Poesía dominical: guerra y paz

Piedra nativa

La luz devasta las alturas
Manadas de imperios en derrota
El ojo retrocede cercado de reflejos

Países vastos como el insomnio
Pedregales de huesos

Otoño sin confines
Alza la sed sus invisibles surtidores
Un último pirú predica en el desierto

Cierra los ojos y oye cantar la luz:
El mediodía anida en tu tímpano

Cierra los ojos y ábrelos:
No hay nadie ni siquiera tú mismo
Lo que no es piedra es luz
 

Octavio Paz



3 Comentarios

  1. Recuérdale que la “Luna silvestre” (1933) hoy está llena, y recuerda que la “mujer puede ser metal escondido, hierba sedienta, discípula de pájaros y nubes, rescate de las aguas, las primeras palabras de los árboles,” y hasta “Árbol adentro” (1987).

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Por Francisco R. Villatoro
Publicado el ⌚ 14 septiembre, 2008
Categoría(s): ✓ General • Personajes • Poesía