Reseña: “Microbiota” de Ignacio López-Goñi

Por Francisco R. Villatoro, el 20 abril, 2019. Categoría(s): Biología • Ciencia • Libros • Medicina • Noticias • Recomendación • Science • Virología ✎ 2

“Una buena microbiota es sinónimo de una buena salud. [La] microbiota es esa comunidad de microorganismos buenos que viven en nuestro cuerpo, gracias a los cuales podemos incluso disfrutar de una salud de hierro. [Los] compartimos con nuestra familia y nuestros amigos, pero son parte de nuestra identidad: los microbios que tú tienes son distintos de los de otra persona. [De] ti depende llevarte bien con ellos, porque tu salud depende de tus microbios”.

Como servicio público, el libro finaliza con un decálogo contra la resistencia a los antibióticos. Te lo indexo por su relevancia: “(1) No te automediques. (2) Sigue las instrucciones del médico. (3) Toma exactamente los antibióticos que te ha prescrito el médico. (4) No presiones a tu médico para que te recete antibióticos. (5) No reutilices restos de antibióticos. (6) No uses antibióticos que hayan recetado a otra persona. (7) Ten tu calendario vacunal al día. (8) No compres antibióticos ni otros medicamentos por internet. (9) No uses antibióticos contra una infección viral. Y (10). Usa los antibióticos con responsabilidad, su eficacia depende de todos”.

En estos tiempos se están publicando muchos libros sobre los microbios y la microbiota. En español destaca el de Ignacio López-Goñi, “Microbiota. Los microbios de tu organismo”, Guadalmazán (2018) [270 pp.]. Un libro muy instructivo que nos descubre un mundo desconocido para la mayoría. Lo hemos reseñado, con entrevista al autor, en el tercer episodio del podcast Biosíntesis [LCMF, 19 Abr 2019]. Ignacio López-Goñi, @microBIOblog (Dep. Microbiología y Parasitología, Facultad de Medicina, Universidad de Navarra) es todo un referente en España en la divulgación científica del mundo de los microorganismos. También te recomiendo su libro “Virus y pandemias” (LCMF, 16 Ene 2016), y con su actividad docente vía Twitter @microBIOblog, “¿Se puede dar clase vía Twitter?” (LCMF, 30 Abr 2017).

Un libro muy diferente a Ed Yong, “Yo contengo multitudes”, Debate (2017) [415 pp.], traducido por Joaquín Chamorro Mielke, pero complementario en muchos sentidos. Tanto si has leído a Yong, como si no, te recomiendo la lectura del libro de López-Goñi. No hay mejor forma de “adentrarte en el mundo infinitesimal y oculto de los minúsculos seres vivos que te habitan y rigen tu salud”. Si te atreves, ¡qué lo disfrutes como yo!

El libro está dividido en dos partes, con 33 capítulos tras el índice y los dos prólogos, antes del epílogo y la bibliografía. Se inicia el libro con el prólogo de César Nombela, Catedrático de Microbiología, “Ver los microbios” [pp. 13-15], que da paso al del propio autor, “Prólogo” [pp. 17-18], del que he extraído el texto que abre esta reseña.

La primera parte, “Somos microbios”, se inicia con el capítulo 1, “Leeuwenhoek: ver lo invisible” [pp. 20-27], quien “hizo la primera descripción de lo que hoy conocemos como microbiota”. Todos los capítulos se inician con un ilustración gráfica encima del título e incluyen varias fotografías y/o ilustraciones. Finaliza este capítulo con la historia reciente de un español y el último microscopio de Leeuwenhock encontrado. Así llegamos al capítulo 2, “Pero ¿qué son los microbios?” [pp. 28-33], “bacterias, protozoos y levaduras. [El] término «microbio» hace referencia a su pequeño tamaño”.

“Somos mitad humano mitad bacteria” [pp. 35-39], aunque se decía que “el 90% por cierto de lo que tú eres son microbios”, hoy sabemos que “esa relación es de 1:1 aproximadamente”; eso sí, si se cuentan los glóbulos rojos como células, “ya que al fin y al cabo no son más que unas bolsitas llenas de hemoglobina”. “¿Quiénes son nuestros microbios?” [pp. 41-50], se inicia con la diferencia entre microbiota y microbioma. “Somos superorganismos en los que el 1% de nuestro genoma lo heredamos de nuestros padres y el 99% de nuestros microbios”. Por cierto, hay que desterrar el término flora microbiana. “Se han identificado 2172 especies de bacterias [en nuestras heces]. El 93 % pertenecen a cuatro grandes grupos de bacterias: Actinobacterias, Bacteroidetes, Firmicutes y Proteobacterias. [Se] han clasificado a las personas en tres tipos o enterotipos, según las bacterias dominantes: Bacteroides, Prevotella y Ruminococcus“.

El quinto capítulo, “Las bacterias viven en comunas, son cotillas y muy promiscuas” [pp. 51-56], nos habla de las biopelículas o biofilms, así como de la «percepción del quórum». “Pero la promiscuidad bacteriana no acaba aquí, las bacterias también pueden intercambiar genes empleando los virus como vehículos”. Como bien sabes, “No hay nada como una madre” [pp. 57-65], que nos ayudan a adquirir nuestros primeros microbios (y muchos más vía el calostro en la lactancia materna). Quizás no sepas que “Compartes microbios con tu familia… y con tus mascotas” [pp. 67-70]. “Vamos dejando microbios por donde pasamos: se calcula que una persona es capaz de emitir alrededor de un millón de pequeñas partículas cada hora, y la mayoría de esas partículas contienen bacterias”.

“Todo cambia con la edad” [pp. 71-76], incluida tu microbiota, luego “no hay dos personas con exactamente la misma composición microbiana, ni siquiera entre gemelos idénticos”. De ahí hay un solo paso hasta “CSI: descubrir al asesino por las bacterias de su pelo” [pp. 77-79]. Con lo que llegamos al capítulo 10, “¿Por qué a ti te pican los mosquitos y a mí no?” [pp. 81-83]. “Las bacterias de la piel son clave en la producción del olor corporal. [En] general, las personas con más bacterias por centímetro cuadrado resultan más atractivas para los mosquitos”.

“El pintxo microbiano” [pp. 84-91], o “bacterias y butifarras”, nos habla de un premio Ig Nobel y de los probióticos. “Mantener a raya al enemigo” [pp. 92-96], que al hilo de Pasteur, nos recuerda que “la microbiota forma una barrera microbiana contra otros microorganismos patógenos y supone una resistencia a ser colonizados”. Quizás ya te lo estabas preguntando, “¿Estoy gordo o son mis microbios?” [pp. 97-105], porque “nuestros microbios influyen en el control de nuestro metabolismo, en cómo digerimos y en cómo almacenamos los nutrientes. [Así] la composición de la microbiota varía con la dieta, el estilo de vida y el ambiente externo”. Por cierto, ¿por qué aparecen los hazda en este capítulo? Tendrás que leerlo…

El capítulo 14, “En la salud y en la enfermedad” [pp. 107-116], nos lleva a “La conexión entre el intestino y el cerebro” [pp. 117-125]. “No sabemos todavía si estas diferencias [en la microbiota] pueden ser usadas como un biomarcador de la depresión o del transtorno bipolar y son necesarios muchos más estudios. [Algo] hay, pero no sabemos bien qué ni cómo actúa…, de momento”. Y no podía faltar, “Microbiota y cáncer” [pp. 127-134], porque “estos microorganismos [no] curan el cáncer, sino que puede aliviar algunos efectos tóxicos secundarios de los tratamientos. Recuerda que no existen dietas anticáncer”.

“Cómo manipular la microbiota: del Actimel al transplante fecal” [pp. 135-147], nos habla de los probióticos, y de la «sopa amarilla» usada en la dinastía Ming, precursora del transplante fecal. Tras “Un poco de sana autocrítica” [pp. 149-153], ya que “dejarnos llevar por el sensacionalismo es muy peligroso, porque puede dar la falsa idea de que con el transplante fecal, por ejemplo, podemos ya curar un sinfín de enfermedades y dolencias”. Y seguimos con varias curiosidades, sobre “Los microbios de los neandertales” [pp. 155-166], “¿Qué les pasa a tus bacterias cuando vas al espacio?” [pp. 167-169], “¿Por qué explotan las granjas de vacas? Los animales también tienen microbiota” [pp. 171-181], “La variable invisible” [pp. 183-187], sobre el efecto de la microbiota en la reproducibilidad de muchos experimentos con ratones, y “Antibióticos en tus tripas: la solución puede estar en tu interior” [pp. 189-194], sobre “trabajos que demuestran que la microbiota humana puede ser una valiosa fuente de nuevos antibióticos”.

La segunda parte, “La pandemia del siglo XXI”, se inicia con el capítulo 24, “El lado oscuro de los microbios” [pp. 197-205]. “El francés Louis Pasteur puso los cimientos a la teoría de los microbios como causa de ciertas enfermedades”. Y Fleming quien descubrió que la “penicilina, en honor al nombre del hongo Penicillium, [era una] sustancia [con] la capacidad de lisar los estafilococos”, se nos relata en “La «bala mágica»” [pp. 207-216]. Al grano, “¿Cómo actúan los antibióticos?” [pp. 217-222], por que, “en realidad, no podemos hablar de «la penicilina», sino de «las penicilinas», una familia de antibióticos con distintas estructuras químicas. [Bloquean] la síntesis de un compuesto de la pared celular bacteriana, el peptidoglicano, y sin esta pared protectora la bacteria muere rápidamente”.

“El uso indiscriminado de antibióticos ha traído como consecuencia el grave problema de que las bacterias se han hecho resistentes a ellos, como ya predijo el mismo Fleming”, nos cuenta López-Goñi en “Superbacterias: la pandemia del siglo XXI” [pp. 223-231]. “¿Cómo hemos llegado a esta situación?” [pp. 233-237], porque abusamos de los antibióticos. “La globalización, el turismo y los viajes influyen en la extensión mundial de las bacterias resistentes a los antibióticos”, nos cuenta en “Las bacterias también viajan contigo” [pp. 239-241]. “Cogerte una de estas bacterias resistentes a los antibióticos durante un viaje al extranjero es muy fácil”.

El capítulo 30, “No solo falsifican Rolex y Lacoste” [pp. 243-246], “la falsificación de medicamentos y de antibióticos es un problema subestimado. [Seguro] que mata a miles de personas en los países en vías de desarrollo”. Pero también los tenemos en casa, en “Los hospitales: un inmenso planeta de microbios” [pp. 247-251]. Por ello “es muy recomendable —debería ser obligatorio— que antes de entrar en la habitación de una persona hospitalizada te laves bien las manos con una solución alcohólica bactericida. [Un] acto tan sencillo puede salvar una vida”. Porque “hace décadas fue un gran negocio, pero ya no es rentable producir antibióticos”, nos asusta López-Goñi en “Nuevos antibióticos” [pp. 253-257]. Por fortuna, aún hay grupos de investigadores buscando nuevos antibióticos en los lugares más dispares. Y

Me ha gustado mucho “El decálogo contra la resistencia a los antibióticos” [pp. 259-262]. Te los indexo sin explicación: “(1) No te automediques. (2) Sigue las instrucciones del médico. (3) Toma exactamente los antibióticos que te ha prescrito el médico. (4) No presiones a tu médico para que te recete antibióticos. (5) No reutilices restos de antibióticos. (6) No uses antibióticos que hayan recetado a otra persona. (7) Ten tu calendario vacunal al día. (8) No compres antibióticos ni otros medicamentos por internet. (9) No uses antibióticos contra una infección viral. Y (10). Usa los antibióticos con responsabilidad, su eficacia depende de todos”.

Finaliza el libro con el “Epílogo” [263-264] y la bibliografía “Para saber más” [pp. 265-270]. Sin lugar a dudas un libro de lectura amena que se lee en una sentada y que te ofrece mucha información sobre el apasionante mundo de los microbios de tu cuerpo.



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