Reseña: “Eso no estaba en mi libro de historia de la ciencia” de Eugenio M. Fernández

“Historias de hombres y mujeres dedicados a la ciencia y que perdieron la vida por alguna razón que merece la pena mencionar. [Una] nómina de 150 científicos y científicas que han muerto de forma traumática o accidental. [Los] héroes y heroínas de este libro son personas que entienden qué es la palabra libertad, tanto la suya como la de los demás. Y hacer ciencia [es] el mayor de los actos de libertad que la humanidad ha desarrollado en toda su historia”.

Te recomiendo el último libro de mi amigo Eugenio Manuel Fernández, “Eso no estaba en mi libro de historia de la ciencia”, Guadalmazán (2018) [237 pp.]. Un libro que se inicia con “la historia de un burgalés que sedujo a una parisina alardeando de los halcones que tenía en casa. [Un] gran hombre de dicción inconfundible [que] dejó una huella indeleble en la población española desde finales de los años setenta”. Este libro aprovecha un nicho poco explotado, los últimos días de vida como excusa para describir la ciencia de toda una vida. El hilo de la crónica negra de la muerte de sus autores es una excusa perfecta para hablar de ciencia.

Físico, como MacGyver, profesor de secundaria, autor de libros de texto de ciencias naturales para ESO, y gran divulgador, Eugenio Manuel (@EugenioManuelFernández Aguilar ha publicado varios libros. Quizás el más conocido es “La conspiración lunar, ¡vaya timo!” Laetoli (2009), así como las biografías editadas por RBA de “Arquímedes”, “Ampére” y “Boyle” (LCMF, 22 Ago 2015). Miembro de Naukas, seguro que conoces sus blogs Ciencia en blanco y negro y Ciencia en el XXI. Su estilo es espontáneo y fácil de leer, con ciertos toques de humor (negro en su último libro). Sin lugar a dudas será disfrutado por todos.

Por cierto, Eugenio presentará su libro en Málaga el próximo lunes, 12 de noviembre de 2018. Impartirá una conferencia dirigida para todos los públicos, que tengo el honor de presentar, organizada por los malagueños Encuentros con la Ciencia. Si estás en nuestra ciudad, no te pierdas esta gran oportunidad de disfrutar de la divulgación de Eugenio. Además, firmará ejemplares de su libro para los aficionados a coleccionarlas. Más información en “Eso no estaba en mi libro de historia de la ciencia”, Encuentros con la Ciencia, 08 Nov 2018.

Eugenio aprovechó Naukas Bilbao 2018 para repartir algunos ejemplares de su último libro entre algunos amigos (entre ellos, un servidor). Tras la introducción [pp. 13-19], se agrupan los héroes y heroínas de este libro en cinco capítulos en función de la causa de su deceso, y se finaliza con un índice onomástico [pp. 235-237].

El capítulo 1, “El mártir de la medicina peruana y otros casos de laboratorios mortales” [pp. 21-51], nos ilustra la forma general de todos los capítulos. Se presenta una historia que se deja en el aire, mientras se cuentan muchas otras historias, y que solo se finaliza al final del capítulo. “La bacterióloga que se pinchó en un dedo y otras personas que perecieron por la enfermedad que investigaban” nos lleva a los “héroes del tifus y vidas paralelas”, “los médicos de la peste negra y el hombre de hierro”, “el peruano que se inyectó una verruga” y “la mortífera María tifoidea y la mala suerte de la gemela patóloga”. Las historias de cada difunto son breves, entre una y dos páginas, ilustradas con un resumen de sus contribuciones científicas y con énfasis en su óbito.

“El elemento asesino y otros niños malos de la tabla periódica”, ilustrado con una fotografía de Mickey Rooney, me permite destacar que el libro está ilustrado con gran ilustraciones y fotografías que complementan el texto. Le siguen “de aprendiz de farmacéutico a hombre de ciencias”, “solo unas gotitas”, “el albañil que murió envenenado por coleccionar conchitas” y “la rusa que murió por una obsesión”. Me ha gustado que todos los capítulos finalicen con un listado de las fuentes “para saber más”. Sin lugar muchos las consultarán para profundizar.

Sobre Scheele, Eugenio nos dice que “lo animaron a hacer experimentos y le dejaron usar el laboratorio a sus anchas, no en horarios de trabajo. No sé bien qué pasaría si hacemos eso hoy en un instituto con adolescentes acostumbrados a ver experimentos explosivos por YouTube. [Scheele] es el héroe científico perfecto: comienzos humildes, descubrimientos milagrosos, fama mundial y muerte por su trabajo”. Por cierto, me ha gustado que el libro visibiliza a muchas mujeres científicas (Edith Jane Claypode, Vera Yevstafievna Popova, Maria Clara Eimmart, etc.) y que muchas historias son muy recientes (como la del ébola y María Teresa Romero Ramos, que no ha fallecido).

El capítulo 2, “El médico que murió de una paliza y otras historias de científicos asesinados” [pp. 53-93], nos cuenta las historias de “la fotógrafa de la Luna del siglo XVII y otras mujeres adelantadas a su tiempo”, la importancia de “un simple lavado de manos” en obstetricia, “el contador de átomos y otros científicos caídos en la Gran Guerra”, entre muchas otras. No quiero destripar lo curioso de muchas de estas historias, por ello omito más detalles.

“El naturalista que se lanzó al Sena y otras historias de muertes voluntarias” [pp. 95-139], el tercer capítulo, nos habla de suicidios usando venenos, sogas, balas, saltos y hasta del pez globo. Por cierto, finaliza con el matemático Évariste Galois. El capítulo 4, “El entomólogo que murió leyendo un Whatsapp del siglo XIX y otras historias de científicos con mala pata” [pp. 141-190], se inicia con una curiosa historia sobre el “monóxido de dihidrógeno: esa molécula asesina” (sí, como lees, porque “también puede provocar la muerte”). “El accidente de un físico que acabó en la Luna y más casos de coches gamberros”, “el anciano botánico que se tragó un tren y otros casos mortales sobre las vías”, “el sastre volador y otras batallas perdidas con la gravedad” y “el cirujano que se creyó Spiderman y otros tortazos fatales” son algunos de los títulos de las secciones de este capítulo.

“Esto me recuerda una anécdota personal. Tras dar una charla en el Museo Principia de Málaga caminaba por el centro con unos amigos. Se me acercó una muchacha para darme la publicidad de una discoteca: «¿Sabe usted qué es la Big Bang?». No pude callarme: «”La” no sé, pero “el” Big Bang es el estado inicial de alta temperatura y densidad que dio origen al Universo que conocemos actualmente». La chica se quedó con la boca abierta, dio unos pasos atrás y se fue. Y no la culpo”.

El último capítulo, el quinto, “El herpetólogo que redactó su muerte en un diario y otros casos de personas víctimas de la Naturaleza salvaje” [pp. 191-234], nos presenta “relatos de científicos que han muerto a causa de las fuerzas de la naturaleza, los volcanes, los huracanes, los terremotos y, por supuesto, algún que otro animal”. Como los “seis vulcanólogos que habían ido a un taller internacional de vulcanología [y] fallecieron en pocos minutos tras la atronadora erupción del volcán que estaban estudiando”. He de confesar que ignoraba muchas de las historias del libro, como la de “la fotogénica bibliotecaria domadora de serpientes”.

En resumen, un libro muy curioso que presenta 150 historias curiosas. Aunque algunas son muy conocidas, la mayoría te sorprenderán. Que no te engañe el primer capítulo, algo más flojo que los demás en mi opinión, el libro va ganando enteros conforme se va avanzando con él. Sin lugar a dudas un libro para disfrutar de la historia de la ciencia, a pesar de que la excusa sea el triste fallecimiento de sus protagonistas. ¡Te animas!



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Por Francisco R. Villatoro
Publicado el ⌚ 11 noviembre, 2018
Categoría(s): ✓ Ciencia • Historia • Libros • Personajes • Recomendación • Science
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