La Traca #9 Luciérnagas: Ácaros en la oreja de un veterinario (Ig Nobel 1994)

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Ya está disponible el podcast #9 de La Traca (de la Ciencia), mi sección en el programa de radio Luciérnagas de Dante Cáceres. Divulgación científica en la Radiotelevisión Diocesana, en el canal de Radio Santa María de Toledo. Se emite todos los martes a las 22:40 horas (hora de Madrid), los miércoles a las 03:00 horas y los domingos a las 24:00 horas.

Ácaros en la oreja de un veterinario (Ig Nobel 1994). Muchos avances de la Medicina son llevados a cabo por médicos que se arriesgan a experimentar consigo mismos. Un buen ejemplo es el veterinario Robert A. López, de Westport (Nueva York), quien en 1968 investigó la transmisión del ácaro del oído, Otodectes cynotis, de los gatos a los humanos. Extrajo ácaros de las orejas de gatos y los introdujo en su propio oído para observar y analizar con cuidado los resultados. Su experiencia personal le permitió sentir lo mismo que un gato infestado y mejorar el tratamiento de la infestación de los mininos.

El veterinario Robert A. López recibió el premio Ig Nobel de Entomología del año 1994 por su estudio publicado en Robert A. Lopez, “Of mites and man” (“De ácaros y hombres”), Journal of the American Veterinary Medical Association 203: 606-607 (1993), PMID: 8407518. He extraído este texto (con cambios) del capítulo “Una oruga en la oreja” [pp. 163-167] del libro de Marc Abrahams, “Los premios Ig Nobel. Cuando la ciencia hace reír”, Vergara (2004).

La historia se inicia con una madre que trajo su hija de tres años a la consulta junto a dos gatos infestados de ácaros del oído. La niña se quejaba de molestos picores y mostraba signos de picaduras. El médico recomendó la visita a un pediatra. Más tarde se enteró de que tras desparasitar a los gatos desapareció el problema. Un año más tarde volvió la madre a la consulta quejándose de picores con picaduras en los tobillos. Tras desparasitar al minimo cesaron las picaduras.

En 1968 no había pruebas médicas de que este ácaro de los gatos pudiera infestar a los humanos, así que el doctor Robert A. López decidió hacer la prueba consigo mismo. Extrajo ácaros del oído de un gato infestado con una escobilla en su oído izquierdo. Pudo oír sonidos de araños y sintió el movimiento de los ácaros en su canal auditivo. Esa noche no pudo dormir porque oía una extraña cacofonía de ruido acompañada de dolor cada más intenso. El picor y los ruidos se hicieron cada vez más intenso y el doctor Robert A. López pudo comprobar en primera persona qué es lo que debía sentir un gato infestado con el ácaro Otodectes cynotis. Durante el día siguiente las molestias se redujeron, con lo que pegó alguna cabezada, pero volvieron al llegar la noche. Los ácaros se alimentaban de noche y era imposible conciliar el sueño de noche, así que había que dormir por la tarde.

Tras tres semanas con los ácaros en el oído el canal auditivo se saturó de desechos y el buen doctor se quedó sordo del oído izquierdo. A la cuarta semana los ácaros redujeron la actividad en el oído y el doctor notó cómo se arrastraban por su cara. Nunca llegaron al oído derecho o provocaron molestia en alguna otra parte. Al cabo de un mes las molestias desaparecieron, tanto el picor como los ruidos internos, pero su oído estaba lleno de una sustancia. Se limpió el oído con lavativas y bastoncillos empapados en agua tibia. A la sexta semana ya no tenía señales de que alguna vez hubiera estado infestado.

Por increíble que parezca, a la octava semana el doctor decidió probar otra vez el experimento. Extrajo ácaros de otro gato y los introdujo de nuevo en su oído izquierdo. Todo volvió a repetirse, los picores, los problemas para dormir durante la primera semana, siendo menos intensos durante la segunda semana. Su audición sufrió mucho menos y a la tercera semana se limpió los desechos con agua tibia y la infestación desapareció.

Había muchas preguntas en el aire. ¿Había inmunidad? ¿El oído humano no responde a la invasión de este ácaro? El arriesgado doctor decidió repetir por tercera vez el experimento, de nuevo en su oído izquierdo. Los picores y el ruido fueron mucho menores, se acumularon menos desechos y su audición se vio poco afectada. Sentía los ácaros en su oído y a partir de una semana sentía como los ácaros se movían por su cara. Pero tras una lavativa con agua tibia se recuperó rápidamente.

El estudio sugirió muchas cuestiones. ¿Existen en los mamíferos una reacción inmunológica a los parasitismos, y en concreto al ácaro Otodectes cynotis? Tras estudiar gatos se observó que las crías de gato sufren más infestaciones de oído por ácaros que los gatos adultos. Por otro lado, ¿siguen los ácaros otodécticos unas pautas regulares de alimentación? ¿Cuándo será más efectiva la aplicación del tratamiento? Su recomendación a sus clientes fue aplicar el tratamiento hacia el final del día.

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