El secreto de los sabios autistas es el trabajo duro

Por Francisco R. Villatoro, el 15 junio, 2009. Categoría(s): Cerebro • Ciencia • General • Medicina • Música • Noticias • Personajes • Science ✎ 3

Dibujo20090612_cover_photo_newscientist_june_6_2009Un reciente número de la revista Philosophical Transactions of the Royal Society B está completamente dedicado a los autistas sabios: autistas capaces de hacer cosas que nos parecen imposibles. Por ejemplo, Derek Paravicini es capaz de oir una obra interpretada a piano y tocarla de memoria a la perfección inmediatamente. Sin embargo, tiene dificultades a la hora de entender frases y hablar. ¿Cuáles son las razones detrás de estas formidables habilidades de los sabios autistas? La práctica obsesiva es una de ellas, se obsesionan con una tarea y la pueden repetir hasta la saciedad, sin descanso. Esta práctica modela ciertas partes de su cerebro y los hace más hábiles. También influye su obsesión por los detalles, por las partes individuales de algo, ya que muchas veces son incapaces de ver el todo y solo perciben los detalles. Todavía no tenemos todas las respuestas, pero se ha avanzado mucho en su estudio. Nos lo cuenta Celeste Biever, “The makings of a savant. Savants have phenomenal talents in music, art and mathematics, but are their gifts within everyone’s reach?,” NewScientist 2711: 3o-33, 6 June 2009.

Las habilidades de los sabios autistas (o savants) son más habituales de lo que parece. La razón más importante detrás de sus habilidades es la práctica, obsesiva, durante años. Cualquiera bien motivado puede practicar lo suficiente para adquirir habilidades similares. De hecho, se pensaba que solo 1 de cada 10 autistas era savant, pero Patricia Howlin del Institute of Psychiatry en el King’s College London y sus colaboradores han encontrado que, al menos, 3 de cada 10 autistas son sabios, destacando en alguna habilidad cognitiva particular, solo hay que ser capaz de descubrirla (“Savant skills in autism: psychometric approaches and parental reports,” Philosophical Transactions of the Royal Society B 364: 1359-1367, 27 May 2009). Francesca Happé , también en el mismo Institute of Psychiatry, y sus colegas, ha estudiado si el autismo predispone al talento en 6000 niños de 8 años. Han encontrado que los autistas presentan el doble de posibilidades, que los niños no autistas, de mostrar un interés especial por hacer algo repetidamente muchas veces (“Relationship between special abilities and autistic-like traits in a large population-based sample of 8-year-olds,” Journal of Child Psychology and Psychiatry, Published Online: 31 Mar 2009). Ella cree que esa es la clave de las habilidades especiales de los autistas: repiten una tarea, una y otra vez, sin cansarse, sin aburrirse. Más aún, los niños precoces, que no son autistas, suelen mostrar el mismo tipo de obsesión, como han mostrado Ellen Winner y Jennifer Drake del Boston College (“Precocious realists: perceptual and cognitive characteristics associated with drawing talent in non-autistic children,” Philosophical Transactions of the Royal Society B 364: 1449-1458, 27 May 2009).

Por otro lado, Simon Baron-Cohen de la University of Cambridge, cree que los autistas son hipersensitivos a la información sensorial, siendo esta la razón por la que aprecian detalles que a los demás nos pasan desapercibidos, lo que les lleva a desarrollar habilidades de sabios (“Talent in autism: hyper-systemizing, hyper-attention to detail and sensory hypersensitivity,” Philosophical Transactions of the Royal Society B 364:1377-1383, 27 May 2009). Obviamente, su obsesión por los detalles influye en sus habilidades pero no puede explicarlas exclusivamente.

¿Contribuye la práctica en las habilidades de los sabios autistas? ¿O ya nacen con un cerebro especial predispuesto a sus habilidades en ciertas tareas? Los estudios del cerebro de los sabios autistas muestran pequeñas diferencias respecto a un cerebro normal en ciertas áreas asociadas a sus habilidades especiales. Lo mismo le pasa a los taxistas de Londres, muchos de los cuales deben recordar los nombres de hasta 25000 calles y la localización de miles de lugares de interés. Eleanor Maguire y sus colaboradores del Institute of Neurology en el University College London han encontrado que los taxistas de Londres tienen parte del hipocampo más desarrollado que los conductores de autobuses y otros conductores de automóviles. Más aún, cuando se jubilan, esa parte del hipocampo decrece de tamaño (“Expand+Talent in the taxi: a model system for exploring expertise,” Philosophical Transactions of the Royal Society B 364: 1407-1416, 27 May 2009). Los conductores de taxi nacen con un cerebro normal pero lo adaptan gracias al entrenamiento hasta adquirir una habilidad que nos parece asombrosa. Es muy posible que el cerebro de los sabios autistas sea diferente no por haber nacido diferente sino por estar adaptado a unas habilidades cognitivas excepcionales. Actualmente hay cierta evidencia al respecto, aunque no concluyente (“Do calendrical savants use calculation to answer date questions? A functional magnetic resonance imaging study,” Philosophical Transactions of the Royal Society B 364: 1417-1424, 27 May 2009). El autor de este último estudio, Richard Cowan cree que cualquiera con práctica y tesón puede adquirir habilidades similares a los sabios autistas. Eso sí, hay que estar suficientemente motivado.

Parece que el misterio no es cómo logran sus habilidades especiales los sabios autistas sino qué es lo que les motiva, qué es lo que les fuerza a adquirirlas. Por ejemplo, Adam Ockelford, profesor de música y mentor de Paravicini observó como con 4 años trataba de interpretar torpemente la música que oía usando un pequeño órgano electrónico con teclas de plástico. Desde entonces hasta ahora han sido muchos años de práctica los que le han dotado de sus habilidades como concertista. Según su profesor, su motivación para aprender era extraordinaria, casi religiosa.



3 Comentarios

  1. Antes de nada, muchas gracias y felicidades por el blog, es bastante ameno y muy interesante.

    “[…]De hecho, se pensaba que solo 1 de cada 3 autistas era savant, pero Patricia Howlin del Institute of Psychiatry en el King’s College London y sus colaboradores han encontrado que, al menos, 3 de cada 10 autistas son sabios[…]”

    al menos 1/3 de autistas (es decir, el 33,333% es lo minimo que hay) es mas o menos que: al menos 3/10 (es decir, el 30% es lo minimo que hay)

    O falta información (o es culpa mía por no buscarmela, aunque este no sea un tema que me interese mucho), o las nuevas investigaciones dan unos resultado que varian muy poco casi de manera insignificante al ser una estimación (y encima a la baja)

  2. Sinceramente, en cuanto a investigación se refiere, me parece imposible abolir mi tendencia a los tópicos estéticos o de teoría del arte. Sin embargo, la ciencia es ciencia.

    Siempre he creído que detrás de todo genio hay una historia (que refiere a cierto condicionamiento de la experciencia a través de un entorno definido) de total “devoción” por el aprendizaje; algo similar a lo que Ockelford aprecio en las capacidades cognitivas de Paravicini. Por decirlo así, en cuanto a las habilidades artísticas de algunos autistas, se descubre el talento como un concepto inerte si no se edifica o “construye” éste mediante una determinación de la voluntad.

    Ahora bien, en ejercicio lógico y racional, esta incógnita subyaciente a la “predisposición” práctica-obsesiva por el “conocimiento” radica en la incapacidad de definir a un sujeto (de prueba) en una determinada singularidad concretísima, la razón de porque saben lo que saben me parece más bien oculta tras la forma en la que nosotros mismos sabemos lo que sabemos.

    Es como decir que el «el mundo es como es porque nosotros somos como somos». Entendido el mundo como un gran evento social, la frase foucaultiana tiene sentido, pues la verdad deambula entre las perspectivas de los “espectadores” presentes en el “espectáculo” y cada asiento es a su vez la “asignación” de una perspectiva única. A este paseo de la verdad entre nosotros, ante nosotros, yo creo es lo que llamamos “un esfuerzo colectivo por desentrañar los misterios de la (y nuestra) naturaleza”.

    No sé aún como aprenden los niños autistas ni los niños no-autistas, pero sé que es innegable el hecho de que el ser humano se busca también a sí mismo en el desarrollo de la ciencia.

    Gracias por el artículo, puro combustible para el pensamiento.

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Por Francisco R. Villatoro, publicado el 15 junio, 2009
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