La relación entre las lesiones medulares y la microbiota intestinal

Por Francisco R. Villatoro, el 20 junio, 2026. Categoría(s): Biología • Ciencia • Noticias • Science

Uno de los temás más estudiados en microbiología es la relación entre la microbiota del intestino y el funcionamiento del encéfalo (el mal llamado eje intestino–cerebro). Se ha publicado en Communications Biology (Springer Nature) un artículo que estudia la relación entre las lesiones medulares y la microbiota (en ratones). Se estudia usando metagenómica el control espinal de la microbiota en el intestino, bajo la hipótesis de que la microbiota intestinal no solo depende del eje microbiota–intestino–cerebro, sino también del control simpático espinal sobre motilidad, secreción de moco, flujo sanguíneo intestinal e inmunidad. Ya se sabía que las lesiones medulares traumáticas (SCI, por spinal cord injury) producen disbiosis intestinal, inflamación, alteraciones metabólicas y peor recuperación neurológica. Pero esos estudios previos se limitaron a la secuenciación del gen 16S rRNA (ARN ribosómico 16S) en la microbiota.

El nuevo estudio considera 333 metagenomas (294 fecales y 39 cecales, es decir, del ciego) de 59 ratones C57BL/6, machos y hembras, muestreados antes de la cirugía y hasta 6 meses después. Se dividieron en tres grupos: controles con laminectomía sin lesión medular (Lam), ratones con lesión bilateral por aplastamiento en T10 (que interrumpe de forma parcial el control simpático intestinal) y ratones con lesión en T4 (una interrupción más completa). Las muestran permitieron reconstruir 6635 genomas microbianos ensamblados con metagenomas (MAGs, por metagenome-assembled genomes), que se añadieron a 112 MAGs previos. Los 263 MAGs están distribuidos en 7 filos y 31 familias dando lugar al catálogo MB6GC (Mouse B6 Gut Catalog, o catálogo intestinal de ratón B6); se estima que 54 de los 263 MAGs (20.5 %) podrían representar especies nuevas.

La relevancia de este tipo de estudios son sus futuras implicaciones en enfermedades neurológicas con disfunción autonómica como ictus, esclerosis múltiple, traumatismo cerebral o enfermedad de Alzheimer. Por supuesto, por ahora es solo un estudio en ratones. El artículo es Mohamed Mohssen, Ahmed A. Zayed, …, Phillip G. Popovich, «Disruption of the spinal cord-gut axis alters microbial dynamics and carbohydrate cross-feeding in the gut,» Communications Biology (10 Jun 2026), doi: https://doi.org/10.1038/s42003-026-10447-x. Este artículo fue seleccionado por la Dra. Silvana Tapia para el episodio 563 del podcast Coffee Break: Señal y Ruido.

La interrupción del eje médula–intestino produjo cambios persistentes, dependientes del sexo, del tiempo y del nivel de lesión; en concreto, disminuyeron Bacteroidota y Proteobacteria, aumentó Firmicutes_A, y se observaron cambios de diversidad beta (la diferencia entre muestras) durante al menos 6 meses. También aumentó la diversidad alfa (dentro de una muestra), asociada a un tránsito intestinal más lento; en un ensayo independiente el tiempo de tránsito intestinal aumentó entre 17 % y 38 % durante al menos 3 semanas tras la lesión. Además se observó una depleción persistente de Lactobacillus johnsonii, independiente del sexo y del nivel lesional.

Según los autores del estudio, la médula espinal intacta es necesaria para mantener la homeostasis funcional del microbioma intestinal. La prueba funcional fue la administración oral diaria de 10⁸ cfu (colony-forming units, o unidades formadoras de colonias) de Lactobacillus johnsonii, desde el día 1 hasta el día 9 tras la lesión, lo que redujo la pérdida rápida de peso y normalizó de forma parcial la inflamación sistémica en ratones lesionados, medida mediante el cociente neutrófilos/linfocitos (NLR, por neutrophil-to-lymphocyte ratio). El análisis funcional con DRAM (Distilled and Refined Annotation of Metabolism) sugiere un mecanismo ecológico: tras la lesión, cambia la red de degradación y reparto de carbohidratos; disminuyen miembros de Muribaculaceae, productores potenciales de “bienes públicos” metabólicos, y aumentan Lachnospiraceae, más capaces de consumir los azúcares simples que producen, lo que podría dejar sin sustratos a bacterias beneficiosas raras como L. johnsonii y Turicibacter sp002311155.

El mensaje que nos deja este tipo de estudios es que la microbioma debe ser estudiada como un ecosistema de interacciones metabólicas, no como una lista de especies aisladas. Dicha perspectiva ecosistémica (ecológica) podría tener un impacto en el diseño de futuras terapias (probióticos, prebióticos o moduladores de rutas de carbohidratos) que podrían mejorar complicaciones metabólicas e inflamatorias (más allá de la lesión medular).



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