Reseña: «Orígenes: El universo, la vida, los humanos» de Carlos Briones et al.

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«Orígenes… un eslabón más en el avance del pensamiento crítico, [una] prueba de lo que somos los humanos: primates con una curiosidad insaciable, asomados al abismo de nuestros orígenes.» Tres libros en uno. Una iniciativa coordinadora por Carlos Briones. «Orígenes: El universo, la vida, los humanos» Crítica, Editorial Planeta (2015), es un libro de Carlos Briones [páginas 145–339] cuyo prólogo es un libro de Alberto Fernández Soto [pp. 29–143] y cuyo epílogo es un libro de José María Bermúdez de Castro [pp. 341–469]. Por supuesto, este estupendo libro tiene su propio prólogo, firmado por Ricard Solé [pp. 13–20], y su introducción [pp. 21–28] y su epílogo [pp. 471–480] firmados por el trío de autores.

Me ha gustado mucho. Una edición muy cuidada, que incluye ilustraciones de Eduardo Saiz. Un libro muy recomendable que demuestra que en español también se puede escribir divulgación de calidad. Una lectura sugerente y digestiva, aunque cada autor tiene su propio estilo. El primer libro, el de Alberto, es el que menos me gusta, quizás porque soy físico. Me ha gustado mucho el segundo, escrito por Carlos, sobre el origen de la vida, la química prebiótica, el mundo ARN (llamado RNA en el libro) y LUCA. La parte final de este libro de Carlos, sobre la evolución de la vida hasta los primates, me gusta menos. También he disfrutado del tercer libro de José María, cuyos capítulos tienen títulos muy musicales; no defrauda, pero se echa en falta más espacio (algunos temas se le quedan en el tintero, como es de esperar dado su conocimiento enciclopédico).

En resumen, si no lo has leído aún quizás deberías acercarte a una librería. No te arrepentirás. Carlos Briones va camino de convertirse en uno de los grandes referentes en la divulgación en español. «Orígenes» es un paso más en su camino hacia la gloria.

Como cuenta el prólogo «el principal objetivo de [este] libro [es] mostrar las secuencias lógicas de procesos con las que los científicos estamos intentando explicar cómo se produjo el origen de la materia y de la vida, y también el de este tipo de materia viva que es capaz de preguntarse por sus orígenes: nuestra especie. [A] partir de los [fenómenos] más probables debemos ser capaces de construir un relato lógico que nos permita avanzar hacia lo que pudo ocurrir en cada uno de los orígenes» [pág. 22]. «Las preguntas se suceden, se combinan, generan nuevas. Precisamente ése es el trabajo de la ciencia: responder algunos interrogantes pero, sobre todo, plantear los que surgen con cada respuesta» [pág. 28].

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Alberto Fernández Soto, doctor en Ciencias (Física), empieza «El universo» con una cita de Steven Weinberg y recorre el camino de su libro «Los tres primeros minutos del universo» (recuerda demasiado a dicho texto sin citarlo de forma explícita). En «Bases del modelo» [pp. 33-37] podemos leer «el tiempo tiene un límite temporal inferior (un instante t=0), mientras que el espacio aparece como infinito desde el primer instante, [un] detalle crucial para entender muchos otros conceptos clave en nuestra visión global del Universo y su historia» [pág. 34]. «La física del enfriamiento» [pp. 39-54] describe la teoría del Big Bang, relegando al siguiente capítulo las «Pruebas observaciones» [pp. 55-98] que la apoyan. «De hecho, muchas cosas se entienden mejor si consideramos que, incluso en el instante inicial de la propia Gran Explosión, el Universo ya era infinito en extensión» [pág. 67].

En general se usa el hilo de la historia y sus personajes para presentar nuestras ideas sobre los orígenes del Universo. Todas las analogías y metáforas presentadas son bien conocidas por los buenos aficionados a la divulgación, pero serán muy sugerentes para quienes las lean por primera vez. Por ejemplo, «imaginemos que ocupamos un campo enorme, que está lleno de gente. Todas las personas a nuestro alrededor y nosotros mismos estamos gritando. [Tenemos] orden de dejar de gritar cuando el reloj alcance las doce en punto, [el] ‘momento del último grito’… ¡Silencio!» [pág. 84]. «[El] símil [de] Lineweaver es un excelente modo de entender [el origen del] fondo cósmico de microondas» [pág. 87].

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La materia y la energía oscuras aparecen en «Nuevos componentes» [pp. 99-118]. Por cierto, me gusta que los divulgadores ya no tengan miedo de poner una ecuación en un libro. «La ecuación del campo de Einstein» para la gravedad aparece en la página 110 (aunque añoro una explicación detallada de todas las ecuaciones que se presentan). Una pena que solo merezca dos páginas la «Cosmología de precisión» [pp. 117-118]. Parece más importante «El futuro de nuestro pasado» [pp. 119-130], que presenta de forma muy breve el problema de la asimetría materia-antimateria y la teoría de la inflación. Finaliza su libro Alberto con «Y el final del origen…» [pp. 131-143].

Está bien hablar de BICEP2, Laniakea, la simulación cosmológica Millennium y los últimos resultados del telescopio espacial Planck de la ESA, entre otros temas recientes, pero 113 páginas dan para poco, para muy poco. Se echa en falta una discusión más detallada de muchos temas. El libro de Alberto es el que menos me ha gustado de los tres que componen «Orígenes» (repito, quizás porque soy físico). Debe ser que todos los físicos somos unos pedantes, pero se nota una gran diferencia entre el tono de este primer libro y el de los otros dos. Me hubiera gustado un tono más similar al de José María. La ciencia es una construcción continua y se echa en falta una exposición acorde a lo expresado en el capítulo de Introducción. Pero no quiero criticar más esta cuestión aquí porque yo me tengo que aplicar el mismo parche.

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Carlos Briones Llorente, doctor en Química (Bioquímica), nos deleita con un libro repleto de jerga pero con el que he disfrutado un montón, «La vida», que se inicia hace 3.500 Ma (millones de años). Experto en «química prebiótica, que estudia cómo a partir de moléculas inorgánicas sencillas pudieron formarse los monómeros biológicos y los biopolímeros de cuya interacción funcional surgirían los seres vivos. [Todos] formamos parte de una gran familia. La especie ancestral de la que derivamos se ha denominado último ancestro común universal (LUCA) o cenancestro» [pág. 149]. La panspermia «puede resultar muy provocativa o sugerente, [pero] no resuelve ningún problema: simplemente lo cambia de lugar» [pág. 151].

«¿Qué es la vida?» [pp. 153-160] y «La química de los seres vivos» [pp. 161-170] nos llevan a las «Aproximaciones al origen de la vida» [pp. 171-185]. Sin olvidar a Darwin y su «aproximación bottom-up al origen de la vida» [pág. 180] se discute la hipótesis de Oparin–Haldane, «el primer planteamiento científico en el campo del origen de la vida». «Oparin usó una metáfora que es [muy] conocida: la sopa primitiva. En ese medio acuoso, las proteínas se agruparían entre sí formando agregados, a los que llamó coacervados, separados de la disolución gracias a una membrana lipídica que los rodeaba» [pág. 183]. «Haldane [discutió] el paso de la materia inanimada a los seres vivos [en] una atmósfera primitiva anoxigénica (carecía de oxígeno) y compuesta por los gases reducidos propuestos por Oparin» [pág. 184].

Me gusta «La química prebiótica» [pp. 187-213], en especial la mención a «los pioneros: Miller y Oró», sin olvidar a Herrera. «Miller propuso a Urey como tema de investigación probar [de forma] experimental el modelo de Oparin sobre el origen de las primeras biomoléculas» [pág 193]. «Se producían 13 de los 20 aminoácidos presentes en las proteínas» [pág. 196]. «En el enrarecido ambiente político de la Guerra Fría, la controversia entre los partidarios del DNA (casi todos norteamericanos) y de las proteínas (fundamentalmente soviéticos) se convirtió en algo más que un debate científico» [pág. 198].

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«¿Cómo se seleccionó la quiralidad de los aminoácidos (zurdos) y de los nucleótidos (diestros)?» [pág. 203]. «Entre los procesos abióticos deterministas se ha barajado la opción de que, como consecuencia de interacciones nucleares débiles dentro de sus átomos, los L-aminoácidos y D-azúcares fueran ya desde su origen ligeramente más estables que los enantiómeros opuestos» [pág. 205]. «El puñado de moléculas que éramos todos los seres vivos hace unos 3.900 Ma» aparece en la página 207. Realmente he disfrutado mucho del capítulo «La química prebiótica» y me ha dejado con muchas ganas de pasar a «El modelo del Mundo RNA» [pp. 215-239]. «¿Qué surgió antes, el DNA o las proteínas? La paradoja del huevo y la gallina» se revuelve recurriendo al RNA [pág. 216].

La hipótesis del Mundo RNA de Rich (1962) de la mano de Woese, Orgel y Crick (1967-1968) se concretó gracias al descubrimiento en 1970 «de una actividad transcriptasa reversa en ciertos virus capaces de copiar su genoma de RNA en forma de DNA» y en 1982 «de los intrones auto-catalíticos (ribozimas), moléculas de RNA capaces de catalizar reacciones bioquímicas al igual que lo hacen las enzimas de naturaleza proteica» [pág. 217]. «Ribozimas y ribosomas» [pág. 220], rRNA, tRNA, mRNA y la posible «co-evolución entre el código genético y las rutas biosintéticas de aminoácidos. [La] interacción entre los sistemas de síntesis de aminoácidos/péptidos y de nucleótidos/RNA, [sugieren] un Mundo ribonucleopeptídico con grandes posibilidades funcionales. [Quizás no fue] causal, [sino] casual, fruto de eventos azarosos que durante el Mundo RNA fueron uniendo cada aminoácido a uno o más tRNAs, quedando [como] accidentes congelados» [pág 223].

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Más allá de ideas atractivas también se puede estudiar la «Evolución de RNA in vitro» [pág. 226]. «In vitro [se] producen nuevas ribozimas y DNAzimas (de las que no se conocen ejemplos en la naturaleza), [lo que] demuestra [cosas que] la aproximación top-down no [puede] desvelar: el RNA tiene la potencialidad química para realizar un gran número de funciones catalíticas» [pág. 230]. De los aptámeros se llega a «Los primeros replicantes» [pág. 231] y la modelo de las cuasiespecies. «No podemos saber cuántas veces se inició este proceso, pero lo más lógico es asumir que debieron de ser numerosas, en diferentes entornos y con distintas condiciones fisicoquímicas» [pág 233].

Me ha gustado mucho la discusión del «Origen del RNA y de los mundos pre-RNA» y, en especial, el uso de la primera persona: «Todo lo descrito [muestra] algo que distintos autores hemos propuesto en el contexto de la vida. [Proponemos] un origen paso a paso de moléculas de RNA funcionales por medio de un mecanismo que hemos denominado evolución modular» [pág. 235]. He disfrutado mucho de este capítulo, que incluye pinceladas de actualidad como los cuatro tipos de XNAs descritos por Holliger en 2015, «que son capaces de realizar funciones catalíticas de corte y unión de las propias moléculas, por lo que [son] XNAzimas» [pág. 237].

«Virus y viroides» [pp. 241-252] nos lleva de los Narnavirus «(derivado de Naked RNA virus, bautizados por el grupo de María Rosa Esteban)» y de los Deltavirus a los viroides [pág. 247]. «Compartimento, metabolismo y replicación» [pp. 253-277] nos describe las ideas básicas sobre cómo pudo surgir la vida: «Secuencias del tipo C→CM→CMR, C→CR→CRM, R→RC→RCM u otras variantes» [pág 268]. «Es evidente que la creación de vida artificial resulta hoy en día un reto inabordable tanto por el escaso conocimiento que tenemos de la biología como por la aún limitada tecnología disponible. Pero se está avanzando muy rápidamente y quizá en el futuro esto se consiga» [pág 277].

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El tema del origen de la vida es apasionante y Carlos disfruta enseñando un poco de lo mucho que sabe. He disfrutado mucho de estos capítulos, incluido «De las primeras células a LUCA» [pp. 279-290]. Sin embargo, el libro empieza a flojear un poco con «La evolución de la vida» [pp. 291-309]. Quizás estoy sesgado por las cuestiones que a mí me interesan, y no puedo negar lo sugerente del concepto del arbusto de la vida, en lugar del árbol de la vida de Darwin, pero solo me ha gustado la última sección «Los genomas: archivos de la evolución», aún siendo muy breve.

El resto del libro de Carlos recorre a salto de mata la evolución de las especies. En «Bacterias y arqueas» [pp. 311-319] se pasa de LUCA a LACA, y en el «Origen y evolución de los eucariotas» [pp. 321-339], de LECA a la «La explosión cámbrica», acabando con «El sueño del pez ancestral». La verdad esta parte final del libro de Carlos no me gusta. Parece que se fuerza un puente hacia el libro de José María y se nota mucho que está muy forzado.

La verdad de «Orígenes» lo que más he disfrutado es la química prebiótica presentada por Carlos. Sin miedo a la jerga y con un lenguaje más próximo al ensayo que a la divulgación se discute con mucha pasión un tema realmente apasioante.

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José María Bermúdez de Castro Risueño, doctor en Biología (Paleontología), Premio Príncipe de Asturias 1997, nos interpreta una sonata en siete movimientos, «Los humanos», cuyo «Preludio» [pp. 343-346] se inicia con el origen de los primates. «Andante» [pp. 347-361] de los primeros homínidos y de las «hipótesis más parsimoniosas, [las] que requieren menos pasos evolutivos» hacia el bipedismo. «¿Por qué somos bípedos? La marcha bípeda requiere un 75% menos de energía que la marcha cuadrúpeda» [pág. 356]. «En 1994 se conocieron los primeros datos sobre Ardipithecus ramidus, que vivió hace entre 4,5 y 4 Ma. [No] parece haber dudas sobre [su] bipedismo» [pág. 357].

«Allegro ma non troppo» [pp. 363-382] se inicia recordando que «basta con que aparezcan unos cuantos fósiles de cierta antigüedad en algún yacimiento africano para crear un debate científico sobre su posible identidad como representantes de la genealogía humana» [pág. 363]. «Ardi y Lucy: ¿madres de la humanidad?» [pág. 369] nos llevan al «esquema de las relaciones filogenéticas hipotéticas entre las diferentes especies de homininos no pertenecientes al género Homo» [pág. 381]. «Allegro agitato» [pp. 383-409], nos descubre a los «Parántropos: el arte de sobrevivir» [pág. 387] de hace 2,5 Ma. Las ilustraciones de Eduardo Sáiz a dos tintas son realmente espectaculares. «Aunque en las dos últimas décadas varios investigadores han reclamado que Homo habilis fuera considerada como una especie más del género Australopithecus, lo cierto es que la fuerza de la constumbre ha impedido que esta reclamación tuviera demasiados seguidores» [pág 390].

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«Tanto los australopitecos como los parántropos fueron capaces de fabricar instrumentos. [En] el momento de redactar estas líneas, hemos conocido las revelaciones de la arqueóloga Sonia Harmand (abril 2015)» [pág. 392]. «La impresión de quien firma estas líneas es que nos encontramos ante un cambio de paradigma y que el concepto de ser humano tendrá que sufrir una profunda revisión» [pág. 393]. «Muchos investigadores son incapaces de imaginar a un pequeño grupo de habilinos disputando la comida a buitres y hienas, [pero] en mi opinión, no podemos descartar que nuestros antepasados tuvieran la fortuna de acceder a presas muertas de manera natural o a restos de animales cazados por otros depredadores. [Aunque] la hipótesis del hominino carroñero resulta poco parsimoniosa, porque implica varios pasos evolutivos complejos y contradictorios» [pág. 396].

«La primera migración bien documentada de los homininos fuera del continente africano. Esta expansión sucedió a través del Corredor Levantino siguiendo el curso del Gran Valle del Rift» nos la cuenta José María en «Preparados para el primer viaje» [pág. 399]. «A propósito del estudio de los cráneos del yacimiento de Dmanisi, se ha llegado a proponer que todos los fósiles africanos del género Homo del Pleistoceno Inferior tendrían que ser incluidas en Homo erectus. [Sin embargo,] los expertos especulan con la necesidad de proponer una nueva especie, de la que ahora no existe ni un solo fósil. Son las paradojas de la evolución humana» [pág. 407].

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«Vivace» [pp. 411-429] nos habla de Homo antecessor y el camino hacia la modernidad. Nos confiesa José María que «los científicos no sólo dudamos, sino que a veces nos enzarzamos en largas controversias. [Un] puzle sin bordes ni esquinas, que plantea un enigma endemoniado» [pág. 423]. En «Allegro molto» [pp. 431-440] se nos cuenta que «queremos saber cómo, cuándo y por qué surgió Homo sapiens. No son cuestiones banales, que podrían ser enfocadas desde muchos puntos de vista. Sin embargo, nuestro objetivo es sólo científico» [pág. 431]. «Los yacimientos de China sugieren la presencia de Homo sapiens más allá de la barrera de los 100.000 años (yacimiento de Zhirendong, sur de China), un evento que aún requiere investigación y datos más consistentes» [pág. 400].

«Las claves del cerebro» son el inicio de «Presto» [pp. 441-462] que nos lleva a «El gran salto de la humanidad». «Homo sapiens es la única especie de la genealogía humana que queda en el planeta» [pág. 450]. «¿Por qué actualmente somos la única especie humana del planeta?, ¿qué sucedió con las demás especies del género Homo?, ¿qué diferencia cualitativa nos ha permitido ser los últimos de la genealogía humana?» [pág. 458]. «Prestissimo» [pp. 463-469] de José María nos lleva tal cual al «Epílogo» [pp. 471-480] escrito por los tres autores.

En resumen, me hubiera gustado que cada autor hubiera tenido más espacio para explayarse, pero en conjunto «Orígenes» está muy bien. Una buena idea y un buena factura. Sin lugar a dudas si te atreves, lo disfrutarás.



8 Comentarios

  1. Te agradezco esta gran reseña, Francis, y me alegra que a un lector (y escritor) tan exigente como tú le haya gustado mucho nuestro ‘Origenes’. En cualquier caso, se nota que lo has leído con mucha atención, y comentarios como los tuyos son los que nos ayudan a mejorar.

    Sólo un par de matices por mi parte. El primero es que las tres secciones del libro son igualmente importantes, aunque su extensión sea distinta. De hecho, el libro es precisamente eso: una obra conjunta. Y quizá lo más interesante (además de novedoso) para el lector sea la Introducción y el Epílogo del libro, escritos a tres manos. En cuanto a las partes finales de las secciones de Alberto y mía, en efecto en ellas ‘aceleramos’ con respecto a la profundidad con la que tratamos el origen correspondiente. Pero esto lo advertimos en el texto, claro. Para entender el conjunto de la obra era necesario tender esos ‘puentes’ entre los tres orígenes… aunque si los hubiéramos expuesto con tanto detalle como el resto, el libro habría sido mucho más largo. Ah, y por último otra cosa: has puesto una foto de Eudald en vez de José María…

    En fin, ya seguiremos hablando sobre el libro en directo, pero te agradezco de nuevo que hayas buceado hasta el fondo de estos ‘Orígenes’… y a tu vuelta nos hayas expuesto lo que más y lo que menos te ha gustado. Ojalá tengamos muchos más lectores como tú. Un abrazo.

  2. Este libro es muy bueno. Lo reseñe hace poco y tengo la intención de releerlo en un par de años.

    Salud
    Nota: Francis, la foto que has puesto no es la de JM Bermúdez de Castro sino la de Eudald Carbonell, con quién estuvimos en septiembre en Bilbao 😉

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Por Francisco R. Villatoro
Publicado el ⌚ 24 octubre, 2015
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