Los mamíferos marinos carecen del gen que nos protege contra ciertos plaguicidas

Muchos mamíferos marinos han perdido la función de ciertos genes asociados al gusto y al olfato. Los delfines, las orcas, las focas de Weddell y los manatíes carecen del gen PON1, que codifica la enzima paraoxonasa 1, una enzima asociada a la ingesta de grasas saturadas como el aceite de oliva, que además nos protege de los efectos neurotóxicos de los organofosfatos. Estas sustancias se usan como plaguicidas en agricultura, ya que los insectos carecen de gen PON1. Se publica en Science que los mamíferos marinos sin este gen podrían verse afectados por su uso en agricultura. El riesgo es teórico, por ahora. Futuros estudios tendrán que clarificar su impacto real sobre las poblaciones de estos mamíferos marinos.

El artículo es Wynn K. Meyer, Jerrica Jamison, …, Nathan L. Clark, “Ancient convergent losses of Paraoxonase 1 yield potential risks for modern marine mammals,” Science 361: 591-594 (10 Aug 2018), doi: 10.1126/science.aap7714; Nathan Clark, “Ancient convergent losses of the Paraoxonase 1 gene could render marine mammals susceptible to organophosphate pesticides,” Florida Marine Mammal Health Conference VI, 28-30 Mar 2018 [PDF slides]. Más información divulgativa en “Marine mammals lack functional gene to defend against popular pesticide,” Phys.org, 09 Aug 2018.

Se ha estudiado el genoma de 58 mamíferos marinos y terrestres; solo son deficientes en el gen PON1 cinco especies marinas. Las ballenas y los delfines perdieron este gen hace unos 53 millones de años, cuando se separaron de un ancestro común con los hipopótamos. Los manatíes lo perdieron hace unos 64 millones de años cuando se separaron de un ancestro común con los elefantes. En cuanto a los pinnípedos (focas, morsas y otarios) se creen que perdieron este gen hace menos de 21 millones de años, quizás mucho menos. No se conoce la causa evolutiva de esta pérdida y si tuvo algo que ver con la adaptación al medio marino arcaico. Por cierto, los delfines y las ballenas no tienen bulbo olfatorio, y se sabe que el sentido del gusto está ausente en los cetáceos. En cuanto a los manatíes y los pinnípedos se sabe que estos sentidos están muy reducidos.

Estos mamíferos marinos viven en un medio alejado de fuentes de organofosfatos, así que no necesitan este gen para protegerse. Salvo en el caso de los manatíes, que viven tanto en zonas de aguas poco profundas, tanto dulces como saladas. En ciertas regiones hay cultivos agrícolas cercanos en los que se usan plaguicidas organofosforados; estas sustancias podrían llegar al hábitat de los manatíes. Luego su carencia del gen PON1 podría ser un riesgo potencial.

Por supuesto, un riesgo potencial no es lo mismo que un riesgo real; por ello, hay que ser precavido, pero no hay que alarmarse. No hay constancia de la presencia organofosfatos en los tejidos de manatíes, ni tampoco de una reducción de su número que esté correlacionada con el incremento del uso de estos plaguicidas cerca de sus hábitats. El nuevo estudio publicado en Science solo sugiere que se debe realizar un seguimiento y control de estas sustancias, y su posible efecto sobre estos animales. En su opinión, debería aplicarse el principio de precaución para proteger a estos animales en peligro de extinción en muchas regiones.

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