, “Del primer homínido hasta ti” [pp. 46-51], que empieza con: “Es difícil describir la sensación que tuve al entrar en la Cueva del Castillo de Cantabria. [Allí hay] unos enigmáticos círculos de pigmento en forma de código [datados con] 40.800 años, [que] se consideran las pinturas rupestres más antiguas del mundo”.

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La verdad sea dicha, pensaba que Pere me estaba timando al titular su libro como “El ladrón de cerebros” y ser su primera parte tan diferente de su anterior libro. Por fortuna en la segunda parte reaparece el “ladrón” que nos hace disfrutar a todos. Titulada “Neurociencia” [pp. 53-98] está dividida en seis píldoras, a cada cual más sugerente.

“Annalisa me cuenta que un día, de repente, notó que no podía decir lo que pensaba, [aquejada] de una forma de encefalitis autoinmune, se había convertido en una especie de niña del exorcista. [El] doctor Dalmau estudiaba algo tan aterrador como enigmático: chicas jóvenes que sufrían ataques de locura. [En] el pasado muchos casos de mujeres jóvenes con histeria que terminaron en hospitales psiquiátricos, incluso leyendas de brujas y posesiones demoníacas, podrían haber sido generadas por estos teratomas”. Un tema apasionante para la primera píldora, “Varias personas en un único cerebro” [pp. 55-60].

Le sigue “De los metazoos al proyecto BRAIN: el reto de comprender el cerebro humano” [pp. 61-72], con Rafael Yuste de protagonista. Y luego “Reparando conexiones neuronales” [pp. 73-79], sobre el trabajo de Mar Cortés. Otra neurocientífica, la española Carmen Inda, protagoniza “Cómo potenciar habilidades cognitivas” [pp. 80-87]. “Como suele ocurrir en biomedicina, funcionaba en ratas, pero no en humanos. Las investigaciones sobre cómo manipular neurofisicoquímicamente recuerdos continúan… [En] el área militar se están haciendo cosas que ni imaginamos. La agencia DARPA tiene más presupuesto para investigación que toda la NASA, el NIH y el NSF juntos”.

Me ha gustado “La singularidad se acerca… ¿y qué?” [pp. 88-93], quizás por sesgo de confirmación. Increíble, “el dios Kurweil se pasea por el congreso. [La] verdad es que consigo hablar con él, y al decirle que escribo sobre ciencia, me presta bastante atención e incluso me invita a visitarle en el MIT. [Es] un verdadero genio. Tanto, que me cuesta creer que obvie los límites tecnológicos de sus prediccciones futuristas más rocambolescas, como, por ejemplo, la idea de que podremos volcar nuestros cerebros a internet. [En] el encuentro estaba también Aubrey de Grey, [terminé] tomando cervezas con ellos y sonsacando información al bueno de Aubrey sobre qué progresos habían conseguido, y quedó claro que ninguno relevante”.

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La sexta y última píldora es “Inteligencia y moralidad artificial” [pp. 94-98], donde aparece Michael Knight y su coche fantástico. La segunda parte, “La inteligencia no es una capacidad, es una actitud” [pp. 99-135], también contiene seis píldoras. La primera, “Pensamiento crítico, y la liga que debía ganar el Zaragoza” [pp. 101-105], nos recuerda que “si pretendes convencer a alguien o hacerle cambiar de opinión, lo peor que puedes hacer es discutir e insistir con intensidad aunque todos los argumentos lógicos y datos empíricos estén de tu parte. [Si] quieres convencer a alguien, no insistas que es peor”.

La segunda píldora es la que titula el libro, “La ciencia es comer cerezas con los ojos cerrados” [pp. 106-110]. “Si un físico se inventa sin evidencias una teoría de fenómenos cuánticos y microtúbulos neuronales para explicar el origen de la conciencia, no está haciendo ciencia por muy Penrose que se llame”. Por cierto, lo de “comer cerezas” se refiere al cherry picking data. Le siguen las píldoras “Astrología: un respeto a Francis Bacon” [pp. 111-117], “Estafados por desconocer las reglas del juego” [pp. 118-125], y “¿Erecciones con Viagra o con hierbas?” [pp. 126-129]. “¿Vosotros os fiaríais antes de la Viagra o de Naturagra? De hecho ¿no os daría miedo tomar Naturagra?”

La sexta y última píldora de la segunda parte es “Nuevos sentidos en peces, aves, máquinas y cerebros humanos” [pp. 130-135]. “Si lo pensamos bien, la ciencia nos permite acceder a una información completamente nueva sobre el mundo que nos rodea. [Para] mí, la ciencia es claramente un nuevo órgano sensorial creado por el cerebro humano que nos permite recibir información externa. [Si] abres la mente a la ciencia, estarás ampliando tus sentidos y el potencial de tu cerebro”.

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La tercera parte, “Poesías invisibles para expandir la mente y la vida” [pp. 137-190], también tiene seis píldoras. La primera, “Un respeto por la química” [pp. 139-143], con la investigadora Miriam Rivera como protagonista. La segunda, “Esperanzas y temores de la nueva edición genética” [pp. 144-151], con Carles Calatayud, del laboratorio de Ángel Raya. La tercera, “Microbios que regulan tu salud física y mental” [pp. 152-158], sobre el Human Microbiome Project. Y la cuarta, “Resetear el sistema inmune” [pp. 159-167], con aparición estelar de la inmunóloga Azucena Salas.

“Suelo defender la actitud de «ir de turista por la vida». [Me] encanta viajar y probar comidas diferentes, hablar con gente de mundos opuestos y ver y aprender cosas que ni sabía que existían. [Incluso] sin salir de tu propia ciudad creo que es posible mantener una actitud de turista por la vida, y esforzarse en salir de la rutina para conocer cosas nuevas y gentes nuevas cada día. Rasca donde no te pique y disfruta de lo inesperado”.

“¿Quién es más listo: el sistema inmune, el cáncer o los científicos?” [pp. 168-173], nos habla del trabajo en inmunoterapia de Lidia Robert. “Tu sistema inmunológico es muy listo y te protege contra el cáncer. [Lo] que ocurre es que en ocasiones el cáncer es todavía más listo que el sistema inmune y se las apaña para esquivarlo”. Finaliza esta parte con “Poesía atómica en el CERN y en el ITER” [pp. 174-190], donde Pere nos habla sobre “¿qué diantre es el bosón de Higgs?”, “buscando a SUSY desesperadamente” y “¿existen las estrellas de quarks?”

“«Lo que no está prohibido es obligatorio». [Quiero] incitaros a que quitéis la ciencia a los científicos, bajarla de su pedestal intelectual y crear nuestros poemas con ella sin sentirnos intimidados. Así, por fin, la sentiremos como cercana y amigable, en lugar de compleja y distante. [Importa] más que esa joven esté ilusionada en leer más física cuántica, que la precisión de los argumentos. Los científicos sí deben investigar bajo el filtro experimental constante a sus hipótesis, pero el resto nos podemos permitir un grado de sana divagación por la sublime y ensoñadora poesía de la ciencia”.

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La cuarta parte, “Equilibrando razón y emoción” [pp. 191-226], está formada por cinco píldoras. “Que las emociones te guíen sin llegar a cegarte” [pp. 193-197], sobre el trabajo del neurocientífico Antonio Damasio, “los que fomentaron el término inteligencia emocional”. Le sigue “Recuerdos implantados, visiones que no existen y falacias lógicas para justificar el mal” [pp. 198-207], con las neurocientíficas Elisabeth Loftus y Susana Martínez Conde de protagonistas. La primera descubrió que “en momentos de tensión, imaginamos cosas que con el tiempo quedan registradas como ciertas”. Y la segunda “lleva años investigando ilusiones ópticas y neuromagia”.

“El «yo de la memoria» versus el «yo de la experiencia»” [pp. 208-211], nos habla del trabajo del psicólogo y premio Nobel Daniel Kahneman. “Creemos que valoramos y decidimos en base a experiencias fidedignas, pero en realidad lo hacemos según recuerdos falseados que proyectamos hacia el futuro. ¿Sirve de algo saber esto? ¡Para mucho!” Le sigue la píldora “Perder los nervios cuando se sobrecarga el hipotálamo” [pp. 212-218], con Carmen Sandi y “la frustación del divulgador [cuando] Sandi evita dar detalles porque su artículo científico ha sido ya aceptado por una buena revista, pero no publicado todavía. [Pero] sabes que tu libro saldrá publicado meses más tarde, cuando ya se haya hablado del tema”.

La última píldora es “Gimnasia neuronal: cómo cambiar (y mejorar) tu cerebro” [pp. 219-226], que da paso a la quinta parte, “Tu opinión científica cuenta” [pp. 227-254], con seis breves píldoras. “No debes acercarte a la ciencia de manera pasiva y simplemente escuchar lo que te cuentan los investigadores. La ciencia está aquí para ampliar nuestros conocimientos, pero también para transformar el mundo. Y tú tienes todo el derecho a decidir qué tipo de mundo quieres que la ciencia y la tecnología ayuden a crear. Tu opinión científica cuenta, y mucho”.

“¿Qué decidirías en los siguientes debates?”. Primero, “¿Buscar vida extraterrestre o enviar humanos a Marte?” [pp. 231-234], y segundo, “¿Sembrarías patatas transgénicas en Perú?” [pp. 235-240], donde Pere afirma “siento ser categórico, pues no es mi estilo, pero aquí toca ser muy serio: respecto a la salud, el hecho de introducir un fragmento de gen externo en una patata no supone necesariamente ningún problema”. Este capítulo nos habla de Pamela Anderson, la directora del Centro Internacional de la Papa (CIP) en Lima, Chile.

“Vacunas y miedos: ¿cuál es el coste de la precaución?” [pp. 241-244], con Susana y sus miedos. “¿Qué llegará antes: Jurassic Park o Terminator?” [pp. 245-248], con dos propuestas de La Ciudad de las Ideas, que “cada noviembre [se celebra] en la ciudad mexicana de Puebla”. “Invertir más en ciencia: ¿por qué quieren los padres que sus hijos estudien?” [pp. 249-251], antecede a la última píldora de esta sección, “La perspectiva del tiempo científico” [pp. 252-254].

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La sexta y última parte, “Ciencia para una vida mejor” [pp. 255-321], también contiene seis píldoras. La primera, “Nutrigenómica: en busca de la dieta definitiva” [pp. 257-262], con la experta Dolores Corella. “La doctora Corella y otros investigadores [han publicado] sus sorprendentes resultados, [que] la dieta mediterránea no es necesariamente aconsejable para todo el mundo. [No] todos metabolizamos los alimentos de la misma manera. [Por supuesto,] en algo tan científico y culturalmente complejo como la alimentación, nadie asume que conocer nuestro ADN vaya a transformar la forma en que nos alimentamos”.

“El amor depende más de la memoria que de las hormonas” [pp. 263-270], hace referencia a su anterior libro “S=EX²: La ciencia del sexo” y recuerda que “el sexo es muchísimo más fácil de estudiar científicamente que el amor, porque [el] deseo sexual es un instinto tremendamente preservado por la evolución y codificado por hormonas, nervios y órganos genitales”. Un futuro libro de Pere, que quizás escriba, o quizás no, trata sobre “Los cinco pasos para una gran vida sexual” [pp. 271-281]. Nos cuenta que “durante dos años mi vida giró alrededor del sexo. Estaba soltero y sin compromiso. [Pero] os prometo que mi primera motivación fue puramente académica. [Aún así] me permitió ver la sexualidad desde una perspectiva más natural y relajada, más consciente de qué me gusta y qué no, y con una visión más abierta y documentada”.

Omito a propósito los cinco pasos de Pere, te remito a su libro si estás interesado. La cuarta píldora es “Los peligros del optimismo realista” [pp. 282-286], donde nos confiesa que “para escribir un libro debes tener una cierta dosis de optimismo. [Pues] trabajas solo, lleno de dudas y, especialmente al principio, lo único que ves es una montaña escarpadísima frente a ti. [Recomiendo] recrear la imagen mental de gente que disfruta al leer tu obra o de cualquier situación que refleje tu sueño. [El] optimismo actúa como motivador y su efecto es claramente positivo”.

La quinta píldora es “Qué tipo de actividad física necesitas” [pp. 287-292], que da paso a “Del Antropoceno a la era del Desarrollo Sostenible” [pp. 293-299], donde Pere nos habla de las Islas Galápagos y del trabajo de la neozelandesa Francesca Cunningham. “El calentamiento global es un tema tan importante que requiere una gran dosis de realismo”.

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Me parece muy importante destacar que “La ciencia no es para países ricos, sino para quienes quieran serlo” [pp. 300-308]. “La investigación y la innovación no son una consecuencia del bienestar económico, sino un germen de esta riqueza”. Provocador, Pere afirma que “mi conclusión es que hay momentos en que se debe dirigir la actividad investigadora de los científicos. Ellos están tan acostumbrados a aprovecharse del desconocimiento científico de los responsables políticos y a colarles el discurso de que la libertad investigadora lleva a grandes descubrimientos. [Unos] dirigentes políticos bien formados les pueden marcar también ciertas prioridades estratégicas para el país”. Pere aboga por la investigación orientada a objetivos en lugar de la investigación orientada por la curiosidad, por supuesto, sin menospreciar la importancia de la segunda.

La octava píldora, “La felicidad es ilusión y autonomía” [pp. 309-314] nos recuerda que “la clave de la felicidad no es el dinero, sino la autonomía” y nos habla del trabajo de la investigadora Zhana Vrangalova. Como no, aparece “mi estimado mentor, Eduard Punset, [que] decía que «la felicidad es la ausencia de miedo» y tenía toda la razón del mundo”. Finaliza la última parte del libro con la píldora “En forma hasta los 100 años” [pp. 315-321].

El epílogo final, “Subir a hombros de gigantes” [pp. 323-328], es la última píldora del libro, con la neurocientífica Alejandra Climent como protagonista. “Escribir un libro es un proceso agotador en cuyas últimas fases el teclado te genera alergia y solo piensas en terminar y desconectar. [Una] neurocirugía [vivida en directo] me hace revivir esa misma emoción y terminar este libro con ganas de empezar uno nuevo”. Finaliza el libro con las notas bibliográficas, donde encontrarás los artículos científicos citados en el texto.

En resumen, un gran libro de Pere. Si te gustó “El ladrón de cerebros. Compartiendo conocimientos…” seguro que ya habrás disfrutado de “Comer cerezas…”. Pero incluso si no te gustó, te puedo asegurar que leer el nuevo libro es todo un placer. Se aprende mucho y las aventuras de Pere dan pie a profundizar en muchos temas científicos. ¡Ánimo, atrévete a seguir las aventuras del “ladrón”!

4 Comentarios

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Uno de AndorraUno de Andorra

La provincia de Lérida entera también lo pronuncia “Pere” así como en Andorra. Seguro que omito otras regiones. Gran blog, por cierto.

planck

Mi opinión sobre algunos de los temas tratados en este libro:
1º) “El reto de comprender el cerebro humano”. El sistema nervioso de los primeros animales se fue haciendo más y más complejo a medida que necesitaron hacer movimientos más sofisticados, de hecho, los animales que no necesitan moverse no tienen cerebro. En algún momento del proceso evolutivo, el cableado neuronal empezó a simular el entorno para calcular los movimientos de forma rápida y precisa (para andar o correr hay que coordinar en tiempo e intensidad cientos de músculos diferentes). Por tanto una de las partes fundamentales del cerebro debe ser el SIMULADOR. Dentro de la inmensa maraña de conexiones neuronales debe existir un patrón de lógica cableada (un PC sería lógica programada) que actuaría como un computador ¿analógico? simulando nuestro entorno y tomando la mayoría de las decisiones que tomamos en nuestra vida. Neurobiólogos, informáticos, matemáticos, ingenieros de hardware, etc deberían coordinarse y centrar sus esfuerzos en buscar la unidad mínima del cableado que se repite (el equivalente a las puertas lógicas de un PC), estudiar sus patrones y encontrar así el hardware del simulador. Por supuesto esto es una tarea titánica ya que nuestro cerebro es una impresionante obra de microtecnología fabricado y perfeccionado por millones de años de evolución.
2º) “Inteligencia y moralidad artificial”. El día que encontremos el hardware del “simulador cerebral” constituirá un punto de inflexión brutal en el campo de la inteligencia artificial. Aún nos faltaría conocer como el simulador interacciona con las otras areas del cerebro para interiorizar las emociones o los sentimientos (quizás estos sean solo las variables que usa el simulador de forma similar a los accionadores de un autómata programable: accionar el indicador de sed, el de hambre, el de frustración, el de envidia, etc, etc). El día que se logre comprender esto el mundo cambiará para siempre: entes conscientes mucho más rápidos ¿e inteligentes? que nosotros tendrían acceso inmediato a todo el conocimiento humano a través de la red. Por supuesto alguien deberá estudiar muy enserio si algo así debería de realizarse, probablemente no en estos términos.
3º) “Pensamiento crítico…[si pretendes convencer a alguien o hacerle cambiar de opinión, lo peor que puedes hacer es discutir e insistir con intensidad aunque todos los argumentos lógicos y datos empíricos estén de tu parte]” Está claro que la evolución y los genes han provisto al ser humano de una carga de prejuicios e ideas preconcebidas que nublan de forma dramática la imparcialidad y la objetividad de la mente humana. El sesgo ideológico es un ejemplo impresionante: alguien de derechas (o viceversa) puede presentar todos los datos empíricos y objetivos que quiera a alguien de izquierdas pero JAMÁS (o muy raramente) le convencerá absolutamente de nada. De hecho, por poner un ejemplo, existen millones de españoles que realmente piensan que los últimos 4 años de gobierno han sido nefastos para el país. Por supuesto, la actual situación de desgobierno y de parálisis institucional ¿sin arreglo? es debida, en parte, por este sesgo ideológico.
Por supuesto esta es solo mi opinión… no aburro más al personal, aunque si tengo tiempo quizás comente algunas cosas que se me quedaron en el tintero…

YomismoYomismo

En catalán no existe el fonema e castellano que tu debes utilizar, está la e abierta, la e cerrada y la átona (que has confundido con la a) En buena parte de la llamada zona oriental (tortosa, lleida, castellon) no utilizan la átona por lo que dicen Pere con la e cerrada y no con la átona. Un saludo y disculpa la corrección.

Francisco R. Villatoro

Gracias, Yomismo, por la aclaración. Dicha vocal átona suena en catalán como las dos primeras aes de català (en fonemas [kət̪əˈɫä], similar a [Perə]), luego a los que no hablamos catalán nos suena al oído próxima a una “a”.

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