Hacia el uso de parásitos como biofábricas para liberar medicamentos in situ

Por Francisco R. Villatoro, el 20 junio, 2026. Categoría(s): Ciencia • Medicina • Noticias • Science

La liberación controlada de medicamentos en el interior del cuerpo humano sigue siendo uno de los grandes retos de la farmacología y de la biomedicina, con un enorme impacto terapéutico potencial. Se necesitan nuevas ideas, como el uso de parásitos no patógenos como biofábricas para liberar medicamentos in situ. Un artículo en Nature Communications estudia esta idea con el objetivo de mejorar la administración de fármacos de forma continua en el cuerpo humano usando parásitos que sean muy conocidos y no produzcan daños graves en los pacientes. En concreto, se propone usar una versión transgénica del parásito intestinal Ancylostoma ceylanicum (anquilostoma) para que sea una biofábrica viva para producir y liberar fármacos dentro del hospedador. Por supuesto, el estudio se limita a modelos animales, hámsters. El anquilostoma tiene la ventaja de que puede sobrevivir durante años en el intestino del hospedador donde puede secretar moléculas. En el artículo se realiza una modificación transgénica del anquilostoma para que produzca y secrete un anticuerpo humano de cadena única contra la tetrodotoxina (TTX), llamado s16-HuScFv (human single-chain variable fragment, o fragmento variable de cadena única humano). La tetrodotoxina es famosa por ser la neurotoxina que produce el pez globo (el fugu japonés).

La demostración funcional clave es que el producto transgénico se secreta en el hospedador y conserva su actividad. Por supuesto, se trata de un estudio preclínico en animales, una prueba de concepto, muy lejos aún de terapia para uso clínico. Hay muchas líneas futuras de investigación como tratar de aumentar la secreción del fármaco, optimizar promotores, péptidos señal, loci GSH y vesículas extracelulares, demostrar seguridad, control de dosis, reversibilidad y ausencia de efectos patológicos, así como adaptar la plataforma a otras proteínas terapéuticas para enfermedades crónicas. El objetivo es muy ambicioso, pero por ahora la prueba de concepto es bastante llamativa. El artículo es Kumar Sachin Singh, Suman Bharti, …, Makedonka Mitreva, «Transgenic hookworm secretes anti-tetrodotoxin human single chain antibody,» Nature Communications 17: 4691 (03 Jun 2026), doi: https://doi.org/10.1038/s41467-026-73447-9. Este artículo fue seleccionado por la Ignacio Crespo para el episodio 563 del podcast Coffee Break: Señal y Ruido.

Se combinan genómica, edición genética y ensayos funcionales. Primero se identificaron las regiones GSH (genome safe harbor, o “puerto seguro genómico”) en el genoma de A. ceylanicum para insertar el transgén del anticuerpo sin perturbar sus genes esenciales; se seleccionó la región GSH2 porque la edición con CRISPR/Cas9 produjo una tasa de deleciones de 0.09598 %. El transgén incluye un promotor CMV (cytomegalovirus, o citomegalovirus), el péptido señal ASP-1 para secreción, el anticuerpo s16-HuScFv, una etiqueta His de polihistidina, un terminador bGH/poly(A) y brazos de homología de 600 pb; en total, el ADN donador lineal medía 3.2 kb (kilobases). Se han realizado múltiples pruebas que demuestran la expresión del transgén no alteró de forma apreciable los genes vecinos; usando RNA-seq se estudiaron correlaciones entre 60.3 millones de pares de lecturas por muestra, con una correlación global WT/transgénico de 0.998 en escala natural; solo se detectaron 6 genes que cambiaran de forma significativa; por supuesto, está incluido el propio s16-HuScFv.



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