
Te recomiendo disfrutar del episodio 532 del podcast Coffee Break: Señal y Ruido [iVoox A, iVoox B; ApplePod A, ApplePod B], titulado “Tormenta Solar; Microbios Espaciales; Dientes de León; Agujeros Negros”, 13 nov 2025. «La tertulia semanal en la que repasamos las últimas noticias de la actualidad científica. Cara A: Apuestas por mecenazgo (5:00). Condiciones de tormenta geomagnética por una intensa actividad solar, incluyendo GLE (10:30). Microbios en el espacio (bueno, en la ISS) (23:00). Un mundo sin microbios (41:30). Cara B: Un mundo sin microbios (continuación) (00:00). La dispersión de las semillas de diente de león (03:00). El gap de masas de los agujeros negros (43:10). Señales de los oyentes (1:15:30). Imagen de portada desarrollada con IA generativa por Héctor Socas Navarro. Todos los comentarios vertidos durante la tertulia representan únicamente la opinión de quien los hace… y a veces ni eso».
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Como muestra el vídeo participan por videoconferencia Héctor Socas Navarro @HSocasNavarro /@hectorsocas.bsky.social / @HSocasNavarro@bird (@pCoffeeBreak / @pCoffeeBreak.bsky), Silvana Tapia, Juan Carlos Gil Montoro @ApuntesCiencia / @ApuntesCiencia.bsky / @ApuntesCiencia@astrodon, y Gastón Giribet @GastonGiribet (solo cara B). Por cierto, agradezco a Manu Pombrol @ManuPombrol el diseño de mi fondo para Zoom; muchas gracias, Manu.
Tras la presentación, Héctor nos habla de apuestas por mecenazgo. Quienes se suscriban a Patreon o iVoox estarán apostando (de forma automática) porque Betelgeuse explotará en el próximo año. Si explota se les devolverá el dinero (para que disfruten del evento). Si no explota dedicaremos (como hasta ahora) dicho dinero a financiar nuestras actividades cientófilas. ¡Cosas de Héctor!

Héctor nos habla de tormentas geomagnéticas debidas a la intensa actividad solar reciente, incluyendo un reciente GLE (Ground Level Enhancement). Un GLE es un aumento repentino del flujo de partículas energéticas solares lo bastante intenso como para ser detectado a nivel del suelo por redes de detectores de neutrones y otros instrumentos en Tierra. En noviembre de 2025, una intensa actividad solar ha desencadenado varios fenómenos extremos: una tormenta geomagnética severa (G4) generada por una potente eyección de masa coronal produjo auroras muy brillantes visibles en gran parte de Norteamérica y Europa, llegando incluso hasta México.
El pasado 11 de noviembre de 2025, el Sol emitió una llamarada solar de clase X5.1 procedente de la región activa AR4274, la más potente del año hasta ese momento. Esta erupción alcanzó su máximo a las 10:00 UTC y provocó apagones de radio de nivel R3 (fuertes) en las zonas diurnas de África y Europa debido a la ionización repentina de la atmósfera superior. Además, el evento liberó una eyección de masa coronal (CME) a unos 1856 km/s, la cual se espera que impacte la Tierra el 12 de noviembre con la posibilidad de desencadenar una tormenta geomagnética de nivel G4.
Además, el 14 de noviembre el Sol lanzó una llamarada de clase X4, la segunda más potente de 2025, también desde la región activa AR4274, lo que causó apagones de radio fuertes (R3) en la cara diurna de la Tierra, especialmente sobre África central y oriental, y se asoció a una nueva CME en ruta hacia nuestro planeta. Más información en Daisy Dobrijevic, «Sun unleashes strongest solar flare of 2025, sparking radio blackouts across Africa and Europe,» Space.com, 11 Nov 2025; «Severe geomagnetic storm sparks northern lights across North America and as far south as Mexico (photos),» Space.com, 12 Nov 2025; «Sun fires off 2nd-strongest flare of 2025, sparking radio blackouts across Africa,» Space.com, 14 Nov 2025.

Silvana nos cuenta un artículo en Cell sobre microorganismos en el espacio, en la Estación Espacial Internacional (ISS). Se estudia el microbioma y el exposoma químico en dicho entorno cerrado e industrializado donde la diversidad microbiana es baja, dominada por microbios asociados a humanos (sobre todo Staphylococcus), con escasa presencia de microbios ambientales terrestres. Se sabía que la ISS acumula sustancias químicas sintéticas (PFAS, plastificantes, surfactantes) de materiales, limpieza, alimentos o fisiología humana. El nuevo estudio combina microbiología (16S, metagenómica) y metabolómica para entender cómo el uso de cada módulo modifica su ecología microbiana y química. Silvana cita el proyecto de Jack A Gilbert sobre el microbioma del hogar (Home Microbiome Project), cuyo artículo principal fue Simon Lax, Daniel P. Smith, …, Jack A. Gilbert, «Longitudinal analysis of microbial interaction between humans and the indoor environment,» Science 345: 1048-1052 (29 Aug 2014), doi: https://doi.org/10.1126/science.1254529.
El estudio generó el mayor conjunto de datos multiómicos en un ambiente espacial hasta la fecha: 803 muestras de superficie tomadas durante la Expedición 64, abarcando nueve módulos del segmento orbital estadounidense (USOS). Cada muestra fue procesada para (i) secuenciación 16S rRNA y metagenómica (3.7×10⁹ lecturas totales, 440–896 especies detectadas según base de referencia, 1.065 genes de resistencia antimicrobiana identificados), y (ii) metabolómica LC–MS/MS no dirigida (≈21.000 features moleculares, 3–7% anotadas mediante biblioteca + estándares). Los datos se integraron en un modelo tridimensional de la ISS y se analizaron con herramientas modernas: phylo-RPCA para beta-diversidad, Qemistree para ontología química, SourceTracker2 para identificar orígenes microbianos, y ensamblajes metagenómicos (MAGs) para caracterizar genomas completos.

Los módulos mostraron firmas microbianas y químicas distintas determinadas por su uso: Node 1 (comedor) concentró compuestos alimentarios; Node 3 (higiene y ejercicio) mostró metabolitos urinarios, PFAS en zonas textiles y mayor diversidad química; el ARED acumuló inhibidores de corrosión. El microbioma estuvo dominado por microbios de la piel (contribución mediana 72.6%), casi sin microbios ambientales del suelo o agua (<0.15%). La diversidad microbiana y química correlacionó positivamente con el uso de desinfectantes. En comparación con ambientes terrestres, la ISS se sitúa en el extremo más industrializado y con menor diversidad filogenética (solo 6.3% del árbol filogenético total). La metagenómica detectó genes AMR en casi todas las muestras, presencia parcial de virus humanos reactivados (como EBV), y genomas de Klebsiella pneumoniae y otros ESKAPE con coberturas superiores al 20–80%. MAGs de Pantoea piersonii y Moraxella osloensis mostraron divergencia respecto a cepas terrestres, con mayor diversidad de genes de resistencia en las cepas de la ISS. En conjunto, el estudio establece un mapa base para monitorización y diseño de hábitats espaciales de larga duración.
El artículo es Rodolfo A. Salido, Haoqi Nina Zhao, …, Rob Knight, «The International Space Station has a unique and extreme microbial and chemical environment driven by use patterns,» Cell 188: 2022-2041.e23 (03 Apr 2025), doi: https://doi.org/10.1016/j.cell.2025.01.039.

Silvana también nos habla de un artículo en PLoS Biology sobre un mundo sin microbios. Se estudia la idea de Pasteur: “la vida no sería posible sin microbios”. El artículo cuestiona esta afirmación, pero subraya que el papel de los microorganismos en la salud y en los ciclos biogeoquímicos. Hay animales gnotobióticos (ratas, ratones, pollos, cobayas) que viven sin bacterias ni arqueas: estos animales pueden sobrevivir si se suplementan todos los nutrientes esenciales de forma sintética, pero muestran alteraciones fisiológicas (un ciego agrandado y problemas de motilidad intestinal, órganos más pequeños, sistema inmunitario pobre, menor número de leucocitos e inmunoglobulinas) y potenciales efectos neurológicos por la ausencia del eje microbiota–cerebro.
Se discuten tres casos, (1) un mundo con humanos “en burbujas” gnotobióticas, (2) un planeta sin los dominios Bacteria y Archaea, y (3) la eliminación de todos los microbios (incluyendo virus, protistas y hongos, pero sin excluir las mitocondrias y los cloroplastos en las células eucariotas). Tras su análisis se concluye que la vida macroscópica podría persistir durante cierto tiempo sin microbios. Pero sin Bacteria ni Archaea, la fijación de nitrógeno colapsaría y la agricultura solo podría mantenerse mediante una intensificación masiva del proceso Haber–Bosch y una distribución global de fertilizantes; muchos organismos simbióticos (rumiantes, termitas, el fitoplancton dependiente de la vitamina B₁₂ bacteriana) morirían por falta de cofactores. Buena parte de los ciclos biogeoquímicos (desnitrificación, metanogénesis, regeneración de fósforo en océanos, descomposición anaerobia) se detendría, provocando acumulación de biomasa y residuos, estancamiento de océanos y colapso paulatino de ecosistemas.
La frase final del artículo es que “podríamos arreglárnoslas sin microbios… durante unos pocos días”. El breve artículo es Jack A. Gilbert, Josh D. Neufeld, «Life in a World without Microbes,» PLoS Biology 12: e1002020 (16 Dec 2014), doi: https://doi.org/10.1371/journal.pbio.1002020.

Juan Carlos nos habla de la dispersión de las semillas de diente de león al hilo de un artículo en la revista Interface. La dispersión anemocora (por viento) no es un proceso pasivo, «el viento decide y la planta se deja llevar». Hoy se sabe que muchas especies modulan de forma activa la abscisión (desprendimiento) de sus semillas en función de las condiciones ambientales; así las semillas no se sueltan igual ni al mismo tiempo. En Taraxacum officinale (el diente de león común) las semillas del lado de barlovento se desprenden antes que las de sotavento, el pappus se cierra con humedad para evitar la abscisión y existe una velocidad crítica de viento para iniciar el vuelo.

El nuevo artículo propone un modelo morfológico y biomecánico del desprendimiento basado en experimentos y en técnicas de imagen avanzadas. Se usa microscopía electrónica de barrido, microscopía confocal láser y micro-CT, midiendo parámetros como longitud de la semilla (L = 12.4 ± 0.1 mm), anchura de la base (w = 64 ± 2 μm), radio de la zona de anclaje (r = 39 ± 2 μm), radio del pedículo (c = 18.6 ± 1.0 mm) y porosidad del pedículo (k ≈ 0.33). Además, miden la fuerza de abscisión pegando el pappus a un hilo conectado a una célula de carga (rango 10 g, 100 Hz) y tirando de la semilla en distintas direcciones: ensayo sideways (0°, ±90°, n = 128), azimuth (≈0°, 45°, 90°, n=75) y elevation (0°, ángulos agudos y obtusos, n=90). También desarrollan un modelo mecánico donde la semilla se representa como una viga (achene+beak) unida mediante un pedículo cilíndrico a una base asimétrica en forma de herradura, usando el cociente de módulos elásticos (β = Ep/Eb, cociente pedículo/base) y obteniendo expresiones para los cocientes de fuerzas de abscisión según la dirección.

Los resultados muestran una asimetría direccional extrema: para 0° (dirección recta) la fuerza de abscisión es de ~45–54 mN, pero disminuye hasta ~1,3 mN en dirección negativa (hacia el pedúnculo, −90°) y a ~0,26 mN en dirección positiva (hacia el ápice del capítulo, +90°). Por tanto, en el laboratorio hace falta unas 170–200 veces más fuerza para arrancar una semilla en dirección recta que en la dirección lateral «buena”, y unas 4–5 veces más en la dirección “mala” (negativa) que en la otra (positiva). El análisis de imagen revela que la base de anclaje es una “meseta” en forma de herradura que solo sostiene la semilla por el lado negativo; al tirar en dirección positiva el pedículo sufre casi solo flexión, lo que concentra tensiones y facilita la rotura, mientras que al tirar en dirección negativa el tejido del receptáculo comparte carga y refuerza el anclaje.

El modelo mecánico, ajustado con β* ≈ 25.9, reproduce bien los cocientes de fuerzas experimentales Fap/Fas ~ 0.005 exp. vs 0.0026 teórico, y Fan/Fas ~ 0.03 vs 0,028, y permite predecir como se modifica el sesgo dirección en función del radio de la zona de anclaje (r) y el radio del pedículo (c). La conclusión es que las semillas a barlovento (que se doblan en dirección positiva) se desprendan con vientos más débiles, lo que aumenta la probabilidad de dispersión lejana. Por ello, la dirección del viento debe tenerse en cuenta en los modelos de dispersión de semillas por viento. El artículo es Jena Shields, Fiorella Ramirez-Esquivel, …, Chris Roh, «Letting go with the flow: directional abscission of dandelion seeds,» Journal of The Royal Society Interface 22: 0227 (Sep 2025), doi: https://doi.org/10.1098/rsif.2025.0227.

Gastón nos cuenta un artículo sobre el hueco (gap) de masas de los agujeros negros debido a la inestabilidad de pares. La onda gravitacional GW231123 fue resultado de la fusión de dos agujeros negros con masas M1 ≈ 137+22−17 M⊙ y M2 ≈ 103+20−52 M⊙, ambos dentro del mass gap por inestabilidad de pares (≈ 69–139 M⊙) y con espines muy altos (a1 ≈ 0.9 y a2 ≈ 0.8). Su origen es difícil de explicar por los métodos estándar: ni las fusiones jerárquicas en cúmulos, ni la evolución binaria aislada suelen producir agujeros negros tan masivos con espines tan altos.
Usando superordenadores se realizan simulaciones completas (end-to-end). Se simula su formación por colapso de un núcleo de helio de masa inicial MHe = 250.75 M⊙ y metalicidad Z = 0.001, que pierde hasta MHe ≈ 149 M⊙ durante el colapso. Se simula usando el código MESA 1D hasta el inicio del colapso por inestabilidad de pares y luego se usa el código relativista GR1D durante la fase final del colapso y la formación del agujero negro inicial (con masa ≈ 40 M⊙ a los tBH = 4.29 s). Luego se usan simulaciones GRMHD 3D con H-AMR, para distintos perfiles del campo magnético (modelos débil Bw, medio Bm, fuerte Bs, y muy fuerte Bvs) con resoluciones de hasta 4096 × 2304 × 4096 vóxels y tasas de acreción iniciales del orden de 100 M⊙/s. Esto les permite seguir la formación de disco, chorros relativistas y vientos, y cuantificar cuánta masa y momento angular se pierde o se transfiere al agujero negro.

Los resultados son fascinantes, según Gastón, pues muestran una correlación clara entre la masa y el espín controlada por la intensidad del campo magnético: con campo débil (modelo Bw) casi todo el núcleo colapsa, el agujero negro crece hasta MBH ≈ 150 M⊙ y su espín se vuelve muy alto (a ⪅ 1); con campo muy fuerte (Bvs) los chorros y vientos expulsan decenas de masas solares, limitando la acreción y el espín a valores bajos (incluso a espín retrógrado a ≈ −0.1), dejando agujeros negros de ≈ 60–70 M⊙. Los agujeros negros de la fusión GW231123 se aproximan bastante con el caso intermedio (Bm), que produce un agujero negro con MBH ≈ 100 M⊙ y a ≈ 0.8, y el caso débil (Bw), que puede producir un agujero negro con MBH ≈ 130 M⊙ y a ≈ 0.9, ambos en muy buen acuerdo con los parámetros inferidos para GW231123. En dicho caso, los chorros emitidos alcanzan potencias isotrópicas de hasta Piso ≈ 1054–1056 erg/s y energías Ejet ≈ 1052–1053 erg, que podrían ser observables como GRBs extremadamente energéticos.
En resumen, las simulaciones sugieren que el colapso directo de núcleos de helio muy masivos, en rotación y con magnetizados con campos magnéticos débiles o medios explica la formación de loas agujeros negros que se fusionaron en la onda gravitacional GW231123 (y quizás también en GW190521). El artículo es Ore Gottlieb, Brian D. Metzger, …, Maximiliano Isi, «Spinning into the Gap: Direct-horizon Collapse as the Origin of GW231123 from End-to-end General-relativistic Magnetohydrodynamic Simulations,» The Astrophysical Journal Letters 993: L54 (10 Nov 2025), doi: https://doi.org/10.3847/2041-8213/ae0d81.
Y finaliza el programa con Señales de los Oyentes.
¡Que disfrutes del podcast!


Para no variar, una pregunta del programa siguiente, el de hoy: Giribet ha dicho que vemos el polo de Sagitario A*. ¿No es M87, del que vemos casi el polo?. Supongo que ha sido un lapsus. Si fuese Sagitario A* y hace pocos millones de años emitió dos chorros aproximadamente perpendiculares al plano galáctico, que formaron los bulbos de la Vía Láctea, significaría que su eje de rotación baila como loco.
Masgüel, (1) el eje de rotación de Sagitario A* apunta más o menos en dirección a la Tierra (a unos 30 grados según EHT); esto no ocurre con el eje de rotación de M87*.
(2) Las burbujas de Fermi son resultado de la actividad reciente de Sgr A*, se estima que se formaron hace unos 5 millones de años y que la actividad que las formó duró del orden de 1 millón de años; pero no te confundas, el eje de giro del agujero negro y el eje de giro del disco de acreción pueden ser diferentes (y suelen serlo, luego no es extraño que lo sea para Sgr A*); los chorros relativistas se pueden emitir perpendiculares al disco de acreción de materia (modelo de Blandford-Payne), aunque también se pueden emitir anclados al eje del agujero negro (modelo de Blandford-Znajek); desde EHT se prefiere el modelo BP para Sgr A* y el BZ para M87*.
(3) El eje de rotación de Sgr A* no «baila como loco», se cree que su eje de giro en dirección diferente a la del disco de acreción tuvo como causa una pasada fusión con otro agujero negro supermasivo (quizás el de la galaxia enana Gaia-Enceladus hace unos diez mil millones de años, pero es solo una hipótesis entre las varias propuestas).
Muchas gracias. Entonces, aunque el eje de rotación apunte más o menos en nuestra dirección, si inicia un nuevo proceso de acreción, los chorros podrían volver a ser más o menos perpendiculares al plano galáctico, como la última vez, en lugar de freir la biosfera, como bromeaba Tosar, ¿no?.
Masgüel, no sabemos qué modelo describe mejor las emisiones recientes de Sgr A* (Blandford–Znajek, Blandford–Payne, Blandford–Königl, Punsly-Coroniti, Vlahakis-Königl, …, así hasta unas decenas); tampoco sabemos si en unas ocasiones se rige por un modelo y en otras ocasiones por otro (pues el proceso parece ser caótico, con fuerte dependencia de las condiciones iniciales); para la formación de las burbujas de Fermi se apunta a Blandford–Payne, pero no se sabe aún con seguridad cuál es el mejor modelo.
Gracias de nuevo. Supongo que los astrónomos podrán aportar datos sobre la frecuencia de cada uno. Cúantos cuasar se ve atravesando las galaxias por su eje de rotación, cuántos de lado a lado, como radios de una rueda, oblicuos… Por lo que comentas, probablemente habrá de todo.
Masgüel, no me consta que haya ninguna cuantificación fiable. Se suele decir que hay dos poblaciones, los que se orientan con el eje de giro de la galaxia y los que se orientan de forma aleatoria. Pero hay poca estadística fiable, en la mayoría de los casos solo se tienen especulaciones. Lo que podemos saber sobre nuestra galaxia es mucho más de lo que podemos saber sobre galaxias situadas a miles de millones de años luz.