Para qué sirve un doctorado cuando no hay puestos de trabajo para los doctores

Hace años obtener un doctorado era una garantía para iniciar una prometedora carrera investigadora; a medio plazo todo doctor obtenía un buen puesto de trabajo académico en una universidad o en un instituto de investigación o el departamento de I+D de una gran empresa. Ahora las tornas han cambiado. Hay demasiados programas de doctorado produciendo demasiados doctores para un mercado laboral limitado. Como resultado muchos doctores no pueden desarrollar una carrera académica o investigadora. En plena crisis económica, una crisis que muchos creen que durará muchos años, es el momento de replantearse para qué sirve un doctorado. Nos lo cuentan el editorial “Fix the PhD,” Nature 472: 259–260, 21 April 2011; Mark Taylor, “Reform the PhD system or close it down,” Nature 472: 261, 21 April 2011; David Cyranoski, Natasha Gilbert, Heidi Ledford, Anjali Nayar, Mohammed Yahia, “Education: The PhD factory. The world is producing more PhDs than ever before. Is it time to stop?,” News Feature, Nature 472: 276-279, 21 April 2011; Alison McCook, “Education: Rethinking PhDs. Fix it, overhaul it or skip it completely,” News Feature, Nature 472: 280-282, 21 April 2011; Peter Fiske, “What is a PhD really worth?,” Nature 472: 381, 21 April 2011; y Raymond Gosling, Cheryll Tickle, Steve W. Running, Yao Tandong, Andras Dinnyes, A. A. Osowole, Erika Cule, “Seven ages of the PhD,” Nature 472: 283–286, 21 April 2011.

El mundo tiene muchos problemas y tiene un montón de gente con una formación académica excelente para resolverlos. La mayoría de los países, convencidos de que la educación superior y la investigación científica son claves para el crecimiento económico y la prosperidad, están ampliando la educación doctoral. Parece una buena noticia que cada vez haya más doctores en ciencia, tecnología e ingeniería. Pero según nos recuerdan en Nature, hay razones para la cautela. Un crecimiento ilimitado podría diluir la calidad de los doctorados. Además, los doctores más brillantes ya no son la élite de las instituciones académicas y deben ocupar puestos de posdoctorado mal pagados entre cinco y diez años antes de encontrar un puesto académico permanente, si lo encuentran. Esta carrera de obstáculos desilusiona a muchas mentes brillantes que acaban en puestos laborales para los que están sobrepreparados.

El problema no es sólo un problema de España, también lo es de Estados Unidos y del resto de Europa. El sistema de educación doctoral “medieval” no es sostenible y debe ser reformado. Hay muy pocos puestos de trabajo para personas que han consumido más de diez años de su vida en su formación predoctoral y posdoctoral. Muchos de estos investigadores son “clones” de sus “jefes” (directores o supervisores): hacen bien lo que sus mentores hacen bien. El problema es que cuando los estudiantes terminan su formación no encuentran un puesto de trabajo académico similar al de sus mentores porque no hay una oferta suficiente de puestos vacantes. Las universidades se enfrentan a dificultades financieras crecientes que les impide crecer al ritmo al que han estado creciendo durante décadas.

Los programas de doctorado no están diseñados para formar a doctores que abandonen la investigación una vez hayan defendido su tesis. Son programas de doctorado demasiado especializados e irrelevantes para el mundo laboral más allá del académico. Muchas tesis doctorales son tan especializadas que sus resultados son de interés sólo para un reducido grupo de expertos que trabajan en el mismo campo, subcampo y subsubcampo de la tesis. Muchos doctores lo saben todo de nada. Muchos doctorandos son incapaces de hablar con fluidez sobre los detalles de su tesis con otros doctorandos del mismo departamento. Según Mark Taylor los doctorados tienen que ser más multidisciplinares y muchos programas de doctorado deben ser eliminados si no son adecuados o son redundantes. Son decisiones difíciles que deben tomar los administradores de las universidades. Para facilitar el cambio, las universidades deben desarrollar estructuras y procedimientos que fomenten la cooperación. Ello les permitiría compartir los profesores, estudiantes y recursos, y aumentar de manera eficiente las oportunidades educativas.

Cyranoski et al. nos recuerdan que el número de doctores en ciencia se incrementado casi un 40% cada año entre 1998 y 2008 en los países miembros de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos). En algunos países, incluyendo Estados Unidos y Japón, la oferta de doctores ha sobrepasado la demanda y, aunque pocos doctores terminan desempleados, no está del todo claro si merece la pena pasar tantos años para conseguir un alto nivel de calificación para luego ocupar un puesto de profesor de enseñanza secundaria, por ejemplo. En otros países, como China e India, la economía se desarrolla tan rápido que pueden colocar a todos sus doctores e incluso incorporar otros allende sus fronteras. Sólo en unos pocos países, entre ellos Alemania, se ha resuelto con éxito el problema redefiniendo la tesis doctoral como requisito para la formación de altos cargos en las empresas y adaptando los programas de doctorado de forma adecuada. El artículo de Cyranoski et al. discute la situación en países como Japón, China, México, Alemania, Polonia, Egipto y Estados Unidos.

McCook nos relata varios casos concretos del programa de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF) llamado IGERT (Integrative Graduate Education and Research Traineeship) para la educación integral de estudiantes graduados y su formación en investigación. Este programa, dotó de 3 millones de dólares a cinco instituciones de los EE.UU. para desarrollar programas que ayuden a los estudiantes adquirir habilidades profesionales y hacer frente a problemas del mundo real. Por lo que cuenta McCook parece que está teniendo cierto éxito.

116 Comentarios

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Mejor fueraMejor fuera

Esta es la cuestión: “Además, los doctores más brillantes ya no son la élite de las instituciones académicas y deben ocupar puestos de posdoctorado mal pagados entre cinco y diez años antes de encontrar un puesto académico permanente, si lo encuentran. Esta carrera de obstáculos desilusiona a muchas mentes brillantes que acaban en puestos laborales para los que están sobrepreparados.”

Los brillantes se van. No soportan la mediocridad, falta de sueldo, escasas espectativas, codazos, mentiras, desvíos de dinero, etc…

WinerWiner

Gracias, me ha ayudado a replantear mis objetvos. Parece que es mejor canalizar el esfuerzo y los recursos en algunos masters que en un doctorado.

Felipe Cobos AlfaroFelipe Cobos Alfaro

Depende que es lo que busques. Lo que si te puedo decir es que lo mejor que uno puede hacer es ser integral.

Doctora en BiologíaDoctora en Biología

He logrado leer casi todos los mensajes aunque reconozco que los últimos me los he saltado por puro agotamiento. Deduzco, por tanto, que este comentario será más un desahogo para mí que una forma de compartir lo que pienso con otros (lo entenderé…).
Doctorado, economía, corrupción, utilidad, empresarios, España, EE. UU., China… Esas son las palabras claves.
Por supuesto, casi sobra decir que este tema, como tantos otros que afectan a la vida de las personas en su globalidad individual y social, se presenta como muy complejo, difícil de abordar. Existen muchos flancos posibles: el económico, el académico, el personal, el productivo, el ético, etc.
Si priorizamos a la madre-diosa economía, ese ente abstracto, poderoso y omnipresente que gobierna todos los aspectos de nuestra vida sin cuerpo ni rostro, podríamos concluir que invertir miles de euros en la formación ultraespecífica de un individuo durante una media de 5-6 años es nefasto porque a todas luces, no será productivo de forma inmediata; quizás sí a medio-largo plazo pero eso, en términos económicos, es un fiasco.
A nivel académico hay una completa saturación. Demasiados doctores jóvenes optando por una plaza ocupada por un funcionario (hablo de España, claro está). Éste prolonga la estancia en su puesto de trabajo unos años más siempre que puede (ya se sabe que el sueldo de un pensionista es considerablemente menor que el de un funcionario experimentado; no olvidemos que cada 6 años, -los llamados sexenios- el sueldo aumenta un tanto por cierto y que, tras 15 ó 20 años de labor, eso se nota). En ese ambiente, al doctorando/doctor sólo le queda una vía para perpetuarse: el mamoneo, o dicho de manera un poco más fina, la especialización en el arte del compadreo. A estos niveles, que se vislumbran ya desde los últimos años de la licenciatura, no importa tanto la calidad y la ética de tu trabajo (siempre que éste sea publicable), como el grado de afinidad que tengas con tu mentor (número de cortados/día/mes/año compartidos; número de partidos de fútbol comentados; número de favores realizados; número de chistes reídos en conjunto, etc.). Tanto para quedarte en la Universidad “X” o para salir a otro país, lo conveniente es ir recomendado. Al fin y cabo, tu campo es tan específico que el número de investigadores que trabajan en él es muy reducido y todos terminan conociéndose.
A nivel personal es una auténtica debacle: comienzas una carrera siendo aún adolescente, te entusiasmas y cuando la terminas consideras que, dado que el mundo laboral tampoco ofrece muchas alternativas, podrías intentar seguir con el doctorado. Al fin y al cabo, te gusta mucho y crees que podrías conseguirlo. Una vez dentro, te ves trabajando una media de 10 horas al día, sin fines de semana, ni días de fiesta, ni distinción entre el día y la noche (puede ocurrir que haya un experimento al que atender también de noche) porque, como bien dice tu director: “es por la Tesis”, “aquí se está por vocación”, aunque él cumple con su horario fielmente cada día. Además, te han concedido una beca, tu orgullo y el de tu familia y, a la vez, tu esclavitud, porque durante los 4 años que dura, sólo la firma de tu director podrá justificar que has hecho bien tu trabajo; en caso contrario (si te portas mal), él no te firmará y tú tendrás que devolverla, con todos sus euros (1000 euros/mes durante 4 años… calculen). Cuando te doctoras con todos los honores te sientes orgulloso de haber hecho un buen trabajo a pesar de las zancadillas interesadas pero… ya superas la treintena, no tienes trabajo, no hay dinero para seguir investigando y, si quieres seguir en esto, debes ceder, ahora sí, a reírle las gracias a tu director y a decirle sí a todo, sea o no sea fraudulento lo que te pide. O reinventarte: montar una empresa o cambiar de profesión
¿Un doctorado debe ser productivo? Sí y no. Estoy de acuerdo en que el sistema (vamos a llamarlo así) está podrido, que hoy en día la gran mayoría de las líneas de investigación están condicionadas a engordar el currículo de los investigadores que las plantean (la obsesión por publicar supera con creces la obsesión por conocer) y que el sueldo de los investigadores (hablo del CSIC) rondan los 5000 euros/mes en adelante (un auténtico exabrupto, ya lo sé). Pero de ahí, a exigir que TODAS las investigaciones sean productivas creo que es confundir los términos. En una frase: ¿fue productivo el descubrimiento de la circulación pulmonar de la sangre por Miguel Servet en el s. XVI? ¿Consiguió que la sociedad de la época creciera económicamente? No. En cambio, a nosotros, unos 400 años después, nos viene muy bien manejar ese conocimiento. Porque, de eso trata investigar: de AVANZAR EN EL CONOCIMIENTO, no de crear riqueza (ni artículos, dicho sea de paso). Pero aquí la madre-diosa economía se nos queja porque no le gusta perder el protagonismo absoluto.
Y por último la ética: la gran prostituida. ¿Se puede hacer buena ciencia sin ética? ¿Se puede avanzar como individuos pertenecientes a una sociedad sin ética? ¿Puede crecer la economía para TODOS, sin ética? ¿Es ético que un director de un instituto de investigación cobre 10.000 euros/mes más dobles pagas y luego se diga que no hay dinero para crear nuevas plazas para doctores? ¿Es ético subyugar la investigación científica a la producción de patentes empresariales? ¿Hasta qué punto condicionar los hallazgos antes de ser obtenidos para que la Ciencia sea aceptada por la Economía no es una perversión de la segunda sobre la primera? ¿Investigaremos ahora sólo lo que luego dé dinero? Y el resto, ¿lo desechamos? Menos mal que Miguel Servet y tantos otros nacieron en otra época…
Mi conclusión: riqueza hay, pero mal repartida. El mal de nuestro tiempo no es la falta de trabajo, es la falta de VOLUNTAD para crear empleo. Millones y millones de euros se fugan hacia los paraísos fiscales o hacia chalets, coches de lujo, vidas a todo lujo, etc., pero miramos para otro lado porque también queremos un poco de la leche que mana esa teta.

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