Reseña: “El mundo después de la revolución” de José Manuel Sánchez Ron

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“La física no es la única ciencia, y es obvio que necesita de las demás, con las que en ocasiones se articula y enriquece, pero es innegable que los avances que se han logrado en ella han contribuido más, sostengo, que ninguna otra a cambiar el mundo. A veces para mal, cierto es, pero en general para bien. Y cuando ha sido para mal, no la culpemos a ella, sino a nosotros mismos, sus usuarios. El conocimiento nunca es malo, los malos, los egoístas y estúpidos, con frecuencia somos nosotros. [Lo] que no quiero ocultar es que [la] física siempre será mi gran amor intelectual, no importa que ya haya abandonado sus filas por la historia”.

José Manuel Sánchez Ron, “El mundo después de la revolución. La física de la segunda mitad del siglo XX”, Pasado & Presente (2014) [524 pp.], trata de lograr lo imposible, resumir en un único libro la historia de la ciencia que más ha cambiado en la segunda mitad del siglo XX. Me gusta cómo escribe este físico e historiador que es académico de la Real Academia Española (RAE). Su pluma brilla y da esplendor, sobre todo cuando se apoya en la primera mitad del siglo XX, pero se encuentra con un muro vertical, cual Naranjo de Bulnes, que solo los más diestros y atrevidos pueden escalar. Cada avance de la frontera de la física en la segunda mitad del siglo XX requiere un libro entero; por ello, condensar cientos de avances en un único libro de unos pocos cientos de páginas requiere seleccionarlos con precisión de cirujano. No puedo afirmar con rigor que el autor lo haya logrado, solo puedo afirmar que yo he disfrutado mucho de su lectura. Y por ello te lo recomiendo de forma encarecida.

Por supuesto, seguro que ya conoces a Sánchez Ron. Físico teórico desde 1971, se hizo historiador de la ciencia en 1994. Ha escrito libros que ya son clásicos en el ensayo en lengua española. En concreto, este libro recibió el Premio Nacional de Ensayo en 2015, la primera vez la ciencia recibe este galardón [El País]. Nuestra sociedad tecnológica es hija de la Física y Sánchez Ron lo demuestra de forma clara, más aún, luminosa, en su texto. Si no lo has leído ya, te recomiendo su lectura. Y si lo has leído, seguro que disfrutarás releyéndolo (como yo estas últimas semanas).

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Tras la breve introducción [pp. 9-20], que nos recuerda que el germen del libro es un breve artículo con el mismo título [PDF], un capítulo introductorio a la primera mitad del siglo XX nos lleva a un repaso de la teoría general de la relatividad y la gravitación, a un repaso a la física de partículas y el mundo cuántico, para llegara a una incursión breve al resto de toda la física , finalizando con un epílogo, una extensa bibliografía y un índice alfabético de términos.

El capítulo 1, “Revoluciones en la física (primera mitad del siglo XX)” [pp. 21-119], se inicia con “el germen de una revolución: de Maxwell a Lorentz ” sobre el campo electromagnético de Maxwell y la teoría del electrón de Lorentz, que nos llevó a “la revolución: la teoría de la relatividad especial”. Que nos ofrece “un mundo de cuatro dimensiones” que nos lleva más allá en “la revolución se extiende: la teoría general de la relatividad”. Sin miedo a incluir fórmulas, aparecen las ecuaciones de Einstein en “Cosmología” que finaliza con la solución cosmológica de Friedmann–Lemaître–Robertson–Walker.

“La importancia de la tecnología: nuevos telescopios para observar el Universo” nos recuerda el papel del observatorio de Monte Wilson en el descubrimiento de “la expansión del Universo: Vesto Slipher y Edwin Hubble”. Así llegamos a “relatividad y filosofía”, que concluye una revolución para adentrarse en “una nueva revolución: la física cuántica”. Por supuesto, “la revolución (cuántica) se extiende: la química cuántica”, que nos acerca a “Paul A. M. Dirac: física, matemáticas y «belleza»” y las “revoluciones dentro de una revolución: la ecuación de Dirac y la antimateria”. Todos estos temas han sido discutidos por Sánchez Ron en otros libros, así que se presentan a vista de pájaro. Pero decoran el libro muchas frases lapidarias, como “la relatividad general no introduce requisitos universales, es solo una teoría de la interacción gravitacional” [p. 79].

“Partículas elementales, Yukawa y la fuerza nuclear” se acompaña de “una nota sobre Japón” y nos lleva a “la electrodinámica cuántica, la segunda cuantización, renormalización y la teoría cuántica de campos”. “La física estadounidense y la tradición empírica” son la antesala de “Richard Feynman, puente de unión entre las dos mitades del siglo XX”. Me ha gustado que finalice con la carta de Feynman a su antiguo alumno Koichi Mano. «He trabajado en imnumerables problemas que usted calificaría de humildes, pero con los que disfruté y me sentí muy bien. [Como] la teoría general de cómo doblar un papel para hacer una especie de juguetes infantiles (llamados flexágonos). Los niveles de energía en los núcleos ligeros. La teoría de la turbulencia (le he dedicado varios años sin éxito). Más todos los problemas “mayores” de la teoría cuántica. Ningún problema es demasiado pequeño o demasiado trivial si realmente podemos hacer algo con él». Feynman dixit. Feynman, siempre tan entrañable.

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El capítulo 2, “Gravitación y Universo” [pp. 121-247], se adentra en los avances en cosmología, relatividad y cosmología observacional en la segunda mitad del siglo XX. Empezamos con “¿Universo eterno o sempiterno? El nacimiento de la radioastronomía” [pp. 122-168]. “El origen cosmológico del tiempo y los problemas de su verificación” se inician con “la cosmología del estado estacionario”, que asume una hipótesis «fuerte»: la creación de materia. “Del radar a la radioastronomía” nos acerca a “la radioastronomía y la cosmología del estado estacionario”. Por supuesto, viene muy bien un “interludio: las telecomunicaciones, la Guerra Fría y el Sputnik”. Así llegamos a “la consolidación del Big Bang: el fondo de radiación de microondas” y los grandes descubrimientos, como los “cuásares” y los “púlsares y estrellas de neutrones”.

Así continuamos con una “nueva vida para la relatividad general” [pp. 179-222], y la “búsqueda de una teoría del campo unificado” de “Albert Einstein: la irresistible atracción de las matemáticas”. Por supuesto, había muchos “otros matemáticos «relativistas»”, pero “la relatividad, una física «poco interesante»”, ofrecía sorpresas tan relevantes como la radiación gravitacional, ahora tan de moda con LIGO. Y retornó “un viejo mundo nuevo: singularidades en el espacio­tiempo relativista”, que tras un “interludio: matemáticas y física” nos lleva a “los agujeros negros: dinámica y realidad física”. Por último se retorna a la “radiación gravitacional y lentes gravitacionales”.

La tercera parte de este capítulo, “nuevas ventanas abiertas al Universo” se inicia con los “nuevos instrumentos astronómicos” que nos llevan a una revisión completa de la teoría del big bang caliente. Así aparece la “inflación” cósmica, cuyas “arrugas en el tiempo” observó COBE por primera vez. “Materia y energía oscuras”, y “planetas extrasolares” son presentados de forma muy breve.

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El capítulo 3, “El mundo cuántico” [pp. 249-390], está dividido en cuatro partes. La primera sobre “partículas «elementales»: la física de altas energías”, que se inicia con “Rolf Wideröe, Ernest Lawrence y el ciclotrón”, se adentra en la “sociopolítica de la física de altas energías”, nos lleva a los “nuevos aceleradores, nuevos elementos, nuevas partículas elementales” y, como no, a “el CERN”. El ritmo en este capítulo es ágil y se presentan todos los avances sin entrar en los detalles que conocemos todos los que hemos estudiado esta historia en detalle. Aún así, se ofrece una visión rápida a una parte compleja de la historia de la ciencia.

“Partículas y más partículas: los quarks como «principio unificador»” y “el descubrimiento del neutrino” nos acercan a “la saga de las simetrías: «La simetría dicta la interacción»” que llevó al modelo estándar. Su futuro son las “teorías de unificación” y ese “cruce de caminos: física cuántica, cosmología y la nucleosíntesis estelar”. Se finaliza con “Psico-­¿patología? moral del físico nuclear y de altas energías”. “La ciencia la hacen las personas, hombres y mujeres que, al igual que todos los humanos, poseen personalidades que son fruto de esa tan compleja como enigmática interrelación entre naturaleza (genes) y ambiente (la educación que recibimos). ¿Existe alguna característica común, una disposición necesaria para ser científico? No lo creo, salvo, claro está, algún grado de «inteligencia», se esto lo que sea. También, por supuesto, curiosidad”.

La segunda parte del tercer capítulo, trata sobre el “entrelazamiento y multiuniversos”, iniciándose por lo seguro, “el entrelazamiento cuántico” y continuando con lo inseguro, los “multiuniversos” (más populares como multiversos). Así se llega a la tercera parte, “fenómenos cuánticos macroscópicos”, que se centra en dos, aunque muy relacionados entre sí, por un lado los “condensados de Bose­-Einstein y superfluidez” y por otro la “superconductividad”. Muy breve, el discurso de Sánchez Ron deja al lector con ganas de profundizar más.

La cuarta y última parte del tercer capítulo, “hijos de la física cuántica: ciencia y tecnología en el mundo cuántico” presenta a vista de pájaro la historia de las grandes invenciones del siglo XX que han revolucionado nuestra vida. “La física del estado sólido, transistores, chips y circuitos integrados”, que continúa con el breve “chips y circuitos integrados”, están seguidos por “microscopios y nanotecnología” y “máseres y láseres”. Todo demasiado breve y, a mi parecer, olvidando algunos nombres clave que rayan lo imperdonable. Pero cada uno de estos tópicos requiere un libro entero. Sánchez Ron peca de ambicioso, quizás.

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El cuarto y último capítulo, “Y la física cambió el mundo” [pp. 391-456], se adentra en lo que más gusta al autor, contextualizar la ciencia en el progreso de nuestra sociedad. Tras “la Sociedad de la Información” llegamos a “Internet y la World Wide Web”. El problema de la energía se discute en “energía nuclear (I): política” y “energía nuclear (II): industria”. Muy breve, “Física y físicos en las ciencias de la vida”, llegamos a breves discusiones de “el Reino de las Imágenes” y la “Medicina nuclear”.

Siendo experto en la historia de la ciencia de la primera parte del siglo XX, su discurso siempre tiende a caer en ella. Empezando con “difracción de rayos X en el Laboratorio Cavendish”, se nos presentan algunos “físicos en biología (1): Niels Bohr y Max Delbrück”, “físicos en biología (2): Erwin Schrödinger, teórico de la vida”, y “físicos en biología (3): Francis Crick, de la física a la biología”, para llegar a “la estructura del ADN”. De nuevo muy breve, “la física, una ciencia interdisciplinar”, paseamos por “el ojo que nos acompaña: el GPS”, “física y geología: la tectónica de placas” y “la física no lineal”. Yo investigo a esta última, así que he leído muchas historias de esta ciencia, por lo que lamento que Sánchez Ron solo nos ponga la miel en los labios. Finaliza el capítulo con “la física y la extinción de los dinosaurios”, que habla de Luis Álvarez y su hijo.

Tras el “epílogo” del cuarto capítulo, del que he extraído el párrafo que abre esta reseña, llegamos a la extensa “bibliografía” [457-505], una de las marcas de la casa. No sé si muchos lectores disfrutarán de ella, pero para algunos raya lo imprescindible. Finalmente, se incluye un “índice alfabético” [pp. 507-520] y el índice de contenidos [pp. 521-524].

En resumen, reducir la historia de la ciencia de la segunda mitad del siglo XX a solo 525 páginas es imposible; hacerlo con la historia de la física también. A pesar de ello, José Manuel Sánchez Ron le abrirá los ojos a muchos lectores que ignoran la amplitud y profundidad de los hitos de la física en esta época. Quien lea este libro se dará cuenta de que la segunda mitad del siglo XX ha sido mucho más rica y revolucionaria que la primera mitad de dicho siglo, a pesar de que pocos historiadores nos lo muestran, por miedo a ser avasallados por la marabunta. Sánchez Ron acepta el reto y nos ofrece un libro muy recomendable. Un buen punto de partida para seguir profundizando en tópicos concretos. ¡Te animas!


6 Comentarios

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CurioseandoCurioseando

Leí este libro hace algún tiempo y me dejó la misma sensación, la segunda mitad del siglo XX es inabarcable. Sánchez Ron me gusta, recuerdo con agrado sus libros El origen y desarrollo de la relatividad e Historia de la física cuántica I. Aquí me quedé con ganas del volumen II, que creo que nunca ha llegado. También recuerdo con agrado otro premio de ensayo, aunque fue el premio Espasa de ensayo, en este caso para Antonio Escohotado y su Caos y orden.

CarlosCarlos

La primera cita de Sánchez Ron tiene dos artículos entre corchetes: [Lo] que no quiero ocultar es que [la] física…
Pregunto solo por curiosidad: ¿no estaban en el libro? ¿hay un error de imprenta?

Francisco R. Villatoro

Carlos, no entiendo la pregunta. El artículo en El País, como es obvio, no está en el libro; el artículo del autor, germen del libro, se cita en el libro pero no está contenido en el libro, como debería ser obvio.

zovenixzovenix

Lo que no está entre corchetes son extractos literales y lo que está se mete para unir dichos extractos en un texto más resumido.
Imagínate que el texto original dice “Hay cosas que te definen como persona. Una importante que no quiero ocultar es … ” y sustituye la primera frase y el inicio de la segunda por [Lo].
Es un ejemplo inventado, ¿eh?

ToniToni

Yo leí con mucho disfrute el ya clásico: Historia de la física cuántica: I. El período fundacional (1860-1926). Lástima que nunca llegaron nuevas partes y todo parece indicar que este que has revisado y comentado, sería una buena semilla. Estoy completamente de acuerdo en que es muy complejo divulgar la física de la segunda mitad del s.XX; demasiados temas, muy complejos, pero la forma de abordarlos de Sánchez-Ron al menos nos presenta el umbral. Tengamos en cuenta que gran parte de la población de nuestro país tiene un grado de “analfacientificismo” elevadísimo… Esa manía de sacarla del día a día en la información y separarla de la cultura… en fin.

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