La hipótesis de Némesis, el planeta X y la nube cometaria de Oort

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La hipótesis de Némesis, propuesta en 1984, afirma que puede existir una estrella compañera del Sol, quizás una enana marrón, que cada 26 millones de años atraviesa la nube de Oort provocando una intensa lluvia de cometas sobre la Tierra, que provoca catástrofes como extinciones masivas de seres vivos.

Nos lo recuerda José Manuel Nieves, “¿Un nuevo planeta gigante en el Sistema Solar?,” ABC.es, 28/04/2010 (visto en portada de Menéame), que se hace eco del artículo de John J. Matese y Daniel P. Whitmire, “Persistent Evidence of a Jovian Mass Solar Companion in the Oort Cloud,” ArXiv, 26 Apr 2010, que proponen la posible existencia de un planeta joviano (tipo Júpiter) en la parte exterior de la nube cometaria de Oort (más allá de Plutón).

Este planeta podría tener una masa entre 1 y 4 veces la de Júpiter y estaría orbitando el Sol a una distancia de cerca de un año luz según un análisis estadístico de ciertas anomalías observadas en la población de cometas en la zona externa de la Nube de Oort. Caso de existir este planeta será fácilmente detectado por el satélite WISE (Explorador de Observación Infrarroja de Campo Amplio o Wide Field Infrared Explorer), que la NASA puso en órbita el 14 de diciembre de 2009.

Las anomalías en la órbitas del 25% de 82 cometas de la nube de Oort ya fueron estudiadas por los mismos autores hace unos años, J. J. Matese, P. G. Whitman, D. P. Whitmire, “Cometary Evidence of a Massive Body in the Outer Oort Clouds,” Icarus 141: 354-366, October 1999, y J. B. Murray, “Arguments for the presence of a distant large undiscovered Solar system planet,” Mon. Not. R. Astron. Soc. 309: 31-34, 1999 [versión gratis].

Como nos indica José Manuel, estos autores no quieren que se confunda su hipótesis con Némesis y juran y perjuran que lo suyo es un planeta joviano, no una enana marrón. ¿Por qué si la mayoría de los astrónomos no ven demasiado clara las diferencias entre planetas jovianos pesados y enanas marrones ligeras? La razón quizás sea que la hipótesis de Némesis está asociada a cierto esoterismo (como que la NASA nos oculta la existencia de dicha enana marrón). De hecho, quizás por ello José Manuel Nieves se ha olvidado de otro artículo reciente que afirma apoyar la hipótesis de Némesis de Igor Yu. Potemine, “Giant Nemesis candidate HD 107914 / HIP 60503 for the perforation of Oort cloud,” ArXiv, 27 Mar 2010.

¿Cuáles son los límites actuales para la posible existencia de planetas y/o estrellas marrones en la región de la nube de Oort? Nos los detalla Lorenzo Iorio, “Constraints on planet X/Nemesis from Solar System’s inner dynamics,” Mon. Not. Roy. Astron. Soc. 400: 346-353, 2009 [versión en ArXiv]. Estos límites, la verdad, limitan poco estas hipótesis y dejan la puerta abierta para todo tipo de conjeturas.

Yo me enteré de la hipótesis de Némesis en Investigación y Ciencia, abril de 2001, en un artículo de Daniel Grossman, “Perfiles. Richard Muller: un desastre tras otro,” que en inglés podemos leer en “One Disaster after Another. The father of the idea that a sibling of the sun periodically wreaks havoc on Earth finds inspiration in catastrophes,” Scientific American 30-31, February 2001. Muller se ha caracterizado por ofrecer gran número de “ideas locas” que han sido muy criticadas. Si James Bond tiene licencia para matar, Muller tiene licencia para acercarse a la parte esotérica de la astrofísica.

La hipótesis de Némesis tiene su origen en 1983, cuando el astrofísico Richard A. Muller, el “chico malo” de la astrofísica teórica, y su mentor, el Premio Nobel Luis W. Alvarez, se propusieron explicar la periodicidad de 26 millones de años para las extinciones de animales y plantas en la Tierra provocadas por la colisión de cometas que publicó Luis, ya emérito, con su hijo Walter y otros colegas, en la mismísima Science (Luis W. Alvarez, Walter Alvarez, Frank Asaro, Helen V. Michel, “Extraterrestrial Cause for the Cretaceous-Tertiary Extinction,” Science 208: 1095-1108, 6 June 1980).

Como no, Muller no iba a ser menos, y publicó su trabajo en nada más y nada menos que Nature (Marc Davis, Piet Hut, Richard A. Muller, “Extinction of species by periodic comet showers,” Nature 308: 715-717, 19 April 1984). Una hipótesis apoyada por Science y Nature no es moco de pavo, aunque verse sobre una estrella enana marrón llamada Némesis que orbita el Sol en la nube de Oort y que causa periódicamente que la Tierra sufra una lluvia intensa de cometas. Una hipótesis que parece razonable ya que el 85% de las estrellas de la Vía Láctea tienen compañeras. Sin embargo, sin evidencias experimentales, como las que podrá obtener WISE, la hipótesis es sólo eso, una hipótesis y la mayoría de los astrónomos y astrofísicos piensan que esta hipótesis es poco razonable (y que se llegó a publicar en Science y Nature porque iba amparada por un Premio Nobel).

Hay muchísima información en la web sobre la hipótesis de Némesis (ver Menéame). Quizás por ello uno de los lectores de este blog me preguntó el año pasado en un comentario qué opinaba sobre la hipótesis de Némesis. ¿Qué opino? Que habrá que esperar qué tiene que decir al respecto WISE. La ciencia se construye a base de hipótesis descabelladas que son ratificadas o refutadas por los experimentos. Así que, tiempo al tiempo.

4 comentarios

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edgar edgar

las hipótesis de nemesis – o la hipótesis de john J matese no son malas ni esotéricas.

estas hipótesis han sido víctima de desinformaciones por parte de la gente conspiranoica. que tienen la fantasía de que la nasa y los políticos están ocultando el hallazgo de ese objeto raro en el sistema solar exterior.

oye una pregunta. ¿que opinas de la hipótesis de que HD 107914 se adentre en el sistema solar interior?

espero respuesta. ya que antes te pregunte algo y no recibí respuesta 🙁

emulenews emulenews

Edgar, perdona que no te contestara en otra ocasión… a veces olvido contestar algunos comentarios, con o sin intención, dependiendo del caso.

No tengo mucho que comentar al respecto de HD 107914 un sistema binario (al menos 2 estrellas) que se encuentra a unos 78’3 parsec del Sol, distancia que hay que comparar con la de la estrella conocida más cercana al Sol, Alpha Centauri que se encuentra a unos 1’35 parsec. Predecir la trayectoria de HD 107914 con precisión durante unas decenas de millones de años es extremadamente difícil en la actualidad, máxime cuando su velocidad radial no ha sido estimada aún con precisión suficiente.

Para confirmar/refutar que una estrella binaria como HD 107914 se ha acercado al Sol lo suficiente como para atravesar la nube de Oort es necesario esperar a tener mejores datos sobre el entorno estelar del Sol y desarrollar simulaciones numéricas de mecánica celeste adecuadas. Habrá que esperar unos años para saber más al respecto.

edgar edgar

gracias por la respuesta : )

que bueno que me aclarastes ese detalle de la distancia viéndolo así esta muy lejos. esperemos que hagan mas observaciones de esa estrella. y mejoren las medidas de la velocidad radial de la misma.

felicidades por el blog

un saludo.

AlfonsoFR AlfonsoFR

Según tenía entendido, la hipótesis del planeta X se refería a la existencia de una “anti-Tierra” que estaría en la misma órbita de nuestro planeta pero a 180º de distancia, lo que impedía verla desde el suelo. Con toda probabilidad, de existir ya se habría revelado su existencia gracias a las numerosas sondas enviadas y a las mediciones indirectas que pueden realizarse sin salir de la órbita cercana. Lo más descabellado (y divertido) es que se apuntaba a que la Antitierra no solamente tendría la misma órbita, sino una masa similar y posible vida inteligente, una especie de “anti-nosotros” para la que se crearon toda una serie de historias de ciencia ficción que iban desde un mundo prehistórico poblado aún por dinosaurios, hasta por los dioses del olimpo o transhumanos expertos en genética que nos habrían creado como un experimento y observaban, silenciosos, desde su ubicación privilegiada. Evidentemente, todo esto es descabellado, pero no deja de sorprenderme lo a menudo que se descubren nuevos cuerpos de buen tamaño orbitando el sol, como es el caso de los satélites compañeros de los gigantes gaseosos situados en los puntos de Lagrange.

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