Reseña: “Transgénicos sin miedo” de J. M. Mulet

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“La palabra «transgénico» suena fatal, casi tan mal como «nuclear» o «tóxico». [A] pesar de las incertidumbres y reticencias, toda nueva tecnología cruza un punto de no retorno a partir del cual es imposible vivir sin ella. No todas las tecnologías triunfan. [Pero] sin hacer ruido y sin recibir ningún incentivo, los agricultores que confían en la biotecnología siguen haciendo su camino, ganándose la vida y produciendo alimentos. [Hay] muchos retos y la historia nos dice que la tecnología siempre nos ayuda a superarlos”.

El libro más esperado de J. M. Mulet, “Transgénicos sin miedo. Todo lo que necesitas saber sobre ellos de la mano de la ciencia”, Destino, Planeta (2017), ya está arrasando en todas las librerías. Un libro que disfrutarán tanto quienes ya conocen sobre la ciencia de los transgénicos, como sobre todo los legos en dicha materia. Todas las dudas que siempre quisiste que alguien te resolviera sobre transgénicos tienen respuesta en este libro escrito por todo un experto. Además, el estilo de escritura de Mulet, ágil pero riguroso, no sin cierta ironía y sarcasmo, te hará disfrutar desde la primera página.

Tras “Comer sin miedo” [reseña 2014], “Medicina sin engaños” [reseña 2015] y “La ciencia en la sombra” [reseña 2016], todos estábamos esperando un libro como “Transgénicos sin miedo” y el resultado cumple con todas las expectativas. Un libro muy recomendable que no debe faltar en la biblioteca personal de todo buen aficionado a la divulgación científica. Un libro ideal para disfrutar en verano y para regalar en cualquier ocasión propicia.

Yo solo echo en falta una cosa, común a todos los libros de divulgación que más se venden, un buen número de citas bibliográficas y/o notas a pie de página para los que amamos profundizar. Por supuesto, distraen a muchos lectores no acostumbrados y por ello los editores solicitan a los autores que no las incluyan. Aún así, todas las evidencias científicas que aporta Mulet son fáciles de buscar en Google para contrastarlas en sus fuentes originales. Lo dicho, aprovecha este verano y refréscate con la lectura del nuevo libro de Mulet.

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Tras la breve introducción (pp. 13-14), el libro está dividido en dos partes, “Cosas sobre los transgénicos que quizás no sabías” [capítulos 1–4, pp. 15-110], y “Cosas que te han dicho sobre los transgénicos que quizá no sean ciertas” [capítulos 5–12, pp. 111-273], finalizando con un epílogo, una nota final, unos agradecimientos y un listado de sugerencias para leer más.

El capítulo 1, “Breve historia de cómo hemos modificado la comida” [pp. 17-40], nos presenta una “breve historia de la comida vista desde fuera”, que recuerda a lo que el autor nos contó en su libro Comer sin miedo [reseña LCMF]. Sin rubor podemos afirmar que la “capacidad de domesticar plantas [pudo ser] el origen del éxito de la civilización occidental. Cereales como el trigo, la avena o la cebada hicieron que Occidente dominara el mundo”. Tras la pregunta “Y una vez inventada la agricultura ¿qué?” se nos resume la historia de “la agricultura en España” y cómo las “grandes exploraciones, [dieron lugar a] grandes cambios en el menú”. Finaliza el capítulo con “la agricultura reciente”.

“El paisaje seco y árido de Castilla se lo debemos a la Mesta y a los Reyes Católicos, que lo talaron todo para favorecer a la ganadería. La gestión de la tierra por parte de los grandes señores o de los monasterios era sumamente ineficaz. [Esta] pésima gestión provocaba frecuentes hambrunas y la necesidad continua de importación de grano para alimentar a la población. [El] rendimiento de un campo cultivado en el siglo XVIII era entre cinco y diez veces menos que un campo actual. [Por ello], el país seguía dependiendo de las importaciones de grano. [Y] todavía hay quien echa de menos la agricultura a la antigua usanza…”

“Llenar los supermercados para que nosotros podamos llenar las neveras no ha sido fácil y tiene detrás más de 10.000 años de historia de la humanidad”. Lo que nos lleva al capítulo 2, “Breve historia de la comida desde dentro” [pp. 41-61], es decir, “desde la biología”. En la sección “los genes son egoístas” el autor nos condensa un curso de Biología Molecular y otro de Genética en sendos párrafos. Como “nosotros evolucionamos y la comida también” hemos estado “domesticando genes” desde el nacimiento de la agricultura. “La biotecnología engloba la domesticación de animales y plantas que se hizo en el Neolítico”.

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Tras la curiosa historia del “penis fencing, o esgrima de pene, que realizan unos gusanos marinos” se nos aclara que “para domesticar se seleccionan plantas capaces de autofecundarse, hermafroditas o capaces de reproducirse asexualmente. Por ejemplo, la vid primitiva, [o] la patata”. Finaliza el capítulo con “la revolución verde de los genes”: “La historia de la alimentación es la historia de la manipulación de genes, a lo bruto y sin saberlo… Sin embargo, llegó un momento en que aprendimos a hacerlo bien”.

El capítulo 3, “Y de repente, un transgénico. El nacimiento de la tecnología” [pp. 63-80], se inicia recordando que hay “transgénicos en la Naturaleza”, como el “gusano marino llamado Elysia chorotica, [que] obtiene energía en forma de azúcares del sol gracias a los cloroplastos que ha ingerido de un alga”. Tras un breve “manual para hacer un organismo transgénico… do it yourself“, nos presentan los “animales transgénicos” (la mayoría microorganismos de utilidad biotecnológica o animales de interés biomédico) y las “plantas transgénicas”, el gran tema del libro.

“¿Para qué sirve un transgénico?” [pp. 81-110], el cuarto capítulo, nos presenta los “microorganismos: esos transgénicos que no sabías que utilizabas”, como los que producen muchos fármacos. Pero el tema estrella son los “cultivos transgénicos: la madre de todas las polémicas”y “la tecnología agraria que más rápida aceptación y extensión ha tenido en todo el mundo”. Mulet nos repasa los genes de más éxito en el incremento de la productividad de los cultivos, para luego llegar a los “transgénicos de segunda generación: no solo más comida sino mejor comida”y a “la tercera generación, cosechar moléculas” (molecular pharming). Se finaliza con “los transgénicos más hermosos” y los “animales transgénicos y dónde encontrarlos”.

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Tras los aspectos técnicos de los transgénicos llegamos a la segunda parte con el capítulo 5, “Transgénicos y salud. El apocalipsis que no llega” [pp. 113-140]. “¿Por qué nos preocupamos del transgén y no de los otros genes?” Mulet nos pone en contexto temas tan polémicos como “Seralini y sus ratas monstruosas” y “ese maldito glifosato”, acabando con el “argumento boomerang: ¿Y si los transgénicos fueran buenos para la salud?” Más rotundo, imposible: “otro efecto de nuestra maravillosa política [la europea] anti OGM es que los cerdos están comiendo un maíz más seguro que los bebés”.

El capítulo 6, “Transgénicos y medio ambiente. La contaminación invisible… o inexistente” [pp. 141-162], discute cómo “la agricultura mata la biodiversidad”. “Lo que un agricultor llama malas hierbas, un botánico lo puede denominar endemismo de alto valor ecológico, y lo que un agricultor llama desterronar un edafólogo dirá que está alterando las propiedades físico-químicas del suelo. [Todas] las especies cultivadas (una o diez) no forman parte del ecosistema. Aunque la agricultura pretenda llamarse ecológica, realmente no lo es”.

El miedo a “diseminar genes en el medio ambiente” es vacuo, ya que “uno de los problemas de la legislación [es que] ser o no ser transgénico no depende de la planta en sí, sino de la forma en la que se ha incorporado un gen. Se legisla sobre el método, no sobre el producto”. El estilo de Mulet es su seña de identidad, riguroso, pero divertido, repleto de curiosidades, aunque apoyado en evidencias científicas. Tras “el perro transgénico del hortelano” y “¿los OGM matan bichos?” llegamos a la “contaminación por transgénicos. Los casos reales”, finalizando con el “nuevo argumento boomerang: los transgénicos beneficiosos para el medio ambiente”.

“Transgénico rico, transgénico pobre. Aspectos sociales de la tecnología” [pp. 163-190], el séptimo capítulo, se inicia rotundo: “la tecnología disminuye la brecha social, no la aumenta”. La controversia sobre “patentar la vida” nos lleva a “Monsanto según los antitransgénicos” donde Mulet nos presenta “la falacia ad youtubium, que vendría a decir «me dan igual los argumentos que utilices, yo he visto un vídeo de YouTube»”. “Monsanto, como otras muchas compañías, también vende semillas ecológicas, dado que el sello ecológico hace referencia al método de producción, no al fondo genético de la semilla. [Las] semillas registradas, mientras no sean OGM, pueden ser ecológicas…” Finaliza el capítulo con “los men in black de Monsanto y las patentes”, que nos habla del bulo “de que a muchos agricultores les obligan a comprar semillas de Monsanto”, y con “otro argumento boomerang: anti OGM y neocolonialismo”.

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El capítulo 8, “La vuelta al mundo en un transgénico” [pp. 191-218], nos repasa el estado actual del uso y de la legislación en nuestro planeta. “La antitransgénica Europa”, con “el extraño caso francés” y la gran cuestión “¿hay futuro para los transgénicos en Europa?” Luego se presenta a “Estados Unidos, la potencia mundial”, “México”, y “Sudamérica, el continente de los extremos”. Como es de esperar “Asia: todo a lo grande”, gracias a China e India, nos da paso a “Australia y Oceanía. El problema de la sequía” (en el que investiga el propio Mulet desde España). “África. Hambre de transgénicos” nos presenta una frase lapidaria de “la patóloga vegetal keniata Florence Wambugu[:] «Me parece muy bien que en Europa discutan sobre si transgénicos sí o no, pero ¿podemos comer primero?»”.

“Etiquetar o no etiquetar, una interesante cuestión” [pp. 219-226], el noveno capítulo, nos presenta preguntas retóricas como “¿para qué sirve una etiqueta?” y “¿la etiqueta influye en el consumidor?”. Quizás no lo sepas pero “la etiqueta es cara”, como ilustra Mulet con el caso de la cadena de comida mexicana Chipotle. Ante todo debe reinar “el respeto a todos los consumidores”.

El capítulo 10, “Transgénicos, mentiras y vídeos de YouTube” [pp. 227-242], se inicia con un alegato a favor de la divulgación científica en “a los científicos nos dan miedo los micrófonos: [Para] muchos científicos la comunicación se limita a publicar artículos científicos, esos que se valoran en el currículum pero que casi nunca interesan a los medios. [Pero como] trabajamos con fondos públicos, explicar lo que hacemos o ayudar a entenderlo es lo mínimo para retornar el dinero que la sociedad nos está dando. [Si] acuden a ti porque eres el que más sabe y no te pones al teléfono, luego no te quejes si lo explica alguien que sabe menos y lo hace mal”. En temas polémicos como los transgénicos, “la equidistancia es mala comunicación”, y “en los debates sobre transgénicos” el rol de los científicos es de enorme importancia. Finaliza Mulet hablándonos de la moda de “la declaración de ciudades libres de OGM” que raya lo cómico.

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“El negocio anti OGM” [pp. 243-258], el undécimo capítulo, es el que menos me ha gustado. Le sigue “¿Y después de los transgénicos qué?” [pp. 259-273], que nos describe el método “CRISPR/Cas9. Un nombre feo para una técnica genial” y la técnica de gene drive. Finaliza con la pregunta retórica “¿está agotada la compaña en contra de los OGM?”. “Si alguna vez alguien os pregunta si los transgénicos son el futuro [contestadle que] los trangénicos son el presente. Queramos o no, nuestra vida es más fácil gracias a ellos… y lo que queda”.

El epílogo final “¿Todavía estás en contra de los OGM?” nos lleva a un “Argumentario para discutir con tu cuñado ecologista o el jovencito del chaleco que te aborda en la calle” sobre transgénicos. Me ha gustado la sección “para leer más” con muchos libros que yo no conocía, muchos de los cuales tendré que disfrutar en un futuro no muy lejano.

En resumen, un gran libro de mi amigo Mulet, que además de ser experto en transgénicos es todo un maestro en la divulgación de temas polémicos. El libro se lee muy fácil, casi de corrido y se disfruta mucho. Te lo recomiendo encarecidamente (aunque seguro que ya lo tienes si como yo sigues al día la trayectoria de su autor).

16 Comentarios

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JoseJose

Admiro al Sr. Mulet y su necesaria cruzada para convencer que lo transgenico siempre es mejor que lo normal y natural que come la gente inculta.
Pero le reprocho su falta de implicación, ya que nunca presenta fotos de el y su familia comiendo transgenicos.
Sin eso:
¿Como puedo responder a la afirmación de mi cuñado?:
“Los partidarios de los trasgenicos viven de los transgenicos,
pero que raro que nunca los comen ellos”.

JM Mulet

Pues no es cierto, al contrario, lo que sueles hacer es ser el primero en probarlo, yo mismo he comido transgénicos en muchas de mis charlas.

planck

Irónicamente los colectivos que se consideran “progresistas” son los que tienen un comportamiento más estúpido y contraproducente en estas cuestiones. Gran parte de estos colectivos están formados por toda una mezcla de corrientes que no tienen nada que ver con el progreso (comunistas, antisistema, anarquistas,ecologistas, animalistas, feministas…) y tienen mucho que ver con el populismo y la ignorancia: dicen que defienden a los más pobres pero se niegan a que la ciencia y la tecnología eviten mediante la mejora en la eficiencia en la agricultura y los transgénicos a que miles de personas mueran de hambre, dicen que quieren erradicar la pobreza pero sus medidas económicas solo consiguen destruir la economía de los países y crear paro y miseria, dicen que defienden a los más desfavorecidos pero al final sus medidas populistas siempre las pagan los más pobres… incluso se permiten rechazar donaciones millonarias a la salud pública de empresarios y organismos privados ¿Se puede ser más estúpido? ¿De verdad les interesan los enfermos y el progreso?
Al final, como casi siempre, la ignorancia científica es la clave y se rechaza todo lo que no se comprende: la energía nuclear, la investigación en células madre, los transgénicos y toda la investigación en ingenería genética en general. La frase que cita Mulet en el artículo es muy esclarecedora: “Mientras que en Europa se discute si transgénicos si o no Africa se muere de hambre”. Lo que esta gente ignorante parece desconocer es que la modificación genética se ha utilizado durante milenios salvando la vida de millones de personas: en la agricultura seleccionando las semillas, en la ganadería seleccionando animales, etc además actualmente domesticamos animales como mascotas, modificamos bacterias y virus para curar enfermedades, levaduras para producir alimentos y bebidas y todo tipo de medicamentos ¿o es que esta gente se niega a usar las medicinas cuando están enfermos? ¿No tienen mascotas? ¿Como piensan defenderse ante la próxima pandemia de bacterias mutadas? ¿Se negarán a usar antibióticos modificados genéticamente? En resumen: ¿Se puede ser más estúpido?

JLGSJLGS

A raiz del comentario citado de Mulet: “Mientras que en Europa se discute si transgénicos si o no Africa se muere de hambre” se me ocurre que la solución es extemadamente fácil y más para un continente que triplica la extensión de Europa, sencillamente que se cultiven transgenicos en Africa en la medida suficiente, así de facil, ¿o es que Europa es también culpable de que no lo hagan o tiene que cargar con la responsabilidad de alimentar a todo el mundo?
En fin, la artesania de la culpa en plena efervescencia.

manutolomanutolo

De verdad crees que Monsanto y similares van a dejar sus “inventos” en manos de africanos que no van a respetar la “propiedad intelectual”?

pvlpvl

Completamente de acuerdo.
El caso Sokal fue el preámbulo intelectual de esto mismo.
Afortunadamente, cada vez se escuchan más voces que se atreven a exponer el hecho objetivo de que son “los colectivos que se consideran “progresistas” son los que tienen un comportamiento más estúpido y contraproducente en estas cuestiones”.

espaidualespaidual

Los argumentarios ideológicos acostumbran a ser estúpidos, sean de izquierdas o derechas: des de la dictadura del proletariado o la ‘teoría’ de Gaia y el antropocentrismo que radica en todos los ecologismos baratos, hasta la hipótesis del mercado eficiente o lo que sea que crean los neocon. Las ideologías que rigen la sociedad del siglo XXI están basadas en pseudociencias del XIX. Lo que no quiere decir que, tras una ardua reflexión que muy pocos de sus activistas practican, se encuentren argumentos validos en políticas socialdemocratas o neoliberales por igual.

Pero afirmar: <> en la época de la post-verdad que ha llevado a medio occiedente a la extrema derecha y a políticas anticientíficas como en USA… me parece un poco sesgado por su parte.

Pues el problema es, como bien dice Mulet: <>

manutolomanutolo

Ciencia o dogma?

La primera entrada, de planck, lo deja bien claro: dogma; y de la peor calaña, de la de los pocos imponer sus beneficios al bienestar de la mayoría.

Sobre transgénicos, si son tan buenos ¿por qué nos tienen que engañar? ¿por qué dicen que la manipulación genética empezó con el cultivo de plantas y animales? Cualquiera que sea honesto y entienda los procesos que llevaron a seleccionar unos individuos y no otros y que, además, entienda lo que significa manipular, nunca diría tal cosa; hasta que empezamos a cortar y pegar genes no los manipulábamos, solo escogíamos los que nos convenían: y esto no es manipulación, es selección artificial, pero los procesos de replicado y vigilancia de las copias eran totalmente naturales.

Otra cosa, si tan buenos son los OGM ¿por qué tuvieron que difamar e intentar destruir el prestigio de Arpad Pusztai por decir que las ratas alimentadas con las patatas transgénicas de Monsanto, en Aberdeen, Escocia, tenían el sistema inmune muy dañado?

Me gustaría recibir respuestas científicas, no dogmáticas y bien pagadas, o no, que cibervoluntarios engañados los hay a puñados.

PD. Me resulta “chocante” que los mismos que niegan el calentamiento global antropogénico sean defensores de los transgénicos, me refiero a los amos del capital.

oscaroscar

NO es dogma, es sencillamente juzgar los hechos en base a evidencias; un dogma implica creencia ciega en una verdad revelada, si hay pruebas no es dogma. Es dogma acaso la gravedad?.
NAdie engaña, eso es o bueno. LA tecnología tras los trangenicos se conoce desde hace decadas: poner un gen en una estructura biologica para que produzca lo que pretendes; LA tecnología en sí no es mala ni buene depende del uso. LA realidad es que las reglas del mercado hacen que las características de los transgénicos ayuden a mejorar la producción con el menor coste, esto por sí solo abarata costes, aumenta rendimiento y disminuye la presión sobre el ecosistema, ya que deja más areas libres.
– No se si se difamó a alguien, pero la ciencia debe ser replicable, sino no hay evidencias. Uno no se queda con el estudio cientifico que quiere sino con si los resultados en otros lugares son replicables.
El cambio climatico antroprocéntrico es una teoría, ampliamente aceptada, pero es una teoría. NO será la primera vez que una teoría científica ampliamente aceptada resulta falsa; por eso no hay creencias sino hay evidencias. Evidencia, no es lo que a tí te cuadra para justificar tu ideología, evidencia es una prueba contrastada.

Pedro MascarósPedro Mascarós

Hola manutolo,

Como estoy seguro que sabes, los genes que tenga un alimento, cuando lo ingieres, no tiene ningún efecto sobre tu organismo; para que un alimento transgénico sea malo, lo que tiene que ocurrir es que el producto resultante, por el efecto del gen manipulado, no sea comestible (supóngase que segregue determinada sustancia, por ejemplo); la probabilidad de que esto ocurra no es mayor en uno manipulado a conciencia, que a base de injertos; por eso se dice que es lo mismo. La selección artificial parece dar más confianza, pues te vas comiendo los distintos resultados partiendo de algo que no te hizo daño, pero de ahi, a inferir que todo cambio hecho adrede va a ser malo, es una idiotez.

¿Eran las patatas transgénicas malas para las ratas? El número de ratas que usó Árpád y los métodos que usó son no cumplía los requisitos, ¿todo una conspiración? Bueno, el trabajo de Árpád está ahí y habla por sí mismo, no es un misterio.

Dices lo siguiente : “Me resulta “chocante” que los mismos que niegan el calentamiento global antropogénico sean defensores de los transgénicos, me refiero a los amos del capital.”

¿Por qué te resulta chocante? Se trata de gente sin escrúpulos que defiende intereses económicos y les importa un comino el resto, pero eso no quiere decir que aquellos, que con la ciencia en la mano, te decimos que los transgénicos, a la larga, van a hacer más bien que mal, estemos defendiendo ningún interés económico. Son dos cosas distintas. Yo estoy seguro de que la culpa del calentamiento global es nuestra, y soy muy pesimista, pero también veo en los transgénicos una buena solución al hambre. Y mi trabajo y sueldo no depende de nada de esto.

GroovyGroovy

¿Qué quiere decir transgénico? A primera vista se entiende que la semilla de una planta, por ejemplo el tomate, se la manipula en el laboratorio para insertarle un gen externo de otra planta o de otra variedad de tomate. Pero resulta que la adición de un gen externo puede proceder de un animal o de una bacteria. En este contexto la transgenicidad resulta ambigua. Dos ejemplos; a una variedad de maíz de amplio consumo se le insertaron genes de una bacteria (Bacillus thuringiensis) con el objetivo de preservarla contra las plagas. A una variedad de tomate se le insertaron genes de un pez (Falvr Savr) pero se retiró del mercado por sus malos resultados. ¿Entonces, qué es la transgenicidad?

El señor Mulet dice que “sin hacer ruido y sin recibir ningún incentivo, los agricultores que confían en la biotecnología siguen haciendo su camino, ganándose la vida y produciendo alimentos”. Y añade que “hay muchos retos y que la historia nos dice que la tecnología siempre nos ayuda a superarlos”. Esto es obvio, nadie lo discute, pero en su obviedad reside la ambigüedad. Los agricultores producen alimentos, polinizan, injertan y experimentan con las plantas desde el principio de los tiempos, miles de años antes de la aparición de la ciencia

¿Por qué las zanahorias tienen color anaranjado? Pues por la simple razón de que unos holandeses avispados seleccionaron una mutación que generaba zanahorias anaranjadas. Esto ocurrió en el siglo XVI. Y como este ejemplo hay otros más. La producción masiva, industrial, de semillas transgénicas ya tiene velocidad de crucero pero esto no despeja todas las dudas que hay a este respecto. El consumidor exige más información y transparencia sobre este tema.

Pedro MascarósPedro Mascarós

Realmente, Groovy, traspasar genes de animales o bacterias a plantas o viceversa, no cambia nada, no es distinto a pasar de un vegetal a un vegetal o cualquier otra combinación; un símil muy bueno es pensar en los genes como programas del núcleo o Kernel de un sistema operativo para, por ejemplo, un PC; realmente todos los seres vivos somos PC compatibles, no hay MAC, ni procesadores trinarios… así que no hay problema. :-)

benjaminbenjamin

hola Francis

Como estas?

Crees que en cuantos años se podra en un futuro lograr en resolucion casi atomica o al menos molecular una celuca viva o bacteria ?

Vi que en Slac con el LCLS-II que esta contruyendo se pueden hacer peliculas de proteinas a temperatura ambiente, cuando podremos hacer lo mismo con bacterias o celulas cuales son los retos para lograr eso? los tiempos? la potencia del laser o de los rayos x?

LisboaLisboa

Este tema en un site de física no tiene el mínimo sentido y se percibe como claramente interesado.
Ni tan siquiera en un foro científico porque obedece exclusivamente a la estrategia de mercado de las multinacionales.
Un ejemplo claro es Rusia que no va a aceptar poner en peligro su independencia alimentaria en manos de intereses occidentales .
https://actualidad.rt.com/actualidad...-saludables
A los que apuestan por estos productos, creen que le va a salir mal la jugada a Putin?.
Yo creo que no

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