La marquesa que tradujo los Principia de Newton al francés

Los Principia Mathematica de Isaac Newton encontraron bastante resistencia en la vieja escuela científica del continente europeo, que no quería aceptar la misteriosa «acción a distancia» de la ley de la gravitación universal. La Marquesa du Châtelet se propuso traducir al francés los Principia de Newton, una ambiciosa empresa para la cual estaba muy bien preparada, gracias a sus excelentes conocimientos de latín y geometría. Con ello esperaba familiarizar a sus compatriotas científicos con la obra del gran inglés. Embarazada a sus 42 años de edad sabía que no podría sobrevivir al parto, por lo que se concentró en la traducción día y noche. Cuentan que no solía dormir más de dos horas al día. En agosto de 1749, la Marquesa  dio a luz una niña, contrajo una fiebre puerperal y murió el 10 de septiembre. Ese mismo día, por la mañana, Émilie había terminado la traducción de los Principia. La versión en francés de los Principia fue publicada como obra póstuma en 1759 y es, hasta la fecha, la única traducción aceptada en ese idioma. Sirvió de fuente de inspiración para los físicos y matemáticos franceses de la segunda mitad del siglo XVIII. La edición original está precedida de un prefacio del gran literato francés Voltaire (amante de la marquesa) que empieza así: “Esta traducción, que los más sabios hombres de Francia deberían haber hecho y los demás tienen que estudiar, una mujer la emprendió y la concluyó para asombro y gloria de su país”. Y que termina diciendo: ”Así como debemos maravillarnos de que una mujer haya sido capaz de una empresa que demandaba tantas luces y un trabajo tan obstinado, así debemos lamentar su pérdida prematura.” Más información en Shahen Hacyan, «Émilie de Breteuil, marquesa du Châtelet, científica del siglo de las luces,» Ciencias 6-8, Abril-Junio 2007, y en la wikipedia «Émilie du Châtelet

Gabrielle Émilie Le Tonnelier de Breteuil nació el 17 de diciembre de 1706, recibió clases de matemáticas y física, y fue casada por su padre con el Marqués du Châtelet, en 1725. El Marqués pasaba largas temporadas en el frente de batalla, mientras su esposa disfrutaba en la Corte de Versalles. En 1733, mientras la Marquesa du Châtelet tomaba clases de  matemáticas con Maupertuis, sabio renombrado y galán de la corte de Versalles, conoció a Voltaire, que tras una estancia de 3 años en Inglaterra había asistido al funeral de Newton. Voltaire, que no entendía de matemáticas, se propuso divulgar los Principia en Francia con la ayuda de sus amigos científicos y en contra de los cartesianos de la vieja guardia. Émilie se llevó a Voltaire al castillo que su esposo poseía en Cirey, en la provincia de Lorena. El Marqués du Châtelet, no tenía inconveniente en compartir su residencia con tan distinguido amigo de su esposa. Allí Voltaire escribió los «Elementos de la filosofía de Newton» con el propósito de divulgar la nueva ciencia en Francia; la obra fue publicada bajo su nombre, pero en el prefacio reconocía que había sido escrita en colaboración con la Marquesa du Châtelet, a quien llamaba Madame Newton-Pompon.

La traducción de Émilie incluye un apéndice, escrito en colaboración con Clairaut, uno de sus tutores científicos, en el que atacaba diversos problemas de física, como la forma de los cuerpos rotantes, el origen de las mareas y la refracción de la luz. La traducción de los Principia de Newton fue clave para la propagación de las ideas de Newton en Francia y en todo el viejo continente. En Francia, la física de Newton fue reescrita en el lenguaje del cálculo diferencial, que culminó en la magistral «Mecánica analítica» de Lagrange y la «Mecánica celeste» de su discípulo Laplace.

Por cierto, la marquesa también escribió obras científicas propias como «Disertación sobre el fuego,» «Institución de Física,» y «Discurso sobre la Felicidad.»



4 Comentarios

    1. No, no fue Voltaire; él se enamoró de una sobrina suya que acababa de quedarse viuda en plena juventud y se mudó a París. Su relación con Émilie pasó por una grave crisis. Ella decidió trasladarse a Lorena, donde volvió a enamorarse, quizás por despecho, de un mediocre galán de corte, un tal Saint-Lambert. Su nuevo amor propició la tragedia: quedó encinta a los cuarenta y dos años.

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Por Francisco R. Villatoro
Publicado el ⌚ 11 agosto, 2011
Categoría(s): ✓ Ciencia