Extractos filosóficos: Escepticismo y pseudociencia gracias a Mario Bunge

Por Francisco R. Villatoro, el 4 enero, 2016. Categoría(s): Ciencia • Libros • Recomendación • Science ✎ 16

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“La filosofía está bastante estancada. Todas las escuelas filosóficas —en particular el aristotelismo, el tomismo, el kantismo, el hegelianismo, el materialismo dialéctico, el positivismo, el pragmatismo, el intuicionismo, la fenomenología y la filosofía del lenguaje— están en ruinas. En tiempos recientes, no se han propuesto nuevas filosofías amplias y ninguna de las ideas existentes ha sido de mucha ayuda para comprender los enormes cambios que han marcado al siglo XX. Si queremos que la filosofía vuelva a ser saber de saberes, partera de ciencias y faro de acción, se impone reconstruirla. Se impone repensarla no sólo correctamente, sino en grande”.

“Filosofar con originalidad no es repetir, sino problematizar e intentar resolver problemas, nuevos o viejos, por cuenta propia. Tampoco es limitarse a criticar ideas: la crítica es un medio para eliminar el error, no para inventar nuevas conjeturas.
[Hay] dos clases de crítica: destructiva y constructiva. [Aunque] es lo usual en matemática y ciencia, la crítica constructiva no es frecuente entre los filósofos».

Estos extractos del libro de Mario Bunge, «Crisis y reconstrucción de la filosofía», Editorial Gedisa (2002), son los primeros que inician una serie de entradas que en 2016 dedicaré a presentar libros e ideas filosóficas. Me gustaría incentivar a algunos de los lectores de este blog a leer algo sobre filosofía de la ciencia. No serán reseñas. Me limitaré a ciertos extractos de ciertos capítulos y trataré de no desvirtuar las palabras del autor. Por supuesto, el objetivo es incentivar la lectura del libro o artículo.

Este vídeo de dos horas titulado «Maratón de preguntas y respuestas con Mario Bunge» de Alejandro Borgo, corresponde a una charla y entrevista en abril de 2008, en la Sociedad Cientìfica Argentina, Buenos Aires, co-organizadas con el CFI/Argentina (Center for Inquiry/Argentina).

Permíteme unos extractos del capítulo 7, «Dudas sobre el escepticismo», del libro Mario Bunge, «Crisis y reconstrucción de la filosofía», Editorial Gedisa (2002). «Un escéptico es alguien que lejos de aceptar todo lo que se le dice, o lo primero que le viene a la mente, duda. [En] cambio, el dogmático se aferra a lo que considera sabiduría heredada infalible. [La] marca distintiva del escéptico es el escrutinio, en tanto que las del dogmático son la aceptación ciega y un igualmente ciego rechazo. [El] dudar no es algo que nos venga naturalmente. Tan es así que, al parecer, la duda era desconocida en las sociedades primitivas, en las que se daba igual mérito a los mitos menos verosímiles que al conocimiento más sólido».

«Algunos escépticos son más tolerantes que otros a opiniones y prácticas diferentes de las propias. Tal diversidad es comprensible, ya que diferentes personas poseen diferentes formaciones, puntos de vista, intereses y metas. Y esta diversidad es un mérito del movimiento escéptico. Por cierto, esta tolerancia da lugar a ideas nuevas y audaces, a la vez que estimula su debate racional».

«Ptolomeo, Bacon, Hume, Kant, Comte, Mach, Mili y Popper confiaban en los datos empíricos, pero eran escépticos radicales con respecto a las hipótesis generales. En particular, Hume creía que el enigma mente-cuerpo jamás sería resuelto; y Kant sostenía que la psicología nunca se convertiría en ciencia. En cuanto a Popper, aunque no dudaba de la existencia del mundo exterior, sostenía que las leyes científicas eran, en el mejor de los casos, conjeturas aún no refutadas, en nada mejores que las fantasías seudocientíficas jamás puestas a prueba. [Era] un empirista de salón, aun cuando se llamaba a sí mismo racionalista crítico; y no practicaba su propio precepto metodológico: proponer las hipótesis más audaces».

«El escepticismo radical no alienta la crítica constructiva. La filosofía de Karl Popper, el filósofo escéptico más famoso del siglo XX, es un ejemplo de ello. El grueso de la filosofía de Popper se comprende mejor si se la considera caracterizada por la negación: las palabras no importan; evita («como a la plaga») discutir el significado de las palabras; las creencias no son importantes; el conocimiento no depende de quien conoce; jamás hagas preguntas del tipo «¿Qué es…?» o «¿Cómo sabes…?»; no hay propiedades esenciales; nunca confirmamos: sólo podemos fracasar en el intento de refutar; jamás intentes justificar; podemos conocer la falsedad, mas no la verdad; en asuntos de conocimiento, lo improbable es preferible a lo probable; no hay método científico más allá de la prueba y el error; evita la ciencia normal; …»

«Popper tenía razón al criticar la filosofía escolástica y particularmente lo que él llamaba filosofía «oracular». (Yo prefiero llamarla seudofilosofía). También estaba Popper en lo correcto al enfatizar el papel de la crítica racional, tanto en el manejo de conflictos sociales como en la búsqueda de conocimiento. Pero, sin duda, es necesario formular enunciados y planes antes de poder someterlos al examen crítico. Por lo tanto, ninguna filosofía de la ciencia y la tecnología debería subestimar la confirmación. Más aún, exagerar la importancia de la crítica a expensas de la teorización y del análisis, o de la observación y la experimentación, se acerca demasiado peligrosamente al escolasticismo y al escepticismo radical, así como a la perspectiva de moda que afirma que la investigación es sólo discusión. Después de todo, las verdades negativas son más abundantes y, por ello, menos valiosas que las verdades positivas.”

“Para resumir, el negativismo no es mejor que el positivismo al que critica: ambos son demasiado timoratos como para contribuir a desarrollar el conocimiento. Ambas posiciones bordean el «no-conocerismo». Peor aún, el escepticismo radical no es muy diferente del dogmatismo, ya que ambos son sólo ejemplos de X-ismos. [He] aquí lo que yo llamo la Paradoja del Escéptico: todo aquel que es radical y coherentemente escéptico acaba siendo tan crédulo como el dogmático ingenuo, porque no puede invocar un solo argumento en contra de la imposibilidad de hecho alguno».

“Las buenas mentes científicas son porosas: permiten la entrada de nuevas conjeturas, métodos o planes, a condición de que sean plausibles. Igualmente, filtran y descartan las conjeturas inverosímiles. En otras palabras, se espera que los científicos y los tecnólogos sean escépticos, pero sólo en grado moderado, porque necio en exceso puede paralizar tanto como credo en exceso. Del mismo modo, eludir totalmente el riesgo es tan improductivo como actuar de manera imprudente. [La] ciencia y la tecnología son moderadamente escépticas: sus practicantes no dudan de todo en cada oportunidad, sino sólo de algunas ideas o procedimientos por vez.”

“Más aún, el escepticismo de los científicos y tecnólogos es del tipo organizado y no individualista o anarquista como el de los filósofos. [El] escepticismo organizado es una parte esencial del ethos de la ciencia: el investigador individual propone y su comunidad debate, examina y, finalmente, dispone. Por ello los descubrimientos científicos se discuten primero con asociados, más tarde en seminarios y luego son enviados para su publicación, de modo tal que toda la comunidad pueda evaluarlos y validarlos o invalidarlos.”

Este vídeo de 46 minutos titulado «Mario Bunge en el Seminario Ciencia vs. Pseudociencia», del ciclo de disertaciones televisadas del 2010 llamado «Conferencias del Bicentenario» presenta la primera jornada del Seminario Ciencia vs. Pseudociencia organizado por la Universidad de La Punta (ULP) y el Gobierno de San Luis.

Permítenem unos extractos del capítulo 8, «Diagnosis de la seudociencia», del libro Mario Bunge, «Crisis y reconstrucción de la filosofía», Editorial Gedisa (2002). «Todo líder o administrador científico debería desear el poder distinguir entre la ciencia genuina inmadura, pero prometedora (es decir, la protociencia), por un lado, y la seudociencia, por otro; por ejemplo, entre la politología y la ideología política, entre la utilización de los computadoras como herramientas intelectuales y la utilización de las mismas como mantos para ocultar la pobreza intelectual.»

Bunge enumera las diez condiciones que un campo de conocimientos debe satisfacer para ser científico. Sin entrar en ellas, también aclara que «un campo de conocimientos que satisface casi todas las condiciones descritas y se dirige a lograr el total cumplimiento de ellas, puede ser denominado protociencia o ciencia emergente. En cambio, todo campo de conocimientos que es no científico y, aun así, es pregonado como científico, será considerado seudocíentífico. La diferencia entre ciencia y protociencia es una cuestión de grado, en tanto que la diferencia entre ciencia y seudociencia es de clase. [Es] incorrecto considerar a la parapsicología o al psicoanálisis como protociencias, o incluso como ciencias fallidas: eran erróneas desde el comienzo.»

«¿Cómo distinguir la seudociencia de la protociencia y la heterodoxia? [En] cuanto a la diferencia entre seudociencia y ciencia, siempre se teme que en la primera pueda yacer oculta alguna pepita de oro: que pueda no ser otra cosa que protociencia o ciencia emergente. Tal temor está bastante justificado en la infancia de un campo de investigación, en particular porque una concepción o una técnica extremadamente original —una heterodoxia— puede tener cierto tufillo a seudociencia debido a su novedad. [Las] genuinas protociencias avanzan y maduran impulsadas por la investigación rigurosa, y se transforman en ciencias, las seudociencias son pozos de agua estancada que permanece al margen de la veloz corriente de la ciencia”.

En resumen, te recomiendo leer a Mario Bunge, «Crisis y reconstrucción de la filosofía», Editorial Gedisa (2002).



16 Comentarios

  1. Hola, Francis.
    Me alegro mucho de que inicies una serie de entradas sobre filosofía. Últimamente veo a la filosofía olvidada, ninguneada. Hasta el gobierno la retira de los institutos. Que alguien como tú, una persona de ciencia y con un importante bagaje de cultura y conocimientos, dedique tiempo a la filosofía en su blog me reconforta mucho. Soy licenciada en filosofía y una gran aficionada a la divulgación científica, de hecho, sigo tu blog desde hace años. Que tú recomiendes la lectura de filosofía en tu blog me hace sentir muy bien tras tanto ninguneo a la filosofía. Que la consideres importante y le hagas un hueco en tu blog me ha reconfortado.
    Muchas gracias, Francis, de verdad, muchas gracias.

  2. Francis, se me ha olvidado hacerte una pregunta. Tú que seguro conocerás a bastantes científicos. ¿Conoces a científicos que además de su carrera de ciencias hayan estudiado o tengan estudios de filosofía? Yo, personalmente, no he coincidido nunca con ninguno, aunque ya digo que no creo conocer a tantos científicos como tú seguramente conocerás.
    Gracias. Un saludo.

    1. María, hay muchos físicos y científicos que han dedicado parte de su vida a la historia de la ciencia y a la filosofía de la ciencia. Ya sabrás que Thomas S. Kuhn era físico teórico reconvertido en filósofo, igual que Mario Bunge; hay muchos otros filósofos famosos que también estudiaron física y acabaron ostentando cátedras de filosofía, como Pierre Duhem, Bernard d’Espagnat o James T. Cushing. Algunos físicos se han doctorado en filosofía, como el físico cuántico Abner Shimony, pero la mayoría han ejercido en filosofía de la ciencia sin una formación de grado o doctoral específica.

      Saludos
      Francis

  3. Gran acierto. La filosofía, en un principio puede ser rechazada por un ‘científico radical’. Y ello es comprensible, pues la ciencia natural que se ha apoyado, para hacer una selección de las ideas, sobre la verdad de la naturaleza, es un cuerpo de pensamiento mucho más preciso y potente que la filosofía. Sin embargo, la filosofía tiene algo, algo que no sabría explicar, que la hace muy, pero que muy interesante para el ser humano. La filosofía parece tocar la fibra sensible de nuestra naturaleza y nos da la oportunidad de soñar con un tesoro pendiente por descubrir. En ese sentido se parece a la ciencia. Pero es algo más, pues ha arrastrado a los seres humanos de forma tan poderosa, o casi tanto, como la religión. La filosofía lo cuestiona y analiza todo, el conocimiento, la matemática, la ciencia, la mente, el encaje de la mente en la sociedad, la sociedad, las utopías, el fin último del ser humano. Y algunos filósofos han llegado a resultados sorprendentes. Uno de ellos, K. Marx a mi me tiene completamente embobado. Leyéndole parece que lo que dice es completamente cierto. Pero todos sabemos que pasó cuando se aplico el marxismo como guía de dirección de la sociedad. En fin, me parece que tocas un tema muy interesante. A ver si leemos un poco para hacer comentarios mínimamente decentes, desde aquí, desde el otro lado. Por cierto, el tema de la cientificidad del psicoanálisis un ejemplo excelente de aplicación de la filosofía de la ciencia. Yo no diría que es pseudocientífico, así a la ligera. Al menos sin haber leído, en profundidad, a Freud, cuyo trabajo es monumental, a Reich, que estaba como una regadera pero que su genio fue penetrante en algunos temas profundos, y a Grümbaum que lo caracterizó como científico, pero falso con su famoso ‘tally argument’ . De hecho, y ya se que esto en principio no demuestra nada, en la página de la Asociación Psiquiatrica Mundial se dice:

    “Given as factual and conflictive, psychoanalysis is a science. A science from which knowledge and experience are essential to all psychiatrists. Whether currently in training or already in practice, and independent of the path that psychoanalysis has followed in the various countries, this science has been both neglected and underestimated.”

    Si alguien encuentra un camino mejor de dotar una significación científica a la angustia y su independencia del pensamiento, soy todo oídos!!!

  4. De forma tacita o implícita todo científico hace filosofía. Un científico que desprecie la filosofía esta en camino de reincidir en ideas ya descartadas como el subjetivismo, operacionalismo etc…En fisica un claro ejemplo de esto se puede ver en el problema de la gravedad cuantica que hoy esta dominado por la «teoría» de cuerdas, que es un ejemplo vergonzoso. Si se formara a los físicos en filosofía (epistemología, lógica, semántica, ÉTICA, etc..) no existirían estafas como la «teoría»de cuerdas

    1. Claro, como los Físicos no tienen apenas materia para estudiar pues los enseñamos chorradas filosóficas porque los filósofos han demostrado a lo largo de la historia que están en posesión de la verdad ¿no?. Hace ya tiempo que la filosofía ha dejado de tener valor para explicar el mundo que nos rodea, tuvo su valor en tiempos pasados (sin contar las miles de estupideces y chifladuras de toda clase de filósofos antiguos y modernos) sobre todo como precursora de la ciencia y del análisis lógico y racional, pero hoy en día, está claro que la filosofía, al menos como se entendía hace un siglo, no tiene ningún sentido. Entiendo que los «filósofos de la ciencia» a los que se refiere Francis son los propios científicos (no filósofos de formación) que reflexionan, organizan, discuten y proponen nuevos experimentos, nuevos enfoques, nuevas organizaciones, nuevas metodologias… pero eso no tiene nada que ver con la filosofía, llamarlo filosofía conduce a enormes malentendidos. La filosofía no es una ciencia y por tanto no forma parte de ningún método fiable y contrastado de conocimiento, es más bien un enorme batiburrillo de normas, creencias o pensamientos subjetivos planteados por gente que no sabe nada de ciencia. Esta bien discutir sobre las implicaciones de los avances científicos, sobre su metodología y su historia pero eso lo deben de hacer (ya se hace) los propios científicos, entre otras muchas cosas, porque los filósofos no entienden, ni de lejos, la ciencia moderna. Un saludo.
      PD: Si quieres aprender algo objetivo sobre el mundo que te rodea (incluido tu mismo) pon tus libros de filosofía en la estantería de «Historia» (algunos deberían ir en la de «citas cómicas» 🙂 ) y estudia ciencia.

      1. «La filosofía no es una ciencia y por tanto no forma parte de ningún método fiable y contrastado de conocimiento, […]».
        Ese es un argumento filosófico y no científico ya que el determinar qué método de conocimiento es fiable es un problema filosófico (epistemológico). Ese problema no lo puede resolver la ciencia porque estaría mordiéndose la cola: determinar, mediante el método científico, cuál es el método de conocimiento fiable.

      2. Tres cosas:
        1)Mira busca – sí te interesa dejar de decir necedades- otro libro, también escrito por Mario bunge: Philosophy of Physics. En el primer capitulo habla de personas como tu los operacionalistas.
        2)No soy filosofo soy físico,( Ph.D. por la universidad de Michigan )hace muchos años me di cuenta de que para salir del monton y hacer física (no repetir lo que hacen los demás) mi brújula tenia que ser la filosofía.
        3) finalmente, escribes que apenas puedes entender la física. Bueno si no puedes, dedícate a otra cosa mas fácil, un ejemplo, siembra papas

  5. Voy a discrepar. En primer lugar, hablar de Bunge para mí no es lo mismo que habler genéricamente de «filósofos de la ciencia». Bunge es de los pocos que cuando hablan de ciencia hablan de lo que conocen, por eso, para él, por ejemplo, psicoanálisis, astrología … son pseudociencias. Yo este libro lo leí hace catotce años en edición de «Gedisa, Barcelona mayo de 2002».
    Aunque soy físico, yo fui un consumidor de filosofía y creo que tengo una notable biblioteca, pero desde hace tiempo decidí que ya no dedicaría más tiempo a ese empeño. En primer lugar, porque creo que hoy esa disciplina no aporta ya ningún «conocimiento». Por lo menos el conocimiento que a mí me interesa. Algunos entienden que es «cultura», pero amí me en estos casos me recuerdan el verso de un famoso poema del poeta León Felipe, cuando hablaba de «cultural, por los neutrales», para referisrse a los que hablaban de política durante el franquismo sin comprometerse. Pienso que si uno necesita «conocer», el camino es comprometerse con la «ciencia», en sus diferentes manifestaciones.
    En segundo lugar, el espectáculo de algunos filósofos, incubados en «invernaderos de departamentos universatarios», es una «muestra» de la pérdida de rumbo y de objetivo de algunos filósofos. Recuérdese a los filósofos posmodernistas, algunos todavía no se han enterado que su partida de defunción la escribieron los físicos Alan Sokal y Jean Bricmont hace ya unos pocos de años en la revista Social Text , cuando pusieron de manifiesto que estos señores no sabían nada de ciencia, que no sabían “ni papa” de lo que estaban hablando. Pero son muchos filósofos de la ciencia los que más rechazo me han producido, cuestionando siempre la misma naturaleza de la ciencia con argumentos de «traca». Parece como si tuvieran «complejo» y al atacar desmedidamente a la actividad científica fueran a alcanzar «credibilidad». Parece que su única «habilidad» es poner «camisa de fuerza» a la ciencia. Creen que son los «popes» que deben dar la «venia» para la actividad de los científicos.
    Si Popper, Lakatos, Feyerabend … no hubieran existido, la ciencia y la tecnología actuales no habrían cambiado absolutamente nada y nuestra sociedad no se encontraría modificada ni un ápice. En cambio, si no hubiese surgido la ciencia y la tecnología, viviríamos todavía en la caverna de la Edad Media, donde en el caso más favorable y propicio mos encontraríamos suspirando por entrar en un monasterio como copistas, expresión del máximo saber de la época.

    1. Ed, en «La estructura de la teoría de la evolución» de el gran S. Jay Gould, nos cuenta éste como ante un estancamiento a la hora de poder seguir avanzando en su línea de investigación , la filosofía de la ciencia, de la mano de una filosofa cuyo nombre no recuerdo, vino en su rescate. Lo que quiero decir con esto, es que cuando los filósofos han hecho los deberes en ciencia, pueden ser de gran utilidad.

      Mientras haya ciencia, ha de haber metaciencia.

    2. Y yo discrepo de Daniel Díaz, de Ed y hasta de Bunge: no considero la teoría de cuerdas una patraña, sino una hipótesis extremadamente difícil de falsar. En cuanto a que la ciencia no mecesita de la filosofía para su avance, estoy en total desacuerdo: las bases mismas del método científico son un problema filosófico, no tecnológico. Sin filosofía del conocimiento no habría ciencia, a lo sumo tendríamos técnicas artesanales poco menos desarrolladas que las de los romanos.
      Bunge nos dice que «[Popper] sostenía que las leyes científicas eran, en el mejor de los casos, conjeturas aún no refutadas, en nada mejores que las fantasías seudocientíficas jamás puestas a prueba». No estoy de acuerdo: hay una gran (muy muy grande) diferencia entre hipótesis falsables aún no refutadas e hipótesis no falsables. Esos sin contar las, a mi modo de ver, infundadas críticas de Bunge a la teoría de cuerdas y a la cosmología.

      1. «Sin filosofía del conocimiento no habría ciencia, a lo sumo tendríamos técnicas artesanales poco menos desarrolladas que las de los romanos.»

        Esto es como decir que sin filosofía del arte no tendríamos obras pictóricas de ningún tipo, a lo sumo garabatos en una pared como en Altamira.

  6. Estimado Francis:

    me parece genial tu idea. En la vida las cosas que suman son más importantes que las que restan. Aún sigo esperando un correo tuyo sobre un tema que te pregunté hace unas semanas. Desde que puedas, me gustaría leer tus sugerencias. Muchas Gracias y Felices Reyes.

  7. Respecto a la distinción entre pseudociencia y protociencia, hay un aspecto del extracto de Bunge citado al que creo que hay que prestar gran atención: “[Las] genuinas protociencias avanzan y maduran impulsadas por la investigación rigurosa, y se transforman en ciencias, las seudociencias son pozos de agua estancada que permanece al margen de la veloz corriente de la ciencia”. Me refiero a la idea de “investigación rigurosa”.

    El método científico es una cuestión tanto de fondo como de forma: “A pesudoscience is not constituted merely by formally defective theses but methodologically defective procedures” (Frank Cioffi). No se trata sólo de que las tesis científicas estén expresadas en un lenguaje lógico y matemático correcto. Se trata también de que los practicantes de una actividad científica eludan en su comportamiento una serie de actitudes que son síntomas característicos de la pseudociencia.

    Entre estos síntomas característicos de la actividad pseudocientífica se pueden citar:

    – La tendencia a invocar hipótesis ad hoc como medio de inmunizar las afirmaciones propias de la falsificación
    – El desprecio a las observaciones o resultados experimentales que están en conflicto con las propias tesis
    – La confianza en experimentos imposibles de realizar o que no pueden ser repetidos por otros
    – La confianza en personalidades concretas como portadoras de una habilidad especial para determinar lo que es verdadero o falso
    – La confianza excesiva en evidencias testimoniales o anecdóticas

    Cuantos más síntomas de los mencionados (y otros más que se podrían incluir en la lista) muestre una actividad pretendidamente científica, más probabilidad existe de que se trate o desemboque en pseudociencia.

    Así, las protociencias, que pueden acabar potencialmente en ciencia genuina una vez que sus hipótesis son capaces de generar contenido empírico concreto capaz de ser verificado experimentalmente, serán tanto más creíbles en sus fases iniciales de gestación en cuanto sean capaces de evitar rigurosamente, desde el primer momento, la tentación de caer en actitudes pseudocientíficas. Así es como creo que se puede entender la idea de “investigación rigurosa” que menciona Bunge aplicada a las protociencias.

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Por Francisco R. Villatoro, publicado el 4 enero, 2016
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