Reseña: “La increíble improbabilidad del ser” de Alice Roberts

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“[La] combinación de embriología, genética y evolución (lo que se conoce actualmente como evo-devo) tiene la capacidad de responder a cuestiones importantes sobre el desarrollo embrionario y la historia evolutiva de los organismos. [La] embriología y la evolución explican por qué tu cuerpo es como es. La estructura y el funcionamiento de tu cuerpo adulto es un producto de tu desarrollo embrionario y de tu pasado evolutivo. De los pies a la cabeza, eres una personificación viviente de esta historia [sobre] «cómo hemos llegado a ser humanos». [Una] historia científica, descifrada a partir de muchas pruebas diferentes, más asombrosa, más extraña y más hermosa que cualquier mito de creación que pudiéramos imaginar”.

La anatomía humana a ojos de la embriología y la evolución nos la muestra con precisión Alice Roberts, “La increíble improbabilidad del ser. La evolución y cómo hemos llegado a ser humanos”, Pasado & Presente (2018) [390 pp.], traducido por Marc Figueras. Un libro en la estela de Stephen Jay Gould, decorado con las experiencias personales y familiares de una de las grandes divulgadoras científicas británicas, que ha presentado varias series de documentales de la BBC 2. Un libro muy recomendable, sobre todo si no has leído mucho sobre evo-devo, que desvelará muchas cosas sobre tu propio cuerpo.

Alice (May) Roberts, anatomista y paleoantropóloga de la Universidad de Birmingham, no necesita presentación en las Islas Británicas, donde todo el mundo reconoce su cara gracias a la televisión. Investigadora con un gran número de artículos, ha escrito siete libros de divulgación, pero solo dos están traducidos al español (hasta donde me consta); el otro es “Evolución: historia de la humanidad”, Akal (2012). Al leer el texto es imposible evitar pensar en la Dra. Bones de las serie de televisión Bones (Huesos) sobre antropología forense. Una lectura entretenida, aunque el libro está muy bien documentado. Me ha gustado que muestre la ciencia en acción, contrastando múltiples hipótesis en competición, desde las primeras en ser propuestas, hasta las más recientes. Sin lugar a dudas un libro que disfrutarán muchos de los lectores de este blog.

El libro está dividido en 12 capítulos, todos ellos muy bien ilustrados con estupendos dibujos anatómicos en blanco y negro. El capítulo 1, “Los inicios. El enigma de la concepción y la historia escrita en nuestro cuerpo” [pp. 9-30], lo puedes leer aquí. El embarazo de la autora fue el germen del libro, que no es más que “Una breve historia de las ideas” actuales sobre cómo tu cuerpo a llegado a ser cómo es. Una historia de “Tus inicios”, desde que eras un embrión, que avanza “Recordando vidas pasadas”, al hilo de la teoría de la evolución.

“No hay nada como dar a luz para que un pensamiento parezca trascendental. [Cuando] piensas en tus orígenes como individuo, resulta difícil creer que fueras una única célula: un óvulo fertilizado, pero sabes que es cierto. Parece improbable, pero tu existencia misma demuestra que así sucedió”.

El capítulo 2, “Cabezas y cerebros. Del origen de la cabeza de los vertebrados al extraordinario crecimiento del cerebro humano” [pp. 31-71], se inicia con una pregunta: “¿Te has parado nunca a pensar por qué tienes una cabeza?” y con el desarrollo de “La primera cabeza” al hilo de la ascidia (cuya larva tiene cabeza, pero que la pierde al llegar a adulta), de los anfioxos y los gusanos bellota. “Cerebros antiguos y cerebros embrionarios” nos ilustra cómo se desarrolla el encéfalo en el embrión. “Cartografiando el cerebro humano”, de los homúnculos al libre albedrío, llegamos a las polémicas “Neuronas espejo”. Me ha gustado que se ilustre la hipótesis de que las neuronas espejo podrían ser producto del aprendizaje. Finalmente, se acaba con “La enormidad del cerebro humano”, sobre nuestro gran cociente de encefalización (EQ) y la teoría de la mente.

“Parece que hay más posibilidades de que las neuronas espejo sean una manifestación del proceso de aprender a asociar tareas que realizamos nosotros con las tareas realizadas por otros. [Es] más probable que sean una consecuencia de nuestra naturaleza social, no su causa. [El] tipo de interacción social compleja con la que disfrutamos los humanos parece depender de una capacidad particular que se ha denominado teoría de la mente, considerada un hito de la psicología humana. Se trata de la capacidad de atribuir estados mentales a uno mismo y a los demás, y de comprender que las creencias y los objetivos de los otros son diferentes de los propios”.

“Cráneos y sentidos. Cimientos para construir un cráneo y órganos para sentir el mundo que nos rodea” [pp. 73-1o8], el capítulo 3, se inicia con “La cresta neural y el origen del cráneo”, una de cuyas protagonistas es la embrióloga Julia Platt. “Cómo construir un cráneo” nos lleva a las “Formas del cráneo”, donde se nos recuerda que en el pasado se llegó a moldear la cabeza de los niños pequeños. Se dedica especial atención a los sentidos que radican en la cabeza en “Oír, escuchar”, “Oler” y “Ver”.

“Observando las lampreas modernas, parece claro que los ojos de los primeros vertebrados no solo eran complejos y capaces de formar imágenes, sino que tenían visión en color. [Casi] todos los mamíferos solo tienen dos tipos de conos y una cantidad comparativamente pequeña en la retina; de estos mamíferos, solo un círculo exclusivo de los primates ha desarrollado nuevamente la visión en color, con tres tipos de conos, en lugar de dos”.

El capítulo 4, “El habla y las branquias. Los acuáticos orígenes de la laringe” [pp. 109-138], empieza con “Un hueso en forma de U y un cartílago en forma de mariposa”. La autora es anatomista y se nota mucho en sus detalladas descripciones de la anatomía humana y comparada. “Mitos laríngeos”, protagonizado por la antropóloga evolutiva Leslie Aiello, nos lleva a la “Gravedad varonil”, a “Una voz con agallas” y a “El extravagante viaje del nervio laríngeo inferior”. Finaliza el capítulo con “Huesecillos y articulaciones maxilares”, “Casi unas agallas” y “Von Baer y la genética”.

“Tal vez aún nos creemos la cúspide de la evolución, el último escalón de una scala naturae, en lugar de vernos como una mera ramita que ha logrado sobrevivir en una parte del árbol de la vida que, por lo demás, ha sufrido una concienzuda poda. [El] recorrido del nervio vago es una de las rarezas más desconcertantes de la estructura anatómica adulta, y aún resulta más extravagante en una jirafa, con un larguísimo recorrido por el cuello del animal. ¿Cómo demonios puede un nervio perderse de este modo, llegando al pecho para después volver sobre sus pasos hasta alcanzar la laringe, cuando una sencilla rama horizontal en el cuello sería mucho más eficiente? [Esta] excentricidad anatómica cobra sentido cuando aprendes un poco de embriología.”

El quinto capítulo, “Columnas y segmentos. Una disposición vital y la evolución de una sinuosa columna vertebral” [pp. 139-162], nos presenta los genes Hox en las “Moscas de la fruta y el origen de la columna vertebral”. Empezando por “El desarrollo embrionario de las vértebras” se describe la “Anatomía de la columna y de la médula”, sin olvidar los “Discos herniados y articulaciones dañadas”, “Unas largas columnas lumbares” y “Un pariente muy tieso”, sobre los neandertales.

El capítulo 6, “Costillas, pulmones y corazones. Las costillas de nuestros antepasados y el corazón y los pulmones de los peces” [pp. 163-186], se inicia con “La caja torácica y el diafragma”, las “Formas torácicas”, las “Costillas fósiles” y “El tórax de los neandertales”. El libro describe todos los órganos humanos, ilustrando su desarrollo embrionario, cómo la evolución nos ha llevado hasta ellos y cómo afectan a nuestra condición como humanos. En este capítulo son protagonistas “El corazón”, el “Desarrollo embrionario del corazón” y los pulmones en “Cómo hacer unos pulmones”.

“La próxima vez que salgas a dar una vuelta, intenta andar con un paso largo y relajado y fíjate cómo se mueve tu tórax, hombros y brazos. [Si] intentas mantener los brazos quietos, te darás cuenta de que andar resulta mucho menos cómodo; además, también es menos eficiente en términos energéticos. [La] forma de tu caja torácica refleja tu postura y cómo te desplazas. [Cuando] estudio huesos de neandertal siempre me sorprende lo robustos y gruesos que son. [La] caja torácica se ve imponente; en comparación con las costillas de las poblaciones humanas modernas”.

El séptimo capítulo, “Tubos digestivos y sacos vitelinos. Nuestros vínculos con ancestros ovíparos y simios frugívoros” [pp. 187-201], se inicia con “El crecimiento y las contorsiones del tubo digestivo”, donde la propia autora nos describe cómo observó el suyo propio en “Un viaje alucinante”. Finaliza el capítulo “Sobre la falta de singularidad de los intestinos humanos”, para dar paso al muy interesante octavo capítulo, “Gónadas, genitales y gestación. La reproducción y la indefensión de los niños humanos” [pp. 203-233]. Se inicia con “Bultos, bollos y tubos” en el embrión y sigue con “Vigila las pelotas: la fantástica migración de los testículos (y ovarios)” que determina nuestro sexo externo. “Penes, clítoris y orgasmos” nos habla del orgasmo femenino, “Manos a la obra” del sexo sin procreación en especies sociales y “Un fuerte apretón” del parto en humanos.

El capítulo 9, “La naturaleza de las extremidades. Aletas, extremidades y antepasados” [pp. 235-249], vuelve a iniciarse con la embriología en “Extremidades en gemación y placas de crecimiento”, para adentrarse en la evolución en “El baile de los miotomas” y “Aletas y extremidades”, finalizando en “Una saga de Groenlandia” con la paleontóloga Jenny Clack como protagonista. “De cintura para abajo. Antes de correr, aprende a caminar” [pp. 251-281], el décimo capítulo, se inicia con “Dos patas sí” y “Las caderas de Lucy y la rodilla de Johanson” (por su descubridor, el paleontólogo Donald Johanson). Los breves “Huellas antiguas” y “Las limitaciones del pie humano” nos llevan a “Los orígenes del bipedismo”. “Nacidos para correr” y “Una novedad muy innovadora” sirven de excusa para hablar de epigenética.

“En tan solo una generación. [El] hecho de correr puede ser muy importante para un grupo de humanos. En cuanto unos pocos empiecen a correr, es muy probable que los demás los sigan; además, los niños imitarán a los adultos. [Al] empezar a correr, estos individuos han influido en su propio futuro evolutivo; el potencial genético para la carrera se habrá seleccionado favorablemente. [No] empezó con una mutación genética al azar recogida por la selección natural, sino con un cambio de comportamiento. [La] adaptación fenotípica podría ser un importante generador de novedad en la evolución. [No] estamos diciendo que Darwin se equivocara y que la selección natural no sea importante. [La] cuestión es que las cosas podrían ser algo más complejas y que Lamarck no iba tan desencaminado, después de todo”.

El capítulo 11, “Hombros y pulgares. Antepasados trepadores y manos humanas singulares” [pp. 283-301], se inicia con “La movilidad de los brazos”, pasando a “Los hombros de los homininos” y “Codos, muñecas y manos”. Un punto clave son “Las manos de nuestros antepasados” y “Unos pulgares singulares”, que nos llevan al último capítulo, “Lo que nos ha hecho humanos. Nuestra pequeña rama del gran árbol de la vida” [pp. 307-319], que se inicia con una referencia al título del libro, “La improbabilidad del ser “, para recordarnos que somos “Dueños de nuestro destino”. Así es “La singularidad humana” y ese es “Nuestro lugar en el mundo”.

“Ahora que llegamos al final de este viaje anatómico, puedes mirar tu mano y verla no solo como algo que se formó a partir de una diminuta yema en tu embrión en desarrollo, sino también como algo que ha evolucionado a partir de la aleta de una pez durante millones de años y millones de generaciones. [Eres] el producto de la evolución; de tus ojos cromosensibles hasta tu laringe vocalizadora y tu cara sonriente, de los extremos de tus cortos y alineados dedos de los pies hasta las puntas de tus robustos pulgares y hábiles dedos. Hay una riquísima historia oculta en tu estructura anatómica. Tal como lo expresó Terry Pratchett de un modo tan maravilloso, «somos historia»”.

Finaliza el libro con los “Agradecimientos y lecturas adicionales” [pp. 321-344], el extenso “Índice alfabético” [pp. 345-382], el “Índice de ilustraciones” [pp. 383-385] y el “Índice” de contenidos [pp. 387-390]. En resumen, un estupendo libro sobre evo-devo que combina vivencias personales de la autora con un exhaustiva descripción de la anatomía humana al hilo de la embriología y la teoría de la evolución. En algunos pasajes la descripción anatómica precisa de la autora hace que la lectura sea un poco más pesada, pero luego les siguen otros más digeribles que compensan por el esfuerzo. Por ello, seguro que muchos de vosotros disfrutaréis de este libro.