Muchos editores de revistas internacionales están haciendo “ingeniería del índice de impacto”. Los hay que recomiendan a todos los autores el citar artículos (de los dos últimos años) publicados en su revista si quieren publicar en ella. Pero también los hay más listos, como nos recuerda Tomá Opatrný, “Playing the system to give low-impact journal more clout,” Nature 455, 167 ( 11 September 2008 ). Lo he leído y no me lo creo. O mejor, os lo cuento.

La revista internacional suiza “Folia Phoniatrica et Logopaedica,” tiene una buena reputación entre los investigadores en foniatría, pero su índice de impacto en 2007 era “relativamente bajo”, sólo 0.655. Dos investigadores, un danés y un checo, Harm K. Schutte y Jan G. Svec, han publicado el artículo “Reaction of Folia Phoniatrica et Logopaedica on the Current Trend of Impact Factor Measures,” Folia Phoniatr. Logop. 59:281-285, 2007, donde citan a TODOS los artículos publicados en dicha revista en los últimos 2 años. Como el índice de impacto se mide por el número de citas a los artículos de una revista en los dos últimos años, dividido el número total de artículos publicados en la revista en el mismo periodo, su único artítulo ha logrado que el índice de impacto de esta revista suba hasta 1.439. En su categoría en el JCR, “Rehabilitation,” de la que forman parte 27 revistas, Folia ha pasado de la posición 22 a la 13. Increíble resultado para un solo artículo.

¿Cómo se logra un incremento tan grande del índice de impacto con un solo artículo? Veamos el cálculo.

Citas en 2007 a artículos publicados en: 2006 = 57, 2005 = 38.

Número de artículos publicados en: 2006 = 39, 2005 = 27.

Índice de impacto = (57+39) / (38+27) = 95/66 = 1.439.

Como veis, un solo artículo es responsable de 66 de las 95 citas recibidas por la revistas (son autocitas, pero en el JCR no se tiene en cuenta este factor).

Qué pasaría si los editores no hubieran permitido que se publicara dicho artículo.

Citas en 2007 a artículos publicados en: 2006 = 18, 2005 = 11.

Número de artículos publicados en: 2006 = 39, 2005 = 27.

Índice de impacto = (18+11) / (39+27) = 29/66 = 0.439.

Por si te interesa leerlo, el artículo es de acceso gratuito. En la segunda página puedes leer literalmente “the authors have decided to put together this review, which cites all the articles published in FPL within the last 2 years. This article is thus expected to considerably increase the impact factor of this journal and its ranking. While we realize that this initiative is absurd, we feel it adequately reflects the current absurd scientific situation in some countries.”

Por cierto, Tomá Opatrný ya tiene una artículo publicado en Nature (aunque sólo sea un breve comentario). También él es listo.

Hecha la ley, hecha la trampa. España está llena de pícaros, … ¿alguien se atrave a imitar la idea con alguna revista española en el JCR?

Todo el mundo habla de lo mismo, increíble.

Yo no podía ser menos. Pero seré parco en palabras.

Si quieres leer algo, debes leer el artículo “El gran acelerador europeo de partículas arranca con éxito,” de gran divulgador JAVIER SAMPEDRO, en El País, donde se explica qué es el bosón de Higgs (siguiendo al conocido Miller). Sampedro no ha decepcionado. Como casi siempre. Os recomiendo su libro “¿Con qué sueñan las moscas? (Ciencia sin traumas en 62 píldoras)” en el que recopila artículos que preparó durante un verano para El País.

Por cierto, la foto de arriba muestra las históricas primeras 2 vueltas del haz de partículas en todo el anillo (muy buena precisión, pero aún habrá que mejorarla). La trayectoria del haz no ha sido perfecta pero “casi” como muestra la figura de abajo (línea verde que muestra la trayectoria (posición) del haz durante la primera vuelta a todo el anillo). La línea central sería la calibración perfecta y las fluctuaciones indican que los imanes superconductores han hecho muy bien su trabajo y han conseguido un haz bien colimado oscilando levemente alrededor de la posición deseada.

Todo un éxito, faltaría más. ¿Tendrá el mismo éxito mediático cada uno de los descubrimientos que se esperan? Supongo que no, pero es bonito desear que sí.

Interesante artículo el de Sue Nelson, “The Harvard computers,” Nature 455, 36-37 ( 4 September 2008 ), sobre la época en la que las computadoras no eran máquinas sino mujeres. La foto, tomada en el Observatorio Harvard en Cambridge, Massachusetts, cerca de 1890, muestra 8 mujeres vistiendo trajes de estilo victoriano que están calculando, son “computadoras humanas” (término usado desde principios de los 1700s), miembros del así llamado “harén de Pickering”. Estas mujeres están analizando fotografías del firmamento, catalogando estrellas.

Desde que se acoplaron cámaras fotográficas a los telescopios fue necesario el uso de personas que catalogaran y clasificaran la infinidad de datos que se obtenían. Un trabajo repetitivo que requería medir el brillo, la posición y el color de cada estrella en la placa fotográfica. Desde los 1880s hasta los 1940s, el Observatorio Harvard amasó medio millón de placas de cristal fotográfico, unas 300 toneladas de material que contenían la foto de unos 10 millones de estrellas. Un equipo de mujeres se encargaba de analizar estas fotografías, muchas veces por un sueldo ínfimo (los computadores eran mujeres porque el salario de éstas era más bajo que el salario de los hombres) y sin formación científica alguna (salvo raras excepciones). Bueno, seamos rigurosos, William Elkin, director del Yale Observatory, en 1901 afirmó que “prefería contratar mujeres como computadoras, no sólo porque aceptaban un salario más bajo, también eran más adecuadas para el trabajo rutinario ya que tenían más paciencia.”

Edward Pickering, director del Harvard College Observatory desde 1877 hasta 1919, utilizó a muchas mujeres muy inteligentes en su trabajo de computadoras que condujeron a importantes descubrimientos científicos. Por ejemplo, Williamina Fleming, que en 1881, con 24 años, entró a formar parte de la plantilla de Harvard, desarrolló junto con Pickering un sistema de clasificación de los tipos estelares basado en la intensidad de sus líneas espectrales del hidrógeno aún en uso, que fue clave en la identificación de las estrellas enanas blancas. Se estima que Fleming examinó unas 200.000 placas fotográficas durante toda su vida.

Annie Jump Cannon, también miembro del harén de Pickering, capaz de medir el color y clasificar hasta 300 estrellas por hora, con un récord de 300.000 en toda su vida, fue quien desarrolló la clasificación de las estrellas en tipos O, B, A, F, G, K, y M, que aún se utiliza. Henrietta Swan Leavitt, investigadora en el grupo de Pickering, estudió las estrellas de brillo variable (ceféidas) y descubrió la relación entre sus periodos y su brillo intrínseco, clave para medir distancias astronómicas y fundamental para el descubrimiento de la expansión del universo por Edwin Hubble.

Los computadores digitales sustituyeron a las computadoras humanas. Es curioso, pero en 2006, la Planetary Society y la University of California, Berkeley, lanzaron el proyecto Stardust@Home (web). Retomando “viejos tiempos”, voluntarios sin formación científica previa fueron entrenados mediante tutoriales online para escanear fotos de aerogel en sus pantallas de ordenador y encontrar posibles rastros de polvo interestelar (no existe programa de ordenador que lo haga también como la vista de una persona). En la primera fase del proyecto 23.000 voluntarios buscaron cerca de 40 millones de imágenes. Sin su ayuda, el equipo investigador hubiera necesitado más de 20 años de trabajo. El proyecto Stardust inspiró al proyecto Galaxy Zoo en 2007, que usa voluntarios para clasificar galaxias espirales y elípticas a partir de imágenes del Sloan Digital Sky Survey. En 6 meses los voluntarios identificaron más de 500 galaxias solapadas (sólo se conocían 20 casos). Las imágenes son espectaculares.

Si te interesa formar parte de estos proyectos, aún estás a tiempo, serás uno de los herederos del harén de Pickering.

Me gusta comer bien. Hoy mi mujer ha preparado un pisto. Mi hijo ha reclamado ver la película de Walt Disney Pictures y Pixar, “Ratatouille,” que le lleva obsesionando algunas semanas. Le he preguntado a mi mujer ¿qué es el ratatouille francés? Ella me ha contestado, lo que has comido.

Receta del ratatouille: Se trata de cortar finamente en rodajas la berenjena, el tomate, el calabacín, la cebolla y los pimientos, y distribuirlos por capas en una placa de horno untada en aceite de oliva. Salpimentar y aromatizar con hierbas provenzales. Todo esto al horno hasta que las verduras queden asadas pero con cierta consistencia. Para montar el plato se disponen los discos de las hortalizas en forma de escalera de caracol. Una suave vinagreta para aliñar y listos.

La receta se cree que proviene de la alboronía, una receta andalusí. Obviamente, la alboronía no llevaba tomate ni pimiento. Hoy en día en los restaurantes que sirven alboronía lo que hacen es un pisto con berenjena.

Por cierto, una pregunta, ¿quién dirigió Shrek? Todo el mundo conoce a Matt Groening, pero quizás muchos ignoréis a los creadores de Ratatouille, el director Brad Bird, el productor ejecutivo John Lasseter y el productor Brad Lewis.

John Lasseter está considerado el “nuevo Walt Disney”. Empezó en Disney, pero en 1984 la abandonó para irse a Lucasfilm, Ltd., la empresa de efectos especiales de George Lucas. Junto a Ed Catmull, que pertenecía a Lucasfilm desde 1979 crearon Pixar (empresa que fue comprada por Steve Jobs). Catmull es uno de los grandes genios de los gráficos por ordenador de los 1970s, inventor del algoritmo de visibilidad llamado z-buffer (buffer de profundidad) clave para la resolución del problema de visibilidad en tarjetas gráficas (y unidades de procesado gráfico, GPU). Además, es uno de los inventores del mapeado de texturas (texture mapping), las estelas de movimiento (motion blur), así como las primeras técnicas para la visualización de superficies curvas (basadas en trozos o patches). En 1987 publicó, junto a Robert Cook, el software Reyes (también llamado Renderman), propiedad de Pixar y posiblemente el más utilizado en animación 3D en cine. Catmull ganó en 1993 el premio Coons Award concedido por el ACM SIGGRAPH (el equivalente al Premio Nobel en los Gráficos por Computador). Para los interesados, una breve historia de los gráficos por ordenador y sus personajes más relevantes.

Para los interesados en las curiosidades de la historia, que yo sepa, la primera aparición de los gráficos por computador 3D en una película cinematográfica fue en Futureworld (1976) (Mundo Futuro) donde se representaron la cara y la mano de Peter Fonda gracias a unos efectos aun muy sencillos creados en la universidad Utah por Edwin Catmull y Fred Parke. “Mundo Futuro” fue la última aparición en el cine de Yul Brynner antes de su retorno a Broadway. La película es más bien de serie B. La mayoría recordaréis, Tron (1982), película de Disney de cierto éxito que fue la primera película que combinó gráficos 3D y acción en directo.

¡Y tenía corazón! de Enrique Simonet y Lombardo (1863-1927).

¿Quieres investigar? Para ello el requisito “oficial” es obtener un doctorado. Cierto es, que mientras obtienes el doctorado estarás investigando, pero mientras no lo tengas serás un “estudiante” no un investigador. Los artículos “So long, and thanks for the Ph.D.!” de Ronald T. Azuma y “How to Be a Good Graduate Student,” de Marie des Jardins, serán de tu interés.

Para desarrollar con éxito tu tesis doctoral no tienes que ser un genio, basta con que tengas una respuesta sólida para la pregunta ¿para qué c… quiero un doctorado? Nadie puede contestar a esta pregunta por tí. Si no sabes para qué, desiste, no merece la pena que hagas la tesis. Si lo tienes claro, adelante. Pero recuerda que para tener éxito en tu empresa … debes tener iniciativa, tenacidad, flexibilidad, habilidades interpersonales, habilidades organizativas y habilidades comunicativas. Aún así, debes elegir “bien” a tu director de tesis, de él dependen muchas cosas durante tu trabajo (porque sí, la tesis es un trabajo como cualquier otro, y mal pagado la mayoría de las veces).

Recuerda, el doctorado es el principio, no el final, de tu carrera como investigador. No te obsesiones en desarrollar la labor de un Premio Nobel, haz un trabajo de calidad que le demuestre a tu director y al tribunal de tu tesis que eres capaz de seguir desarrollando trabajos de calidad y defiende tu tesis cuanto antes. Recuerda las palabras de Fred Brooks: Todas “las tesis no se acaban; se abandonan.”

Recuerda, debes estar muy motivado, el doctorado es un trabajo “extremadamente duro” para todos. Un truco que funciona es plantearse objetivos, a muy corto plazo (semana), a medio plazo (mes) y a largo plazo (año) y disfruta cuando los vayas cumpliendo. Conforme vayas cumpliendo con estos objetivos parciales ve a contárselo a tu director y disfruta con él de ellos. Cuanto más disfrutes con tu “duro” trabajo más garantías tienes de acabar en un tiempo razonable (de 4 a 6 años). Cuanto más sienta tu director que “sin trabajar en tu tesis” está siendo el “coautor de tu trabajo” mejor será su labor cuando llegues a un camino sin salida y él tenga que asesorte. Pero recuerda, él no hará la tesis por tí. Es TÚ tesis. Él ya hizo la suya años há.

En cuanto a las publicaciones, tan importante es la cantidad como la calidad, que no te engañen. Cuántos más artículos hayas escrito y publicado más fácil te será escribir nuevos artículos “publicables”. No te preocupes si te rechazan un artículo, a todos nos los han rechazado y nos los seguirán rechazando. Si te centras en muy pocos artículos de “gran calidad” debes recordar que quizás “otros” no piensen lo mismo. Qué pasará si te ha costado varios años escribir un solo artículo de “gran calidad” y te lo rechazan tres veces en tres revistas (y en 6 años acabas no teniendo nada publicado). ¿Te deprimes? ¿Abandonas? Tu mejor recompensa durante la tesis es que te publiquen tu trabajo. Cuantos más trabajos envíes, más trabajos te publicarán.

¿Encontrar trabajo como doctor es fácil? No, no lo es. Te gustará leer “So You Want to be a Professional Astronomer!,” de Duncan Forbes, aunque no quieras ser astrónomo, y “How long should an astronomical paper be to increase its Impact?,” de Krzysztof Zbigniew Stanek; verás que es importante escribir un artículo “largo” sobre tu trabajo de tesis pero tan importante como eso es escribir muchos artículos “cortos” (letters).Las recomendaciones de Stanek para los investigadores “principiantes,” aunque humorísticas, son muy interesantes y no deben ser olvidadas (pág. 10 de su artículo).

Mis recomendaciones: cuando empieces a investigar, publica cuantos más artículos puedas escritos por tí (revisados por tu director) y en los que seas el primer autor (aunque a tu director no le guste, trata de convencerlo). Envía todos tus artículos a servidores de preprints (por ejemplo, ArXiv) el mismo día que los envías a publicación en congresos y/o revistas. Que no te preocupe si te los acepten o no, los preprint sirven para entrenarte y para que tu nombre “suene”. Recuerda que los artículos a congresos son muy poco citados y muy poco leídos, salvo contadas excepciones. Debes enviar artículos a revistas, envía a las mejores que puedas, que en ellas los comentarios de los revisores serán también los mejores posibles y no te preocupes si te los rechazan, acepta los comentarios, reeescribe el artículo y reenvíalo a otra revista más asequible.

Los artículos “Your First “First-Author” Paper: Part One–The Writing,” y “Your First “First-Author” Paper, Part 2–The Act of Submission and Peering at the Review Process,” publicados en Science Magazine, gratuitos como parte de Science Careers) serán de tu seguro interés.

“Para conocer el camino que aún te falta por recorrer, pregúntale a los que ya vienen de vuelta,” proverbio chino.

La entrada “¿Por qué el cielo es negro por la noche?,” de Martín Cagliani, 10 Septiembre 2007 , afirma que “la respuesta está en la edad del Universo. El Universo tiene 15 mil millones de años de edad, tiempo insuficiente para que la luz viaje hasta nosotros desde estrellas u objetos a distancias mayores a 12 o 13 mil millones de años.”

Esta entrada me ha hecho recordar la así llamada Paradoja de Olbers, que leí hace muchos años en el libro “Cosmología,” de Hermann Bondi, Labor, 1977. En la pequeña biblioteca pública de mi ciudad, siendo yo un adolescente, era el único libro sobre cosmología. Bondi, junto con Gold (siguiendo ideas previas de Sir Fred Hoyle), habían propuesto la teoría del Estado Estacionario, buena opositora de la teoría del Big Bang (llamado así jocosamente por Hoyle), según la cual el universo era eterno, no tenía origen en el tiempo, y se encontraba en expansión “aparente” (la observada por Hubble) porque se creaba materia continuamente (en agujeros blancos). Bondi comparaba en su libro dicha teoría con el Big Bang y no encontraba diferencias importantes (el libro original que se tradujo al español, la segunda edición en inglés, es de 1960). El descubrimiento de la radiación de fondo cósmico de microondas en 1965, de difícil sino imposible explicación en la teoría del Estado Estacionario, fue la “navaja de Occam” que le cortó el cuello a la teoría del Estado Estacionario.

Bondi, que fue quien le puso el nombre de “Paradoja de Olbers” a la pregunta “¿por qué el cielo es negro por la noche?”, la contesta “correctamente” en su libro, utilizando la teoría del Estado Estacionario (o la del Big Bang, si prefieres, su respuesta es compatible con ambas). No es necesario suponer que el universo tiene una edad finita. La respuesta correcta es mucho más sencilla y mucho más antigua. Recapitulemos un poco.

Antes de nada, el mayor especialista mundial en este tema (sobre todo en su historia, complicada donde las haya) es Edward R. Harrison (fallecido el 29 de enero de 2007 ), quien ha llegado a publicar hasta en la revista Science sobre el tema (“The Dark Night-Sky Riddle: A “Paradox” That Resisted Solution,” Science, 226, 941-945, 1984 ), cuyas ideas están magistralmente resumidas en su artículo en American Journal of Physics, considerado uno de los 6 memorables de 1977 (“The dark night sky paradox,” Am. J. Phys. 45, 119-124, 1977 ), siendo autor del famoso libro “Darkness at Night: A Riddle of the Universe,” Harvard University Press, october 30, 1987 . Un resumen bastante agradable de leer de la historia de la pregunta lo podéis encontrar también en Stanley L. Jaki, “Olbers’, Halley’s, or Whose Paradox?,” Am. J. Phys. 35, 200-210, 1967 , quien también escribió un libro al respecto “The Paradox of Olbers’ Paradox,” Stanley L. Jaki, Herder and Herder, New York, 1969 , cuyo énfasis es “la falta de memoria” de los científicos; según él, Bondi no se leyó el artículo de Olbers, que citaba a Halley, ni Olbers a Halley, que citaba a Kepler; según Jaki, muchos científicos “olvidan fácilmente” el pasado. La verdad es que hoy en día es my habitual, pero eso es otra historia. Por cierto, Jaki, teólogo y físico, ha dedicado su vida a tratar de buscar a Dios en la cosmología, explicaciones físicas para los milagros, o los fundamentos físicos del alma. Pero volvamos a Harrison y no perdamos el norte.

La primera aparición escrita de la paradoja, de la que se tenga constancia, es de Thomas Digges (1576), siendo más tarde descrita por Johannes Kepler (1610), Edmund Halley (1721), quien la expuso en público delante de Sir Isaac Newton (quien no preguntó ni dijo nada, las malas lenguas dicen que estaba durmiendo durante la conferencia). Estos autores la usaron como argumento para “demostrar” que el universo no podía ser infinito (el cielo nocturno no sería oscuro). Wilhelm Olbers (1823) ofreció un argumento alternativo, el universo está repleto de un gas que “absorbe” la luz de las estrellas lejanas, recuperando la idea “agradable” de un universo infinito y eterno. Desde entonces muchos otros se han cuestionado el problema y ofrecido diferentes respuestas. Según Harrison, Lord Kelvin (1901) fue el primero en dar con la respuesta correcta, que ya el mísmisimo Edgar Allan Poe (1845) anticipó en sus especulaciones cosmológicas.

La respuesta correcta: el universo no tiene energía suficiente para “encender” el cielo nocturno.

El espacio (las distancias) entre las estrellas (o las galaxias) es tan grande que no pueden rellenar estos espacios con una radiación brillante que ilumine el cielo nocturno. Que el universo sea finito en extensión (o no) o que tenga una vida finita (o no) no son relevantes para la respuesta correcta. Eso sí, es importante que la velocidad de la luz sea finita, en caso contrario no se podría explicar la paradoja en un universo infinito y eterno, y habría que recurrir a un universo donde las estrellas tienen edad finita o el propio universo tiene edad finita (como el nuestro).

Para los interesados en una “agradable” disgresión con poca matemática les recomiendo el artículo de E.R. Harrison, “The dark night sky paradox,” Am. J. Phys. 45, 119-124, 1977 , cuya matemática es suficientemente clara, de todas formas, si queréis usar estas ideas en clase para vuestros alumnos (si sois profesores de bachillerato o universidad) os recomiendo el artículo H. Knutsen, “Darkness at night,” European Journal of Physics, 18, 295-302, 1997 , que rellena los “detalles” del artículo anterior de Harrison.

“Los árboles no dejan ver el bosque,” los troncos de los árboles bloquean la visión de otros árboles que se encuentran detrás. Si A es el área (media) de bosque que contiene un sólo árbol y w es el diámetro (anchura) media del tronco de un arból, entonces el árbol más lejano que podemos ver se encuentra a una distancia media de A/w, siendo el número de árboles visibles (que cubren todo el campo visual) igual a pi*A/w². Por ejemplo, si la distancia media entre árboles es de 10 m. entonces A=100 m² y si w=0.5 m, el árbol más lejano estará a unos 200 m. y el número de árboles visibles será de 1256.

Las estrellas, como los troncos de los árboles, tienen un tamaño medio y bloquen la vista de las estrellas más lejanas. Sea V el volúmen (medio) que contiene una sola estrella y sea a el área (promedio) de la sección transversal de una estrella, entonces la estrella visible más lejana se encuentra a una distancia V/a, y el número de estrellas visibles (que cubren todo el cielo visible) es de 4*pi*V²/(3*a³). Incluso en un universo infinito que contenga un número infinito de estrellas, sólo podremos ver un número finito de ellas desde un punto dado.

Suponiendo que todas las estrellas son similares al Sol (temperatura superficial media de 5000 ºK) y que la densidad cósmica de materia es un átomo de hidrógeno por métro cúbico (según las ideas cosmológicas actuales), la estrella más lejana visible se encontraría a 10²³ años luz y el número de estrellas visibles que cubriría todo el cielo sería de 1060. Sin embargo, la vida de una estrella es mucho menor a 10²³ años, de hecho, del orden de 1010 años, con lo que la energía de radiación (luminosa) de todas las estrellas visibles es del orden de 10-13 veces la necesaria para iluminar el cielo, por eso es ocuro (prácticamente negro). Un cálculo más detallado nos da 2.34*10-13 (“Darkness at night“).

El cielo nocturno no es oscuro porque el universo sea aún “joven”, incluso en un universo mucho “más viejo” aún lo sería. De hecho, en un universo con una densidad de materia mayor que el nuestro (incluso con una vida finita, Big Bang), si ésta es suficientemente grande, podríamos tener un cielo nocturno iluminado.

rostro de vos

Tengo una soledad tan concurrida tan llena de nostalgias y de rostros de vos de adioses hace tiempo y besos bienvenidos de primeras de cambio y de último vagón

tengo una soledad tan concurrida que puedo organizarla como una procesión por colores tamaños y promesas por época por tacto y por sabor

sin un temblor de más me abrazo a tus ausencias que asisten y me asisten con mi rostro de vos

estoy lleno de sombras de noches y deseos de risas y de alguna maldición

mis huéspedes concurren concurren como sueños con sus rencores nuevos su falta de candor yo les pongo una escoba tras la puerta porque quiero estar solo con mi rostro de vos

pero el rostro de vos mira a otra parte con sus ojos de amor que ya no aman como víveres que buscan a su hambre miran y miran y apagan mi jornada

las paredes se van queda la noche las nostalgias se van no queda nada ya mi rostro de vos cierra los ojos

y es una soledad tan desolada.

Mario Benedetti

Dibujo20090912_cover_book_dios_esta_en_el_cerebroLo confieso, a veces leo libros siguiendo las recomendaciones de revistas. MUY INTERESANTE recomendaba “Dios está en el cerebro. Una interpretación científica de Dios y la espiritualidad humana” de Matthew Alper, Granica, mayo 2008.

El libro se lee fácil y puede recomendarse como lectura veraniega. En los capítulos 1 y 2 el autor busca convencernos de su necesidad de hacer una carrera científica (en realidad estudió Filosofía) para tratar de comprender la esencia detrás del concepto Dios, o sea, a Dios.

El capítulo 3 es una historia del universo desde el Big Bang hasta la aparición del hombre sobre la Tierra, que deja mucho que desear. Me parece que se ha visto la serie documental Cosmos de Carl Sagan, la primera edición, y ha copiado de allí todo lo que presenta. En casi 30 años han cambiado muchísimas cosas y me hubiera gustado que el autor estuviera un poco más actualizado al respecto.

El capítulo 4 se centra sobre Kant (yo hubiera trabajado más este capítulo citando también a Hegel) y el 5 sobre “Dios como palabra”. Ambos están muy flojos, pero supongo que el autor (siendo filósofo) no quiere escribir un libro sobre filosofía.

En el capítulo 6 empieza el “grano” del libro. Hay patrones de conducta universales en las diferentes cultura humanas. El autor expone su hipótesis de que dichos patrones de conducta están determinados por nuestros genes (como llorar cuando uno está triste). El capítulo 7 tratan sobre las conductas universales de la creencia en la “espiritualidad” y de la práctica de ritos religiosos. Cita a Freud y sobre todo a Jung, con su inconsciente colectivo, como aval para sus ideas.

¿Por qué nuestro cerebro tiene partes dedicadas a la espiritualidad y a la religiosidad? En el capítulo 7 el autor trata de dar las razones para ello. Básicamente “el miedo a la muerte”. El ser humano es el único animal que sabe que va a morir (todos los animales le tienen miedo a la muerte). ¿Cómo vivir con dicho miedo? La evolución a generado una “función espiritual” en nuestro cerebro que nos hace concebir que nuestro “yo” es eterno, inmortal y que nos conforta dicho miedo. El autor se recrea en el capítulo 8 en dichas ideas y en la importancia del “ego” en la percepción humana del mundo.

¿Alguna prueba empírica de que Dios está en nuestro cerebro? Ciertas experiencias “místicas” se pueden provocar mediante drogas (cap. 10); la religiosidad en gemelos que se han criado separados respecto a mellizos en las mismas circunstancias le hacen aludir a un “gen” de la religiosidad (cap. 11); las propiedades curativas de la oración sobre todo en enfermedades psicosomáticas ampliamente contrastadas en la literatura médica (cap. 12); los beneficios del ritual de la conversión religiosa, que salva a muchos “desamparados” que en otro caso deberían recurirr a un psicólogo (cap. 13); las experiencias cercanas a la muerte, que se pueden provocar con drogas (cap. 15); y la glosolalia, “hablar en lenguas desconocidas” (cap. 16), este último muy flojo. Todos estos datos, según el autor, ratifican su hipótesis “neuroteológica” o “bioteológica”.

Si la religiosidad es una necesidad humana que tenemos imbricada en nuestro genes, ¿por qué hay ateos? Igual que hay personas con mejores actitudes para la música que otras, también hay personas con mejores actitudes para la religiosidad o la espiritualidad (cap. 15). En la mayoría de los países de la OCDE el ateismo y el agnosticismo son muy numerosos, porcentajes superiores al 30% de la población, sin embargo, EEUU es la excepción que confirma la regla (más del 90% de la población se confiesa creyente en Dios). El autor trata de explicarlo aludiendo a que los inmigrantes originales buscaban en América la “libertad religiosa” que se les negaba en Europa, luego tenían el “gen de la religosidad” especialmente “desarrollado” (cap. 17).

En un libro escrito por un filósofo sobre Dios no puede faltar un capítulo sobre “el bien y el mal” (cap. 18). El autor afirma que en su opinión hay regiones en el cerebro para lo religioso, lo espiritual y lo moral, separadas y en diferente grado de expresión en cada individuo. La componente moral es muy importante para mantener la cohesión de grupo en un animal tan social como el humano.

Los tres últimos capítulos (19-21) se dedican al siguiente problema: bien, Dios es un producto de nuestro cerebro, de nuestra evolución por selección natural como seres inteligentes y sociales, ¿y qué? ¿pasa algo? ¿afecta ello a quienes tienen fé en su existencia? Pues no. El autor considera que las sociedades modernas deberían aceptar como un hecho la necesidad humana de la religión y lo espiritual y que deberían ponerse de acuerdo todos los credos religiosos para desarrollar un corpus común que evite las guerras entre religiones (alude entre otros a la tragedia del 11 S y a los fundamentalistas de diferentes bandos). Todo esto me suena a la “cienciología”.

El irriosorio apéndice “Experimentos que podrían demostrar la existencia de una función espiritual” es un pésimo colofón para este libro. Que lo dicho, dejarse leer, se deja leer.

Yo me considero “humanista racional” (que el autor confronta a agnósticos y ateos) y las ideas expresadas en el libro no me desagradan, pero en el presente estado de la ciencia son sólo pseudociencia. Aún así, prefiero las ideas de Alper a las que sugieren el “carnicero” von Daniken y sus seguidores sobre unos extraterrestres que convirtieron a los monos en hombres para usarlos de esclavos, se les escaparon de las manos y acabamos surgiendo nosotros (el único animal de inteligencia probada (por él mismo) sobre la Tierra).

Si te parece curiosa esta entrada, te recomiendo la lectura del libro “Dios está en el cerebro. Una interpretación [pseudo]científica de Dios y la espiritualidad humana.”

La entrada “Si las abejas desaparecen, también el hombre, lo dijo Einstein, ¿o no?,” de Martín Cagliani en el interesante blog Espacio Ciencia, me ha hecho buscar más datos sobre la frase. Obviamente, es imposible que Einstein hiciera dicha afirmación. La noticia “Albert Einstein, Ecologist?” del Gelf Magazine parece bastante instructiva al respecto. Afirma que Roni Grosz, “curator” de los Albert Einstein Archives afirma que “No hay prueba de que Einstein lo ha dicho o escrito alguna vez.” Pero, ¿realmente Grosz lo ha dicho? ¿Hay pruebas de que lo haya dicho? Doble problema.

En el foro “Einstein on Bees,” se afirma que la frase aparece por primera vez en enero de 1994, de la mano de Paul Ames, en un artículo para Associated Press sobre las protestas de los apicultores en una conferencia de los ministros de agricultura de la Unión Europea. Según Gelf Magazine Ames afirma que leyó dicha frase en un panfleto de los apicultores franceses (National Union for French Apiculture, UNAF). ¿Alguien lo ha visto o lo ha leído? Nadie. Pero creo que no debemos de dudar del Sr. Ames.

Einstein es un icono, el icono de la ciencia en el s. XX. ¿Por qué si algo lo ha dicho Einstein es más cierto que si lo digo yo o tú? Nadie lo sabe. El mito de Einstein se hizo fundamentalmente en EEUU, tras la mediática llegada de Einstein al reciente Instituto de Estudios Avanzados de Princeton. Sobre la curiosa y apasionante historia de dicha institución os recomiendo el libro “¿Quién ocupó el despacho de Einstein?”

Durante sus años de Princeton, la llegada de periodistas “buscando la noticia” al despacho de Einstein era tan habitual, cual “mosca cojonera”, que Einstein llegó a la conclusión que lo mejor era preparar ciertas frases a modo de titular con objeto de quitarse al periodista cuanto antes, ya que la mayoría lo único que quería era una frase así para construir su “noticia”. Prácticamente todas las semanas había una nueva frase dicha por Einstein, la mayoría sacadas de contexto, muchas incluso sin contexto alguno. Meras frases “lapidarias” que el periodista de turno interpretaba a su libre albedrío.

Como decía Miss Helen Dukas, secretaria personal de Einstein desde 1928 hasta su muerte en Princeton, sobre estas idas y venidas de periodistas: “Thank God, most of it can go straight into the wastepaper basket” (gracias a Dios, la mayoría (de la basofia escrita por los periodistas a partir de lo afirmado por el propio Einstein) puede ir directamente a la papelera). Citado en “Einstein. The Life and Times,” pag. 616, de Ronald W. Clark, biografía poco científica, nada que ver con la de Abraham Pais, pero que gustará más a los aficionados a las biografías “de toda la vida”.

El alma de un físico, después de varias entradas sobre cambio climático, tiene siempre que retornar a la mecánica cuántica, a qué si no.

http://es.youtube.com/watch?v=UXvAla2y9wc

¿Cuál es la diferencia entre el experimento de interferencia de Young para demostrar las propiedades ondulatorias de la luz y el experimento de la doble rendija para demostrar la dualidad onda-partícula en mecánica cuántica? Para el inexperto, ambos experimentos pueden parecer la misma cosa, pero no tienen nada que ver. En el experimento de Young la interferencia es debida al campo eléctromagnético y en el experimento cuántico debida a la función de onda de cada fotón. ¿Qué relación hay entre ambos conceptos? El artículo de E. C. G. Sudarshan and Tony Rothman, “The two-slit interferometer reexamined,” American Journal of Physics, Volume 59, Issue 7, pp. 592-595, July 1991.

El campo electromagnético asocidado a un pulso de luz corresponde al estado de superposición de muchos estados con un número variable de fotones. ¿Qué es un fotón? En electrodinámica cuántica, la teoría cuántica del campo electromagnético, se utiliza la llamada segunda cuantización, en la que se utilizan operadores de creación y destrucción de estados con un único fotón con una energía dada. Hay un estado vacío (sin fotones) y el estado con un único fotón es obtenido aplicando un operador de creación de un fotón a dicho estado vacío. ¿Cuál es el campo eléctrico asociado a dicho fotón? Este pregunta no tiene una repuesta bien definida en mecánica cuántica relativista. Los campos eléctricos son representaciones semiclásicas del campo electromagnético de un gran número de fotones. No están asociados a un único fotón. ¿Por qué? Porque la función de onda del estado con un solo fotón no es autofunción del operador de campo eléctrico, que cumple con una ecuación de tipo Schrödinger. Tampoco es autofunción del operador momento (no tiene frecuencia bien definida) ni del operador posición (no tiene posición bien definida).

¿Qué es lo que interfiere en un experimento cuántico de doble rendija con fotones “individuales”? Estados coherentes del campo electromagnético, que no son autofunciones ni del campo eléctrico (E) ni del campo magnético (B) indidualmente, sino de un operador complejo E+i*B. El patrón de interferencia no es debido a la interferencia de fotones individuales, sino a la interferencia entre estados coherentes. Estos estados coherentes se propagan como ondas “clásicas” e interfieren como en el experimento de Young.

Esto puede parecer sorprendente ya que muchos afirman que “cada fotón interfiere sólo consigo mismo, no hay interferencia entre dos fotones diferentes”. Esta frase no tiene sentido en sí misma. Si realizamos el experimento con un sólo fotón y nada más, no veremos ningún patrón de interferencia. La interferencia requiere estados coherentes.

¿Qué pasa con el patrón de interferencia si varíamos la distancia (d) entre las dos rendijas y la placa fotográfia que recibe los fotones? Para una distancia pequeña, valor pequeño de la distancia d, observamos dos manchas localizadas en la posición de cada rendija. El patrón de interferencia, aunque “existe”, es inapreciable. Para una gran distancia, obtenemos claramente el patrón de interferencia observado en los libros de texto. ¿Qué pasa para distancias intermedias? Observamos como cada pico asociado a cada rendija se ensancha y reduce su amplitud, mientras el patrón de interferencia empieza a aparecer “visible”.

François Bardou, “Transition between particle behavior and wave behavior,” American Journal of Physics, Volume 59, Issue 5, pp. 458-461, May 1991, ha introducido una función de la distancia que denomina “función de interpretación” (IF) cuyo valor para distancias cortas es prácticamente la unidad (interpretación como “partícula clásica”) y para grandes distancias es prácticamente cero (interpretación como “onda clásica”). ¿Cómo interpretamos el resultado para valores intermedios de IF? Bardou propone que dichos estados son “intermedios” entre partícula y onda. ¿Para distancias cortas podemos decir a través de qué rendija ha pasado un único fotón? No. Sólo obervamos que la manchas en la placa fotográfica se acumulan preferente en la posición de cada una de las rendijas, pero si una mancha está justo enfrente de una rendija no implica que corresponde a un fotón que ha “pasado” por dicha rendija. ¿Parece extraño? No, si se recuerda que lo que estamos observando es un patrón generado por estados coherentes no por estados cuánticos con un único fotón. Podemos afirmar lo que pasa con muchos fotones pero nunca con uno solo.

La mecánica cuántica es sutil aunque Einstein no juega a los dados (su cara por Eugenio Manuel).