Como una ola… de fraude científico

Por Francisco R. Villatoro, el 17 agosto, 2018. Categoría(s): Ciencia • Medicina • Noticias • Personajes • Recomendación • Science ✎ 7

El fraude científico se castiga con la retracción de los artículos publicados. Los editores de las revistas solicitan una investigación, que incluye la opinión del sospechoso, sus colegas y su institución. ¿Qué pasa cuando todos callan porque ya ha fallecido? El osteólogo japonés Yoshihiro Sato se suicidó en enero de 2017. Hay evidencias de que ha publicado 33 artículos fraudulentos y sospechas sobre muchos de sus más de 200 artículos. Solo han sido retractados 21 de los 33. ¿Deberían retractarse los otros 12 artículos a pesar de haber recibido más de 1000 citas?

El fraude de Sato es uno de los mayores de toda la historia de la ciencia. Sus estudios sobre cómo reducir el riesgo de fracturas de hueso se han incluido en muchas revisiones sistemáticas (metaanálisis) que influyen en la práctica clínica de muchos médicos. Hay enfermos sufriendo en sus propias carnes el fraude cometido por Sato. ¿Deberían retractarse todos los artículos de Sato bajo sospecha? Hay cinco japoneses entre los diez científicos con más artículos retractados. Japón contribuye con el 5% de toda la ciencia publicada. ¿Por qué hay tantos científicos fraudulentos en Japón? Según Michiie Sakamoto (Univ. Keio) es una cuestión de respeto. “En Japón nadie duda de un catedrático. Todo el mundo confía en quien ocupa un cargo científico”.

¿Por qué Sato publicó tantos artículos fraudulentos? En Japón la única explicación que se ofrece es que padece(*) otaku (una obsesión compulsiva similar al enganche de los jóvenes por el manga o por los videojuegos). De hecho, Sato era el único científico de su institución, el Hospital Mitate de Tagawa, pequeña ciudad de la isla Kyushu; en los últimos 20 años todos los artículos de este hospital, salvo uno, son de Sato. ¿Cómo es posible que nadie sospechara de sus estudios con miles de pacientes en una pequeña ciudad?

Te recomiendo leer el interesante artículo periodístico de Kai Kupferschmidt, “Tide of lies,” Science 361: 636-641 (17 Aug 2018), doi: 10.1126/science.361.6403.636. El artículo que destapó el fraude (enviado a JAMA en marzo de 2013 y a otras revistas más tarde) se acabó publicando en Mark J. Bolland, Alison Avenell, Greg D. Gamble, Andrew Grey, “Systematic review and statistical analysis of the integrity of 33 randomized controlled trials,” Neurology 87: 2391–2402 (06 Dec 2016), doi: 10.1212/WNL.0000000000003387.

(*) [PS  20 Ago 2018] Me aclara Jesús Quirantes Ros‏, @hijodelprofe, que “no se padece otaku, se es otaku. Otaku (literalmente significa “que no sale de casa”) es el equivalente japonés a “friki”, aunque allí tiene una connotación más negativa”. Gracias, Jesús. [/PS]

Sato era una máquina de producir artículos perfectamente engrasada. Publicó un artículo sobre 780 pacientes con Alzheimer estudiados durante 18 meses, recopilando datos individuales cada 4 semanas. Nadie sospechó que seguir a 25 pacientes diarios desde un hospital de una pequeña ciudad japonesa rayara lo imposible; todo el mundo asumía que habría colegas anónimos (que no querían firmar el artículo científico) ayudándole en dicho seguimiento. Tampoco nadie sospechó de un estudio en 2003 sobre 40 pacientes japoneses con una enfermedad muy rara durante 3 años; en el resto del mundo es muy difícil que un osteólogo se encuentre con más de dos casos durante toda su vida, así que muchos pensaban que dicha enfermedad rara tenía que ser muy prevalente en la pequeña ciudad de Japón donde trabajaba Sato.

Las sospechas se iniciaron en 2005 sobre un estudio con 374 pacientes recopilados durante 4 meses (demasiados para tampoco tiempo). También en 2006 con otro estudio de 280 pacientes en solo 2 meses. Pero el fraude no saltó a la palestra hasta 2012, cuando un metaanálisis sobre el efecto de los suplementos de calcio en las fracturas de cadera decidió omitir todos los resultados de Sato porque eran demasiado buenos para ser ciertos. Los 33 estudios clínicos de Sato contenían resultados muy similares entre sí, a diferencia del resto de los estudios clínicos. La única explicación posible era que sus resultados habían sido fabricados.

Los descubridores del fraude escribieron un artículo mostrando evidencias del fraude en estos 33 artículos de Sato. Lo enviaron para publicación a la revista más prestigiosa donde Sato había publicado, The Journal of the American Medical Association (JAMA), en marzo de 2013. El editor de JAMA, antes de publicar este artículo acusatorio, solicitó una investigación interna al Hospital Mitate. No recibió respuesta. En abril de 2015, el editor publicó una nota afirmando que la investigación de fraude había sido inconclusa por esta razón. Más aún, decidió no publicar el manuscrito con la acusación de fraude. Sus autores quedaron consternados y escandalizados; ¿cómo era posible que el editor de JAMA hiciera oídos sordos? El manuscrito fue enviado a otras revistas donde Sato también había publicado alguno de los 33 artículos. Fue rechazado de nuevo.

En paralelo, algunos artículos de Sato fueron retractados. El primero en junio de 2015, en la revista The Journal of Bone and Mineral Research. Meses más tarde otras revistas empezaron a hacer lo propio. En diciembre de 2016 la revista Neurology publicó el artículo que mostraba las evidencias de fraude en 33 artículos; para entonces, solo 10 habían sido retractados; hoy (agosto de 2018) ya se han rectractado 21. Los 12 restantes siguen publicados; analizan datos de 3182 pacientes, habiendo sido citados más de 1000 veces, e incluidos en 23 revisiones sistemáticas (metaanálisis) usadas en la práctica clínica. ¿Deberían ser retractados estos 12 artículos?

Sato ha fallecido. ¿Por respecto debe evitarse retractar sus artículos al no poderse recabar su opinión? Sato tiene coautores, como Kei Satoh, rector de la Univ. Hirosaki, en una pequeña ciudad al norte de la isla Honshu, la más grande de Japón, coautor de 13 de los 33 artículos fraudulentos, o Chizuko Kohri (vicerrector de la Univ. Hirosaki), coautor de 14 de los artículos ya retractados.  ¿Se deben buscar responsabilidades entre sus coautores? Las investigaciones de las universidades de Satoh y Kohri han concluido que la culpa del fraude es exclusiva de Sato; ellos han quedado limpios.

El osteólogo japonés más famoso, Jun Iwamoto (Univ. Keio, Tokyo), es coautor de 25 de los 33 artículos fraudulentos (y de más de 130 artículos con Sato desde 1998). Iwamoto se limpia las manos y dice que Sato le honraba poniéndole como coautor, aunque no hubiera hecho nada y ni siquiera sabía de qué iban los artículos. ¿Deben ser retractados todos los artículos de Sato sospechosos, incluso los firmados con Iwamoto como primer autor? ¿Por qué siempre que hay fraude científico el responsable es uno de los autores y los demás quedan libres de toda culpa? La cabeza de Sato ha caído (envió una nota de suicidio al director de su hospital). ¿Debería tomar medidas el gobierno japonés respecto al fraude científico en sus instituciones?



7 Comentarios

  1. A mí me llevan los demonios cuando veo que pillan a algún tramposo. Entiendo la motivación que tienen los que cometen fraude y que siempre existe la posibilidad de que no te pillen. Es como el que roba un banco, si supieras que te van a pillar no lo harías.
    Si sus estudios son falsos deberían ser desmentidos y los artículos retractados aunque el autor esté muerto. Siguen siendo falsos.
    Yo no trabajo en medicina pero publicar un paper en mi campo, como en todos, lleva tiempo y mucho esfuerzo. Esta gente devalúa el trabajo de los demás científicos honrados, qeu somos la grandísima mayoría.
    Sobre por qué siempre uno carga con las culpas… pues uno tiene sus ideas pero no dejan de ser especulaciones.

  2. No debe ser una cosa tan rara cuando en series de TV (El Mentalista) se presenta el asunto. Eso quiere decir que el sistema de revisión y los metanálisis son endebles. Después exigen a otras áreas cumplir con los estándares de los STEM y demás ciencias científicas y vemos de continuo que hay fraude. Ufff.

  3. Hombre, no dudo yo que publicar algo falso sobre el neutrinos o sobre rituales de apareamiento de la mosca de agua no sea censurable, pero es que publicar artículos falsos en temas médicos ya es para darle de $%”·$$ al que lo haga, se supone que mucha gente pudo acabar recibiendo tratamientos no efectivos por culpa suya.

    Una pena.

  4. Y lo paradójico del tema es que los artículos sean fraudulentos o no, correctos o no, se retiren o no, ya están para siempre en el acervo de la literatura mundial. El motivo es que la retirada del artículo no evita a los autores superficiales de revisiones médicas, que tienen el mismo afán por publicar pero no tanta capacidad crítica o intelectual para discernir un artículo bueno de otro malo. Mi experiencia es que este tipo de datos espurios pueden seguir en guías de práctica clínica durante años a pesar de la refutación.

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