El exposoma (exposome) y el conductasoma (behavome)

Por Francisco R. Villatoro, el 16 octubre, 2019. Categoría(s): Ciencia • Medicina • Recomendación • Science ✎ 4

Nos encontramos en la era de la multiómica (multiomics). Christopher P. Wild introdujo en 2005 el concepto de exposoma (exposome): todas las interacciones con el entorno a las que está expuesto un ser humano a lo largo de su vida que pueden tener un papel en su salud. Geoffrey M. Jacquez y Clive E. Sabel introdujeron en 2015 el concepto de conductasoma (behavome) (*): todas las conductas humanas, tanto individuales como sociales, que pueden afectar a nuestra salud. Dos conceptos polémicos, pues parecía imposible determinarlos, pero que han acabado por ser aceptados. Las grandes tecnológicas como Google se frotan las manos; son las únicas que pueden llegar a saberlo todo sobre nosotros, sobre nuestra interacción con el entorno y sobre nuestras conductas; solo ellas podrán determinar con precisión nuestros exposoma y conductasoma. Si algún día se usan en la práctica clínica, el mercado de la salud acabará dominado por las grandes tecnológicas.

El exposoma es un concepto útil en toxicología y farmacología, aunque nació en el campo de la epidemiología de enfermedades crónicas, en especial las relacionadas con carcinógenos (campo de especialidad de Wild, director de la Agencia Internacional para la Investigación del Cáncer en Estados Unidos). Los productos tóxicos entran en nuestro cuerpo a partir de fuentes exógenas (aire, agua, dieta, drogas y radiación) y a partir de procesos endógenos (microbiota, inflamación, estrés oxidativo, enfermedades existentes e infecciones). Muchos de estos factores no genéticos contribuyen en gran medida al riesgo de enfermedades crónicas (se estima que hasta en un 90% en muchas de ellas). En cuanto al conductasoma, parece haber tenido menor aceptación entre los especialistas (quizás porque es un concepto más reciente que fue introducido por especialistas en sistemas de información geográfica). Quizás como está muy relacionado con el exposoma se puede integrar en él.

Me ha gustado el artículo de revisión de Megan M. Niedzwiecki, Douglas I. Walker, …, Gary W. Miller, “The Exposome: Molecules to Populations,” Annual Review of Pharmacology and Toxicology 59: 107-127 (2019), doi: https://doi.org/10.1146/annurev-pharmtox-010818-021315; y los artículos del libro editado por Sonia Dagnino, Anthony Macherone, “Unraveling the Exposome: A Practical View,” Springer (2019), doi: https://doi.org/10.1007/978-3-319-89321-1. Sobre el conductasoma recomiendo el artículo original de Geoffrey M. Jacquez,Clive E. Sabel, Chen Shi, “Genetic GIScience: Toward a Place-Based Synthesis of the Genome, Exposome, and Behavome,” Annals of the Association of American Geographers 105: 454-472 (2015), doi: https://doi.org/10.1080/00045608.2015.1018777.

(*) Por cierto, traduzco behavome  como conductasoma, porque ya se suele traducir conductome  como conductoma (siendo los factores del entorno que influyen en nuestra conducta). Tampoco lo traduzco como etosoma (de ethosconducta en griego) porque hay unos liposomas llamados etosomas (ethosomes). Quizás algún lector puede proponer en los comentarios una traducción etimológicamente más correcta en español.

Me imagino un médico de familia del futuro. Llegamos con ciertos síntomas a su consulta. Un software tecnológico le informa al médico de las razones más probables de nuestra visita; al tiempo que oye nuestra exposición selecciona entre estas razones las que le exponemos; el propio software le sugiere preguntas que debe realizarnos para guiar nuestro discurso hacia lo más relevante (que nosotros mismos ignoramos). Además, el software le ofrece al médico información privada sobre nuestros exposoma y conductosoma; no siendo un adivino, no hay otra forma para que realice las preguntas oportunas necesarias para estimar su impacto. Cuestiones que no le confesaríamos al médico, quizás por considerarlas irrelevantes en relación a nuestros síntomas. El software apoyará al médico en su toma de decisiones. Y nosotros disfrutaremos de una atención mejor, todo ello gracias a que las empresas tecnológicas lo saben todo sobre nuestras conductas y las sustancias a las que estamos expuestos.

Lo más curioso del conductasoma es que, como ya he indicado, fue introducido por especialistas en sistemas de información geográfica. La idea original de Jacquez y Sabel era seguir todos los movimientos de una persona durante las 24 horas, para estimar su exposición a tóxicos de todo tipo, y de paso estimar sus conductas. Para ello se requiere una geolocalización en tiempo real, algo conocido por las grandes tecnológicas a las que les regalamos dicha información a cambio de usar sus productos de forma gratuita. Más aún, muchos presumen de disfrutar de los nuevos artilugios (gadgets) tecnológicos que están más a la moda (y que ofrecen nuevas fuentes de información a las grandes tecnológicas).

Por supuesto, según las fuentes oficiales, hoy en día solo se comercia con dicha información de forma anonimazada; las leyes que protegen nuestra privacidad prohíben otros usos. Sin embargo, en un futuro no muy lejano, los sistemas de salud de los propios Estados recurrirán a esta información para reducir los costes y mejorar la eficiencia de sus sistemas de salud (pública y privada). Los macrodatos (big data) que regalamos a las tecnológicas acabarán siendo un elemento relevante en todo diagnóstico clínico. Tiempo al tiempo.

Hay muchas cuestiones bioéticas que suscita este futuro potencial. Por ejemplo, qué pasa si el software informa a nuestro médico de que fumamos a escondidas, pero negamos hacerlo cuando él nos pregunta al respecto. ¿Debe tener en cuenta este dato en su diagnóstico? De hecho, alguien podría deducir a partir del tratamiento que hemos recibido cosas que queremos que se mantengan en nuestra vida privada.

Quizás pienses que el médico es prescindible y que una futura inteligencia artificial podría ocupar su lugar. No lo creo posible, pues somos animales sociales y necesitamos el contacto personal. Lo estuve comentando con varios médicos diabetólogos (endocrinólogos, nefrólogos y cardiólogos) en el congreso DCN 2019, Clinical Update in Diabetology and Cardio-Nephrology, Auditorio ADDA (Alicante, España), 27-28 sep 2019 [Program PDF], en el que impartí la conferencia (divulgativa) de clausura (sobre agujeros negros y, por cierto, me dijeron que les gustó mucho). Todos los médicos con los que hablé sobre este tema opinaban que no conciben que el papel del médico sea reemplazado por una inteligencia artificial; sin embargo, muchos coincidían conmigo en que las inteligencias artificiales acabarán apoyando el diagnóstico en un futuro no muy lejano. Lo que sobrevolaba nuestra conversación era el papel en el diagnóstico del exposoma y del conductasoma.



4 Comentarios

  1. El problema es que sin investigación de calidad en ese tema, es realmente fácil caer en la trampa del Big Data, donde aparecen correlaciones espúreas por doquier.

    Y no es nada fácil de investigar, porque para muchos hábitos tóxicos, cualquiera que pretenda realizar un estudio de intervención, se va a encontrar con el comité de ética. Cierto es que los de cohorte son suficientes para establecer relaciones de causalidad, pero también necesitan estimar modelos que permitan controlar los factores de confusión derivados de no aleatorizar.

  2. Parece que el conductasoma por su concepto sea una especie de determinismo a tener en cuenta en el diagnóstico, si se llegara a tener una IA basada en los 3 conjuntos que definen el conductasoma de un individuo, los médicos puede que nos ahorraríamos la socorrida ananmesis actual, concepto este último idéntico al primero.

    Creo que para tener un conductasoma previo de un paciente, aparte de la dificultad técnica para elaborarlo, violaría todas las leyes existentes e imaginadas sobre el derecho a la intimidad del individuo. Téngase en cuenta que una historia clínica pertenece exclusivamente al medico (y a la institución sanitaria correspondiente) basado en el derecho al secreto médico.

    La conducta tiene un cierto componente basado en la voluntad, sin embargo el comportamiento está más bien determinado por circunstancias ajenas a nuestros deseos, por lo que propongo el término de “comportasoma”

    1. En cuanto otras posibles traslaciones de ‘behavome’ propongo “Actitudoma”, pues lss variadas teorías de lo “behaviorista’ coinciden en la *Actitud como constructo indispensable para la génesis al menos, otros también la consideran necesaria para la finalización, de la Acción, exceptuando las Teorías típicamente imbuidas de la Reflexología, como la Skinneriana, de naturaleza acausal y con ausencia de alguna clase de Teleonomía Explicativa. La “conducta” como constructo no está definida, de hecha un sinónimo absoluto es “mental”. Por ello se debe abandonar su uso, de ambos dis términos. Hoy se habla de “Capacidades”, por tanto de una cualidad que aúne ‘Potencia’ y ‘Acto’. “Conducta’, de manera implícita, en el uso, invoca que es lo ejecutado, lo exhibido.

  3. Los sistemas de informacion geografica son una herramienta mas. Es como si me dicen que un programador ha descubierto un nuevo planeta porque uso un programa de python para hacer sus calculos.

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